viernes, 11 de abril de 2014

Informe del GIEC: diagnóstico muy grave, soluciones inútiles

DANIEL TANURO
Martes 8 de abril de 2014
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El Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (GIEC) acaba de publicar la segunda parte de su quinto informe de evaluación sobre los efectos del calentamiento global y la adaptación. En él se ve claramente que la situación es gravísima, pero las soluciones que plantea no están ni de lejos a la altura de las circunstancias. En su artículo 2, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CCNUCC, Río 1992) establecía el objetivo de impedir “interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático”. La conferencia de Cancún (2010) concretaba un poco la cuestión decidiendo que había que evitar un calentamiento superior a 2°C. El nuevo informe del GIEC trata de precisar más los peligros.
Ocho riesgos clave
Para ello, los expertos identifican una serie de “riesgos clave”, que son “ riesgos […] considerados clave en función del grave peligro y/o de la gran vulnerabilidad de las sociedades y los sistemas expuestos a los mismos. La identificación de los riesgos clave se ha basado en un informe pericial que utiliza los siguientes criterios específicos: gran amplitud, alta probabilidad o irreversibilidad de los impactos; calendario de los impactos; vulnerabilidad o exposición permanente que contribuye al riesgo, o posibilidad limitada de reducir el riesgo mediante la adaptación o la mitigación. 

De este modo se han identificado ocho riesgos clave: (1) peligro de muerte, de lesiones, de problemas de salud o de desaparición de los medios de sustento en las zonas costeras y los pequeños Estados insulares debido a tempestades, inundaciones y elevación del nivel del mar; (2) riesgos graves para la salud y de desaparición de los medios de sustento para amplios grupos urbanos a causa de inundaciones en el interior; (3) riesgos sistémicos debidos a fenómenos meteorológicos extremos que provoquen la desaparición de infraestructuras en red y de servicios vitales como el suministro de electricidad, la distribución de agua y los servicios de sanidad y de emergencia; (4) riesgo de mortandad y enfermedad durante los periodos de calor extremo, particularmente para las poblaciones urbanas vulnerables y para las que trabajan al aire libre en zonas urbanas y rurales; (5) riesgo de inseguridad alimentaria y de desaparición de los sistemas alimentarios, particularmente para las poblaciones más pobres en las zonas urbanas y rurales; (6) riesgo de pérdida de los recursos y de los ingresos en las zonas rurales por falta de acceso a agua potable y a agua de riego, así como debido a la disminución de la productividad agraria, especialmente para los campesinos y ganaderos que disponen de un capital mínimo en las regiones semiáridas; (7) riesgo de pérdida de ecosistemas marinos y costeros y de su biodiversidad, así como de los bienes, funciones y servicios que prestan en forma de recursos costeros, sobre todo para las comunidades de pescadores en los trópicos y en el Ártico; (8) riesgo de pérdida de ecosistemas terrestres y acuáticos y de su biodiversidad, así como de los bienes, funciones y servicios que prestan en forma de recursos.

Podemos imaginar los dramas que se esconden tras esta sobria exposición, un verdadero inventario de desastres. Basta recordar las imágenes difundidas cuando Nueva Orleans quedó devastada por el huracán Katrina (2005), cuando Pakistán sufrió graves inundaciones debido a unos monzones que se salían de lo normal (2010), cuando Etiopía padeció la peor de las sequías (2011), cuando el Estado de Colorado fue pasto de las llamas debido a numerosos incendios forestales (2012) o cuando el tifón Hayan acabó con todo lo que se encontró a su paso por Filipinas (2013)… En suma, el informe del GIEC nos viene a decir –con un alto grado de certeza– que si sigue el calentamiento del planeta habrá cada vez más catástrofes de este tipo, que serán a la vez más fuertes y más frecuentes.
Posible diluvio
Los ocho riesgos clave se combinan entre ellos para definir cinco “motivos de preocupación”: (1) las “amenazas para sistemas únicos” como los arrecifes coralinos, que corren un riesgo muy alto si se añaden otros 2° suplementarios; (2) los “fenómenos meteorológicos extremos”, de alto riesgo por encima de 1°C suplementario; (3) la “distribución desigual de los impactos” (es decir: los pobres pagan la factura del calentamiento provocado por los ricos), de alto riesgo por encima de 2°C suplementarios; (4) los “impactos globales agregados” (es decir: el hecho de que los destrozos causados en los ecosistemas y en los países pobres empiecen a afectar negativamente a la economía mundial), de alto riesgo con unos 3°C suplementarios; (5) los “fenómenos singulares a gran escala”, que suponen cruzar un umbral decisivo (“vuelco” abrupto que provoca cambios irreversibles).
Este quinto punto se refiere en particular al riesgo de una elevación importante del nivel de los mares. A este respecto, el texto dice lo siguiente: “ El riesgo aumenta de forma desproporcionada cuando la temperatura sube de 1 a 2°C suplementarios y pasa a ser elevado por encima de los 3°C suplementarios debido a la posibilidad de una subida importante e irreversible a causa de la fusión de los hielos. Con un calentamiento sostenido superior a cierto umbral se producirá la pérdida casi completa del casquete glaciar de Groenlandia en un milenio o más, contribuyendo a una subida de 7 metros del nivel del mar .” Tras la palabra “umbral” hay una nota al pie de página que dice: “ Las estimaciones actuales indican que este umbral es más elevado que aproximadamente 1°C (confianza baja), pero más bajo que aproximadamente 4°C (confianza media) de calentamiento global sostenido por encima de los niveles preindustriales .” Atención: estamos hablando de un calentamiento con respecto al siglo XVIII, no de un calentamiento suplementario con respecto a la temperatura actual. Dado que la Tierra se ha calentado 0,7°C desde el periodo preindustrial y que medio grado adicional (por lo menos) ya es inevitable, se entiende que la afirmación de que una elevación de 7 metros del nivel de los océanos todavía se puede evitar es en realidad… poco fiable.

Es significativo que una conclusión tan importante figure en una nota al pie de página y esté redactada con un estilo tan retorcido (con dobles negaciones y señalando aumentos de temperatura medidos con respecto a dos fechas diferentes) que haya que leerla dos veces para captar su sentido. (Un sentido incompleto, por cierto, pues el “Resumen para los decisores” solo habla de Groenlandia, cuando existe una amenaza igual de grave en la Antártica occidental.) Puesto que el “Resumen para los decisores” se negocia palabra por palabra entre los autores y los representantes de los gobiernos, es posible –no sería la primera vez– que estos hayan puesto toda la carne en el asador para que no saliera a relucir la verdad. Aunque también es posible –un estudio reciente de artículos científicos sobre el clima sugiere esta explicación– que los propios autores hayan querido presentar las cosas con medias tintas, por miedo a que les acusen de “catastrofistas”… o por incapacidad de liberarse de los dogmas neoliberales.
Los puntos sobre las íes

El texto resulta tan vago en lo que respecta a las soluciones como alarmante en el plano del diagnóstico. Para evitar tanto el cambio climático irreversible y la agravación de las desigualdades, a los autores no se les ha ocurrido nada mejor que recitar de nuevo la cantinela de las medidas neoliberales: “ colaboración público-privada, préstamos, pago de los servicios ambientales, aumento de precio de los recursos naturales, impuestos y subsidios, normas y reglamentos, reparto del riesgo y mecanismos de transferencia ”.
Aplicadas desde la conferencia de Río en 1992, estas supuestas soluciones no han hecho más que agravar los riesgos medioambientales y la injusticia social. El profesor Kevin Anderson, especialista del clima de la Universidad de Manchester, ha tenido el valor y la lucidez de poner los puntos sobre las íes al declarar recientemente: “Después de dos décadas de engaños y mentiras, el presupuesto de carbono de que todavía disponemos para no rebasar los 2°C de aumento de la temperatura requiere un cambio revolucionario en el plano de la hegemonía política y económica. ” En efecto. La carrera por el beneficio y la acumulación capitalista (ambas cosas van de la mano) nos llevan con la cabeza gacha hacia una catástrofe irreversible y de una amplitud que no podemos ni imaginar. Para reducir las emisiones y después suprimirlas totalmente urge implantar una planificación ecosocialista, que exige ante todo la expropiación de sectores de la energía y del crédito, sin indemnización ni recompra. Sin esto, la catástrofe climática hundirá a la humanidad en una barbarie ante la cual las dos guerras mundiales del siglo XX, la colonización y el nazismo parecerán simples ejercicios de aficionados.
(Este artículo está basado en el “Resumen para los decisores”, ya que el informe completo todavía no está disponible. http://ipcc-wg2.gov/AR5/images/uplo... SPM_ Approved.pdf)
2/04/2014
http://www.europe-solidaire.org/spi...
Traducción: VIENTO SUR

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