miércoles, 3 de febrero de 2010

RESIDUOS NUCLEARES. ALEMANIA : LA PESADILLA DE LA MINA DE ASSE.

Miércoles, 03/02/2010

Jean-Louis Marchetti / NPA

Las revelaciones sobre la gestión irresponsable de los residuos nucleares se han sucedido estos últimos meses. Existe sin embargo un caso ilustrativo del que se ha hablado poco en Francia. Cuando las autoridades francesas pretenden resolver el problema de los residuos enterrándolos, hay que conocer la experiencia alemana que comenzó en 1967 almacenando residuos nucleares bajo tierra.

A 25 Km. al sur de Brunswick se encuentra la antigua mina de sal gema de Asse. Hasta 800 metros bajo tierra los mineros excavaron verdaderas catedrales en la sal, corredores de un volumen total de 3,35 millones de m3.

Trece de esas cámaras, situadas a entre 500 y 800 metros bajo tierra, de un volumen de 47.000 m3, han sido llenadas con residuos nucleares. Si la mina se hundiera, los residuos serían aplastados y lanzados por todos los corredores de la mina, en medio de la sal y al final, a la capa freática. Y es exactamente el escenario que se dibuja, pues desde 1988 el agua penetra en la mina, a alrededor de 12 m3 por día. La mina corre el riesgo de hundirse aproximadamente hacia el año 2020.

Cuando el consorcio “Wintershall” quiso desembarazarse de esta antigua mina de potasio y de sal, el GSF, centro de investigación sobre el medio ambiente y la salud, adquirió en 1967 la antigua mina de Asse II. Emprendió entre 1967 y 1978, a cuenta del gobierno federal, investigaciones sobre el almacenamiento definitivo de los residuos radioactivos, en virtud de la reglamentación minera (y no nuclear) alemana, poco exigente en términos de consulta pública.

Aunque las minas vecinas Asse I y Asse III hubieran sido ya invadidas por las aguas, el secretario del ministerio de economía (SPD) proclamaba en 1972 que era seguro y cierto que la penetración de agua era imposible.

Al comienzo de los ensayos, los contenedores de residuos de débil radiactividad eran puestos en pilas verticales en las antiguas cavidades de extracción de la mina. Luego, eran sencillamente dejados allí y cubiertos de sal. Lo que se llamaba “poner en salmuera”. Nadie se indignaba si los contenedores eran dañados con tal tratamiento. Entre 1967 y 1978, se almacenaron 124.494 contenedores con una radioactividad “débil” y 1.293 con una radioactividad “media”. Alrededor de 28 kilos de plutonio están allí enterrados junto con arsénico, mercurio así como pesticidas.

Nadie sabe lo que ocurre cuando estos productos entran en contacto. Nadie conoce los efectos de la corrosión sobre los contenedores dañados. Ni las cantidades, ni los emplazamientos exactos.

El trabajo asiduo de las asociaciones que protestaban contra el almacenamiento definitivo, y pedían una gestión del sitio bajo el régimen más exigente “de la legislación nuclear” alemana acaba de lograr su objetivo. El gobierno alemán ha decidido reabrir la mina y llevar los contenedores a cielo abierto hacia un nuevo lugar, que queda por elegir. La operación de recuperación de los residuos es extremadamente peligrosa y debería ser efectuada por robots. Se trata de algo que se hace por primera vez en el mundo, y nadie puede precedir su éxito.

Ante el coste exorbitante y las dificultades considerables, ni siquiera es cierto que la operación “recuperación de los residuos” vaya a comenzar alguna vez. La pesadilla de la mina Asse II no hace sino comenzar.

Traducción: Alberto Nadal

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