viernes, 19 de octubre de 2012

La biodiversidad en el olvido


YVES DACHY
Miércoles 17 de octubre de 2012
"Aserraban las ramas sobre las que estaban sentados, y a gritos se transmitían unos a otros los trucos aprendidos para aserrar más rápido, y se hundían con estrépito, y quienes lo estaban viendo sacudían la cabeza mientras aserraban y seguían aserrando"
(Bertolt Brecht, 1954 - Traducción: Jorge Riechmann )
El concepto de biodiversidad que defendió el entomólogo Edward Wilson en la Cumbre de Río (1992) es probablemente la idea más interesante que nos ha dejado aquel foro. Este concepto va más allá de la concepción clásica en la que las especies se entendían bien como independientes unas de otras, bien como parte de un conjunto. Se hablaba de la necesidad de proteger las especies", lo que a veces se limitaba a proteger algunos animales o plantas raras, emblemáticas o vistosas.
El concepto de biodiversidad se basa en una visión integral que toma en cuenta la interacción de los organismos entre ellos mismos y en relación con el medio en el que se desenvuelven. No existe una jerarquización sino una interacción entre los organismos vivos. La defensa de las especies se plantea sin ningún a prioriideológico o cultural y teniendo en cuenta el conjunto de ecosistema Tierra, que está siendo puesto en peligro por una de sus especies: la humana. A pesar de la gravedad del problema, las corrientes anticapitalistas dudan, no dominan el tema o argumentan que no hay prisas para integrar la defensa de la biodiversidad, que afecta a la supervivencia de los seres humanos, en la lucha contra la barbarie social y en una perspectiva socialista.
La desaparición de las especies
En el siglo XX, las estaciones de servicio disponían de un cubo de agua y una esponja para limpiar restos de insectos incrustados en el parabrisas. A medida que los insectos fueron desapareciendo, en la década de 1990 los automovilistas dejaron de limpiar el parabrisas tan asiduamente y desaparecieron los cubos de las estaciones de servicio. En la región mediterránea, la gente instaló rejillas en las puertas y ventanas de sus casas para evitar la intrusión de insectos. Una solución que evitaba las molestias causadas por los intrusos y permitía disponer de luz natural en las habitaciones. Desde el año 2000, la gente las está retirando porque los insectos apenas constituyen una molestia.
Asociaciones de naturalistas han reelaborado los registros de insectos siguiendo la recolección de datos realizados cien años antes. Pero ya no es posible confeccionar las fabulosas colecciones del siglo XIX; muchas especies apenas existen o están circunscritas a localidades muy concretas. Observaciones espontáneas realizadas por los habitantes, agricultores o guardabosques, confirman la gravedad del fenómeno tanto en tierra como en agua dulce (aquí no abordamos los océanos). Los agricultores han remarcado la desaparición de acianos y de neguillas (Agrostemma githago), antes bastante comunes, así como de escarabajos y lombrices, en las tierras tratadas con fertilizantes químicos. Los pescadores constatan la escasez de gobios, cotos, bagres, percas, truchas y lucios en los ríos contaminados (en Francia, el 60%); los jardineros apenas ven grillos y larvas de escarabajo. Algunas especies amenazadas se conservan en zonas protegidas por sus condiciones locales o en reservas. La gente se sorprende por la aparición de "nuevas" plantas como la Jussiaea repens, originaria de Brasil, que se importaron para embellecer las cuencas de los jardines botánicos de Montpellier... y que ahora saturan los canales, lagos y ríos porque se importaron sin sus parásitos y predadores naturales.
Los naturalistas realizan informes más detallados y cuando un depredador no encuentra su presa habitual hablan de "ruptura en la cadena alimentaria". Desde la década de 1970, en las publicaciones científicas han aparecido comentarios como "no ha sido visto desde entonces ..."," es raro "," parece que ha desaparecido"... Se empezaron a notar los efectos de los pesticidas. En 1966, la mariposa de la col (Pieris rapae) era tan abundante cerca de la ciudad de Sedan, que pude encontrar varios ejemplares con morfología anormal en un campo de alfalfa. En una jornada pude completar una hermosa colección de ejemplares con anomalía en el desarrollo del ala (formas teratológica). Cuarenta años más tarde, volví a visitar los mismos campos de alfalfa y no logré ver más que una mariposa ¡por hectárea! La situación es similar para otras especies que observé en los años 60. En muy poco tiempo, los insectos desaparecieron del campo; los agricultores no se habían percatado de su utilidad,... hasta que las abejas, principales proveedoras de polen, también comenzaron a desaparecer. La posibilidad de que desaparezcan los polinizadores es una perspectiva inquietante que, afortunadamente, está saliendo al debate público y plantea la necesidad de actuar.
En 1987, un equipo de naturalistas alemanes publicaron un extenso libro para llamar la atención sobre el peligro de extinción de las mariposas. El libro fue inmediatamente traducido al francés por Gérard-Christian Luquet /1. Ilustrado y con un contenido muy didáctico, el libro presenta pruebas sobre prácticas muy extendidas como la quema de terraplenes y otros matorrales en primavera y el uso sistemático de productos químicos innecesarios y peligrosos para las especies que se refugian fuera de las zonas de cultivo. Este denuncia no provocó ninguna reacción por parte de los partidos políticos ni de los gobiernos. Si tomamos la biodiversidad en su globalidad, lo que estamos destruyendo es un capital económico, genético, científico, estético y cultural. Las mariposas, símbolos de la futilidad, de la inocencia y la paz, están desapareciendo debido a que "las mariposas sólo puede existir en un ambiente natural opulento " (Luquet). Frente las carcajadas de la gente ignorante -y a veces de los activistas- está la risa amarga de quienes se ven privados de los insectos que precisan sus plantas para la polinización.
El fin de la caza de escarabajos
En la década de 1970 ocurrió un hecho característico del nuevo mundo en que vivimos, cada vez más antropocéntrico. Estamos hablando del poco conocido y casi nunca mencionado destino del escarabajo común (Melolontha melolontha). Históricamente, este gran coleóptero era temido por los agricultores, y jardineros, porque atacaba casi todas sus cosechas. Las quejas de los campesinos contra los escarabajos datan desde el desarrollo de la agricultura en la Edad Media. Sus larvas, conocidas como "larvas de abejorro", se crían en la superficie de terrenos blandos, no sujetos a inundaciones y ricos en materia orgánica. Se alimentan de las raíces de las plantas tiernas, llenas de nutritivos dulces, y matan las herbáceas. La metamorfosis se da cerca de la superficie y los adultos emergen de la tierra entre los meses de abril y junio. Atacan las hojas y los brotes en primavera. Se alimentan de los pistilos de las flores que preceden a la fruta o mordisquean los primeros frutos en mayo-junio, imposibilitando su comercialización y su buena conservación. La acción desarrollada por el escarabajo era de tal envergadura que influyó en las prácticas de cultivo de los campesinos.
Para combatir las larvas de abejorro se aró profundamente la tierra, ya que las larvas hibernan a 60 centímetros. Esta práctica requería una tracción potente, con dos o cuatro arados tirados por caballos, lo provocó otros problemas: mayor erosión del suelo y mezcla de tierra fértil con un sustrato menos rico en materia orgánica. A consecuencia de ello, fue necesario aumentar la cantidad de fertilizantes. La tierra que no se cultivaba, también se labraba antes del invierno para destruir los huevos depositados en ella y dañar las larvas. Pero los escarabajos comunes eran tan numerosas que esta práctica, desarrollada a partir de 1945 con la introducción de los tractores en el campo, no logró evitar la obsesiva presencia de estos insectos. Tampoco evitó los "años de larvas", en los que estos insectos, sin que nadie sepa por qué, proliferaban con especial abundancia. Para limitar su presencia, la solución más eficaz continuó siendo la recolección de los escarabajos adultos a través de la movilización masiva de la población.
Fue la época de la caza del escarabajo: se organizaron grandes y festivas batidas populares en los pueblos afectados, desde Francia hasta Hungría (hasta hubo bodas). Todo el mundo disponible, incluso los escolares, participaba en la actividad. Al alba, cuando los escarabajos están aún entumecidos por el frío y la humedad de la noche, se golpeaban las ramas con grandes varas y los insectos caían al suelo. Solo hacía falta recolectar inmediatamente lo que caía. Había mucho para recolectar. La enorme cantidad de escarabajos recolectados terminaban siendo arrojados a zanjas o utilizados como abonos para los jardines.
El escarabajo común representó típicamente una "plaga" o una "catástrofe". Durante siglos, se utilizó de todo para destruir las larvas, sin que se lograra reducir su población hasta la década de 1970. De haberse logrado antes, quizás hubiera sido posible evitar dañar otras especies. En Francia, desde la creación del Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas (INRA) en 1946, varios laboratorios intentaron abordar su erradicación, pero sin éxito inmediato. La primera generación de insecticidas químicos como el DDT, al no lograr alcanzar las larvas, no obtuvo resultado en sus primeros años. No fue sino en la década de 1960, tras la acumulación de pesticidas en tierra, agua y plantas, cuando se empezó a registrar la primera disminución de la población de escarabajos. Una disminución que se confirmó en la década siguiente. En los años 80, la caza del escarabajo dejó de existir en Europa occidental. En el siglo XXI, se ha convertido en una de esas historias que cuentan los abuelos a los nietos.
Con el desplome de las poblaciones de escarabajos, lo que está ocurriendo en realidad es que está desapareciendo una larga lista de invertebrados que viven bajo tierra. La Cetonia arauta (larva que consume madera seca o paja descompuesta) y los cárabos (que son carnívoros en todas sus fases), por no mencionar más que los insectos más espectaculares, hace tiempo que no se ven en los jardines, y han desaparecido en regiones con grandes extensiones agrícolas. Hay gente del campo que nunca han visto escarabajos o la Cetonia arauta, y no son capaces de reconocerlos cuando se les muestra un ejemplar conservado. Los invertebrados están sufriendo la misma suerte en este impulso ecocida /2que se está extendiendo a toda la fauna. Este fenómeno está dando lugar a un empobrecimiento del vocabulario común en lo que respecta al medio ambiente, ya que solo nombramos lo que conocemos. El conocimiento empírico de los agricultores, basado en la proximidad con la naturaleza, que podría hablarnos de la diferencia entre los insectos ofensivos y los inofensivos, ha sido reemplazado por términos genéricos a los que se les da una connotación negativa como "moscas", "mosquitos", "avispas, ","larvas ", "parásitos", "fétidos", "inmundos", etc., sustentados por la publicidad, los media, las sociedades de caza... Esta evolución ha venido acompañada de muchas fobias, e incluso, entre las personas que aún viven en las ciudades, por un síndrome de "miedo a todos los animales".
Los invertebrados no sólo están desaparecen de las zonas de cultivo sino también de las tierrasbaldías, al margen de la distancia en la que se encuentren respecto a las cultivadas. La fumigación de terrenos con pesticidas constituyen verdaderas trampas mortales para volátiles como las mariposas, las libélulas, los coleópteros y los pájaros, todos ellos buenos voladores . Las moléculas que están envenenando la biosfera son las famosas COP: contaminantes orgánicos persistentes. Se instalan en la grasa de los animales y se concentran a lo largo de la cadena alimentaria, especialmente en los grandes depredadores como el oso polar y ... los humanos.
Los herbívoros los asimilan cuando pastan en campos contaminado. En las personas la contaminación se da a través de la leche y el pescado. Los pesticidas utilizados en los continentes también envenenan los mares.
Los escarabajos no se desplazan mucho y en áreas no tratadas por los fertilizantes químicos sólo han podido ser erradicadas por el desplazamiento natural (por el viento, la lluvia, o tránsito de los animales contaminados) de los contaminantes orgánicos persistentes. De aquí se deriva que si los pesticidas utilizados en algunos cultivos llegan a afectar a amplias zonas colindantes es debido a que se han utilizado cantidades excesivas, mal calculadas y mal aplicadas, como ocurre con los plaguicidas fumigados desde el aire, especialmente en los EEUU, que forman una temible neblina, peligrosamente transportada por el viento.
En el tiempo que abarca una generación humana, la dispersión de los contaminantes orgánicos persistentes, frenéticamente expandidos por la especie humana, se ha extendido a todo el planeta y ahora mismo nadie está libre de sus efectos. ¡A las mujeres Inuit que habitan en las zonas glaciares del norte de América y Groelandia, que tradicionalmente sólo comen la carne de foca o pescado, se les ha aconsejada no consumir productos locales cuando están embarazadas, ¡a pesar de la ausencia total de vertidos tóxicos en estas enormes áreas! En el umbral del tercer milenio, una muestra de sangre tomada en no importa qué parte de Europa revela la presencia de varias sustancias tóxicas; entre ellas, !dioxinas! Si bien conocemos más o menos los efectos que produce cada plaguicida por separado, aún no tenemos ningún conocimiento verificado de los efectos que pueden producir combinadamente. La dispersión creciente de millones de toneladas de desinfectantes, antibióticos y sustancias que perturban el sistema endocrino a lo largo de todo el planeta forma un cóctel incontrolable para una biodiversidad y una población humana debilitadas.
A pesar de que se conocen los efectos de los contaminantes orgánicos persistentes sobre los seres vivos, no se ha reducido su cantidad. Desde 1945 se han filtrado en la tierra cada vez en cantidades mayores y, debido a la extraordinaria capacidad de resistencia de los COP, la naturaleza no tiene mecanismo para degradarla, por lo que estas moléculas artificiales ponen en riesgo las aguas del subsuelo. Como es lógico, los capitalistas fomentan su consumo y generan ansiedad entre la gente a través de una propaganda demagógica e informes "científicos" deshonestos. Aunque las dosis recomendadas por los vendedores son ya demasiado altas en relación al efecto esperado, los agricultores y jardineros las incrementan aún más para tratar de evitar problemas en los cultivos y las plantas. Lo que da que pensar cuando los parásitos contra los que se utilizan ya han desaparecido. En cuanto a los capitalistas que inundan el mercado con productos dañinos para los organismos vivos, su política se puede resumir de la siguiente manera: "Después de mí, el diluvio". También contaminan la conciencia de la gente difundiendo la idea de que los espacios entre las plantas cultivadas deben estar limpios como una bola de billar y que el medio ambiente ha de estar completamente libre de "bichos".
Cuando se fumigan amplias extensiones de cultivos se puede considerar, es lo que confirman las muestras obtenidas, que la fumigación afecta a toda la región, zonas urbanas incluidas, y a los habitantes que respiran e ingieren productos de "efectos múltiples". Ahora mismo, la disminución en las especies de cigarras -emblemáticas en las fábulas de La Fontaine- es una prueba de la repercusión generalizada de los plaguicidas utilizados en la agricultura. Las cigarras no frecuentan mucho las áreas de cultivo, desarboladas y demasiado ruidosas para la larga vida de las larvas (4 a 17 años). Los adultos de muchas especies se reúnen en los árboles de las ciudades que, en principio, no sufren el efecto de las plagas. Pero como los plaguicidas llegan a todas partes, van desapareciendo.
Denunciado desde hace mucho tiempo por los científicos (algunos sufrieron represalias por ello), ya se está empezando a reconocer el impacto de los agentes tóxicos en la salud humana. En febrero de 2012, el Tribunal Superior de Lyon condenó a Monsanto a indemnizar a un agricultor expuesto a uno de sus pesticidas durante su actividad profesional. El 7 de mayo de 2012 será más recordado que el 6 de ese mismo mes (elección de François Hollande) debido a la entrada en vigor de un decreto que, por primera vez, establece un vínculo entre la exposición a los pesticidas y la enfermedad de Parkinson, que ahora se reconoce como enfermedad profesional en la agricultura, si la exposición se da durante ¡diez años! Esta restricción burocrática ignora la intensidad de la exposición y su peligro para los agricultores. El decreto incluye productos de uso agrícola y la inhalación o contacto con cultivos, superficies o animales que hayan sido tratados con pesticidas (antiparásitos). Así pues, quienes vivan colindando con terrenos agrícolas, los excursionistas y los niños y niñas que transiten en un entorno natural que ahora sabemos que está contaminada por todas partes, están expuestos a las mismas patologías que están empezando a ser identificadas para los agricultores. En vez de reconocer las enfermedades profesionales después de largos litigios, sería mejor que dejaran de utilizar los cóctel de plaguicidas que las generan.
Para abandonar el uso de pesticidas será necesaria una larga batalla, como lo fue la emprendida para prohibir el uso industrial del amianto y compensar a sus víctimas. Pero, si en el caso del amianto se necesitaron tres décadas para obtener resultados, ¿cuánto tiempo tardaremos en acabar el caso mucho más complejo de los plaguicidas, multiformes y de uso mundial, sabiendo que habrá que volver a aprender a trabajar la tierra para redescubrir los ecosistemas y reorientar las ayudas estatales?
Hacia un mundo sin animales salvajes
Gravemente afectados por la pérdida de sus presas, también están disminuyendo las aves, murciélagos, reptiles y anfibios; y esta tendencia parece estar acelerándose a nivel mundial. El recuento de los anfibios en las selvas de América Central, extensas zonas donde no hay agricultura ni ciudades, muestra un déficit en el número de individuos por especie de anfibio de hasta un 90% en 25 años. Las población de estas especies están disminuyendo y la falta de alimento está creciendo a lo largo de la cadena alimentaria. En estas situaciones de escasez, algunos depredadores están cambiando su dieta: atacan nuevas presas, como se observa en la impresionante depredación de las cigarras por gorriones que los naturalistas han observado desde hace varios años en Europa,.
Entre las grandes poblaciones de animales de mayor tamaño están apareciendo otros fenómenos extraños e inquietantes, como las pandemias que, sin precedente alguno y sin que se conozcan las causas, se están produciendo en diversas especies: herbívoros africanos, murciélagos americanos, peces, cangrejos europeos y moluscos de agua dulce en los continentes. Hemos asistido a la desaparición de grupos enteros de anfibios en varios continentes. Estos desastres parecen estar relacionados con la combinación de diversos productos muy agresivos: dioxinas, furanos, PCBs, organoclorados, organofosforados, trastornadores endocrinos, etc. Existen fuertes sospechas sobre los graves efectos que puede provocar la sinergia de este cóctel. Los trastornadores endocrinos, que se usan habitualmente de forma muy ingenua, actúan en dosis infinitesimales y desregulan los delicados equilibrios hormonales que determinan la reproducción en los insectos, y también en los vertebrados, provocando una desregulación espectacular del sistema reproductivo, que les produce infertilidad. Su impacto en nuestra especie es más que probable, tal y como sugiere, por ejemplo, la pubertad precoz (sin precedentes) en los adolescentes y la degradación continua de la calidad del esperma humano.
A todos estos agentes cuya actividad es letal, hay que añadir ahora los productos farmacéuticos y los de uso veterinario: antibióticos, estrógenos, antiinflamatorios, etc. Los organismos sólo absorben una pequeña parte de los medicamentos que reciben; el resto queda depositado en la naturaleza, porque las plantas purificadoras de agua no depuran los medicamentos. Los antibióticos se utilizan en todo el mundo para fomentar el crecimiento del ganado. El uso de antibióticos, que se utilizan masivamente en su alimentación a lo largo de varios años, contribuye a la selección de bacterias resistentes a los antibióticos. De ese modo, por selección evolutiva, hemos seleccionado bacterias patógenas ¡resistentes a todos los antibióticos conocidos! Ahora mismo, la medicina se encuentra impotente para hacer frente a algunas bacterias resistentes a los antibióticos. En el caso del DDT, se conoce su peligrosidad para los seres humanos desde los años 1960. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, controlados y financiados por gobiernos liberales, sólo prevén el abandono total de DDT ¡a partir del año 2020! Poco utilizado en Europa, el DDT aún se fabrica para ser vendido en África, América del Sur y Asia bajo 25 marcas diferentes, aunque la molécula básica siga siendo Dicloro-difenil-tricloroetano (DDT). Son pocos los gobiernos que se oponen abiertamente a este producto aplicando el dicho de que "todo tiene un precio".
También hay que dar a conocer las razones de la disminución radical de la población de golondrinas y vencejos (de las que no quedan en Europa más que cinco y tres especies respectivamente). Estas aves se alimentan de insectos que capturan en vuelo. Respetadas por los agricultores, estas especies se aprovechan del trabajo en los campos, que avienta numerosos insectos a los que capturan al ras del vuelo. Con la llegada de la fumigación, los insectos que vuelan mientras fumigan las máquinas, se impregnan de veneno concentrado. En este estado son atrapadas por los pájaros, que terminan envenenándose y transmitiéndolo a sus crías a través de la alimentación. Sus poblaciones está en regresión: el vencejo común ha sufrido una caída del 41% en veinte años en Francia (Fuente: LPO, Francia). Pero desde que se introdujeron los pesticidas, en 1945, esta población ha disminuido en un 60%. El famoso vals de Trogne y Pagano, "El regreso de las golondrinas", un clásico para virtuosos del acordeón, ya no tendrá la misma resonancia si quienes lo escuchan no conocen las hermosas golondrinas.
Tratando salvarse del hambre, las especies recurren a áreas urbanizadas para aprovechar las migajas de nuestra civilización. Las urracas se están convirtiendo en amigas de la gente y se establecen en los suburbios. Los zorros viven en los intersticios de las ciudades europeas. Las cornejas proliferan en Tokio. Estas especies emblemáticas en todas las culturas que se refugian de sus peores enemigos en las ciudades, ¡están derrotadas! La presión humana sobre estas especies declaradas "nocivas" es cada vez mayor: ¡van a desaparecer!
¿Quién hubiera pensado que nuestros incansables gorriones, siempre unidos a un entorno urbano, fueran disminuyendo tan bruscamente como ahora? Parecía que estos geniecillos del aire de las ciudades no se verían afectados por las fumigaciones porque habitan en zonas urbanas. El error está en creer que la fumigación sólo actúa localmente. Pero, los gorriones deben reproducirse, y sus crías son insectívoras. Aquí se repite el mismo proceso que condujo a la disminución de la población de golondrinas. El número de individuos que alcanzan la madurez sexual en buen estado de salud se hunde. Hay zonas vinícolas en las que ya no existen gorriones. Estamos entrando en la era predicha por Rachel Carson en su libroSilent spring, publicado en 1962 en los Estados Unidos, /3 cuya pertinencia, para disgusto de los industriales estadounidenses, que le acusaron de "comunista", condujo a la prohibición del DDT en los Estados Unidos en 1972.
En la superficie del planeta, existen vastas regiones agrícolas sin animales salvajes, a los que matamos de hambre o exterminamos a través de la caza y la destrucción de biotopos. Ahora estamos descubriendo que nuestra especie se ve afectada, que nuestros cuerpos acumulan moléculas cancerígenas o neurotóxicas. Las abejas, seleccionadas y cuidadas por los seres humanos, y todos los insectos que participan en el proceso de polinización, muestran un declive preocupante. Su desaparición abre un nuevo capítulo en la perspectiva de la pérdida de especies de plantas que dependen de un polinizador para su reproducción. Lo que resulta sorprendente, ya que los animales salvajes están muriendo masivamente a causa del envenenamiento ¡que era lo que se buscaba!
Los partidos políticos, que no están reaccionando a esta intoxicación generalizada del planeta que habitamos, se verán confrontados a movilizaciones sociales, cuyos motivos no logran entender. La existencia de insectos resistentes a diversos pesticidas y de plantas salvajes resistentes al glifosato (Round-up, Grassane, …) pone fecha de caducidad al cultivo de plantas patentadas como tolerantes a los herbicidas. Las catástrofes de Minamata /4 y Bhopal /5se produjeron en una situación de absoluta falta de preparación de los gobiernos y de las organizaciones sociales. Estos dramáticos acontecimientos sólo podían ser previstos y evitados a través de la presión a los gobiernos que estaban al servicio de los poderosos lobbys. En su día, en un documental sobre Minamata, vimos a los científicos obligados a declarar, con el rostro oculto, sobre la elevada concentración de mercurio en los peces ¡que estaba envenenando a la población! A menudo descubrimos hechos como esos, que afectan a la salud de la gente y que se ocultan o se tratan como "secretos de estado". A veces sin ninguna razón lógica, como en el caso de la "nube de Chernóbil", cuya existencia negó el gobierno francés de forma totalmente irresponsable.
Debido a estas catástrofes, y a otras de carácter más local, la variedad y cantidad de agentes nocivos en la biosfera ha crecido constantemente. La aparición de nuevas patologías en nuestra especie (mayor incidencia de enfermedades que antes eran raras, la degradación de la calidad del esperma humano, asma...) anuncian desastres semejantes al de Minamata a gran escala. Es algo que ya está ocurriendo en muchas especies animales que sufren patologías masivas. He señalado más arriba que, hoy en día, un análisis de sangre realizado a cualquier ser humano indica la presencia de sustancias tóxicas provenientes del medio ambiente o de la degradación de productos peligrosos (como el DDE para el DDT). En la sangre de los seres humanos también encontramos productos tóxicos naturales. Estos productos (radio-isótopos, arsénico, mercurio), estaban fijados en las rocas, neutralizados y allí se mantenían indefinidamente, sin peligro para las especies vivas y el agua subterránea, hasta que las actividades geológicas e industriales llevadas a cabo sin precaución les hizo entrar en contacto con los seres humanos, la vida animal y la flora.
Envenenamiento y mutación artificial del suelo, urbanización ...
El envenenamiento y la pérdida de los suelos, al transformarlos en espacios artificiales, son un asunto vital, desconocido para el público, las asociaciones y administraciones, que multiplican las urbanizaciones, aparcamientos y almacenes a expensas de tierras agrícolas de gran valor agronómico. En Francia, se ha desnaturalizado, es decir, urbanizado, asfaltado, o cubierto con grava tratada con herbicidas, alrededor del 6% del territorio. Estos espacios transformados permanentemente en estériles se han duplicado en 20 años. Los países más industrializados del mundo se dirigen hacia el 10 y 12% de este tipo de terrenos en el mismo período de tiempo. En fin, las carreteras, las cimentación de laderas, las zanjas y los canales generan innumerables parcelas de tierra acordonadas que bloquean la circulación de los organismos vivos y los intercambios genéticos en el suelo.
El volumen de la biomasa que se encuentra en el suelo no es menor que la que se encuentra en la superficie. Los organismos provenientes de muchos grupos animales y vegetales interactúan con las plantas, a las que proporcionan elementos esenciales (carbono, oligoelementos y nutrientes importantes como el nitrógeno). Las lombrices reciclan la materia orgánica atrapada en el suelo y la llevan a la superficie. Muchos invertebrados, mediante relaciones depredador-presa, animan este medio que escapa a nuestra vista, lo enriquecen y airean, evitando una compresión excesiva del suelo.
En el suelo se depositan todos los productos químicos utilizados en la agricultura. La creencia de que hay que "arrancar la mala hierba" entre las hileras de las vides, de los árboles frutales y plantaciones en general es una práctica inútil y nefasta que aumenta la cantidad de pesticida que afecta al suelo. En última instancia, estos métodos de cultivo son siempre excesivos e inadecuados para la conservación de las especies (hasta 16 pulverizaciones al año en los huertos). Debido a ello, la biodiversidad se agota y, con el tiempo, desaparece. Este proceso conduce al incremento del consumo de agua y fertilizantes. Progresivamente, los terrenos así maltratados llevan cada vez más a cultivos basados en insumos sintéticos en lugar de nutrientes basados en la biodiversidad de los suelos naturales.
Contaminados y empobrecidos, los suelos cada vez aceptan menos vegetales en la superficie y quedan pelados. Es ahí donde empieza otro fenómeno irreversible: la pérdida de humus y partículas finas erosionadas por la lluvia, el viento y el flujo de agua. Los cultivos en suelo tan pelados como la cáscara de un huevo (a base de aplicar herbicidas) en las principales regiones productoras de vino y fruta, producto de los tratamientos herbicidas, están contribuyendo al envenenamiento de la biosfera y de las y los trabajadores agrícolas. En estos suelos pelados y secos, el viento se llena de pesticidas y la erosión deja al descubierto las raíces de las plantas. Además, y no es una cuestión secundaria, la pérdida de la biodiversidad natural hace que los suelos ya no retengan el carbono, dejan de cumplir esa función). En efecto, multitud de organismos que habitan en el suelo fabrican carbonatos en forma de rocas, mientras que otros capturan el carbono del CO2 y liberan el oxígeno a la atmósfera.
Estos métodos de cultivo, que cada vez son más costosos y peligrosos para los seres vivos, son el resultado de la falta de información por parte de los gobiernos y del comportamiento ortodoxo de los profesionales “programados” por la industria agroquímica capitalista, porque el "crecimiento" implica, también para los agricultores y el público, el uso de plaguicidas. Tratar de vender cada vez más pesticidas, envenenando más aún la biosfera, por razones puramente capitalistas, confirma la perversidad profunda de este sistema. Se trata de prácticas y métodos criminales que se inscriben en la continuidad de las catástrofes "pioneras" de Bhopal y Minamata. Es urgente poner fin a esto. Las corrientes anticapitalistas han de plantearse cómo hacer frente a esta alienación.
05/2012
Traducción: VIENTO SUR
notas
1/ El libro fue escrito por Josef Blab y otros, y la edición francesa adaptada por Gérard - Christian Luquet. Fue publicado bajo el título Sauvons les papillons, ediciones Duculot, París 1988.
2/ Un ecocidio se define como la acción de las especies y la destrucción de las relaciones que existen entre ellas, cuyo conjunto forma un ecosistema. El término ecocidio se dio a conocer con la primera edición del libro de Franz Broswimmer, en 2002: Une breve histoire de l’extinción en masse des espèces, con prólogo de Jean-Pierre Berlan, Edit. Agone .
3/ El libro de Rachel Carson fue publicado en una edición francesa en 1968. Ha sido reimpreso: Rachel Carson, Silencieux Printemps, Edit Wildproject, Marsella 2009.
4/ En 1932, la planta petroquímica de la empresa Chisso, instalado en 1907 en Minamata, en el sur del Japón, comenzó a arrojar al mar cantidad de residuos de metales pesados, como mercurio. Estos se concentraron en los peces, causando enfermedades del sistema nervioso en los seres humanos (pérdida del control motor, por ejemplo), así como abortos y nacimiento de niños con malformaciones. La compañía Chisso intentó mantener el asunto tranquilo, ofreciendo dinero a las familias de las víctimas.

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