martes, 27 de julio de 2010

¿SON LOS BOSQUES FÁBRICAS DE AGUA?

Humberto Pérez Salazar

Geólogo U. N.
Ibagué, julio 27 de 2010

En el imaginario colectivo, de tiempo atrás, existe la creencia que los bosques son fábricas de agua y que para evitar el agotamiento de la misma es preciso reforestar. La suposición anterior, la han difundido ecologistas, quizás dando a entender que se debe cuidar la calidad del agua y la regularidad de los caudales de las fuentes de aguas superficiales. La cantidad de agua en el planeta es casi la misma, sólo que por las acciones antrópicas, la del Ciclo Hidrológico se distribuye actualmente de manera diferente. Se cree que el agua se está acabando porque la población mundial crece desmesuradamente y porque existe mayor presión puntual sobre su uso, dado que los asentamientos humanos crecen vertiginosamente. La preocupación sobre el supuesto agotamiento no es válida, y además no debe desconocerse que el 98% del agua potable del planeta se encuentra bajo tierra, y que en Colombia las aguas del subsuelo se utilizan en mínima proporción, a pesar de su alta potabilidad y de su favorable accesibilidad. Si proyectos de minería a gran escala, como los de oro diseminado del Tolima y Santander, al construir sus gigantescas canteras a cielo abierto eliminan manantiales o nacimientos naturales de agua, y argumentan que no hay problema, pues como compensación se reforestará un determinado número de hectáreas, esta apreciación es errónea, porque los bosques no originan nuevos manantiales. Sin ignorar que los bosques evitan la erosión, regulan el caudal de los ríos y quebradas, favorecen la precipitación pluvial y generan oxígeno a partir del dióxido de carbono que toman las especies vegetales, se desconoce si combinan un ión oxígeno con dos de hidrógeno para fabricar el agua, por la sencilla razón que el agua no se fabrica fuera de los laboratorios. Fomentar la reforestación, obvio, que es favorable, pero afirmar que los bosques producen agua ha servido para que las empresas de megaminería, depredadoras del ambiente, contaminadoras del agua y eliminadoras de manantiales, afirmen que a estos los reemplazarán en los lugares donde se implementen plantaciones forestales. Ya quisieran los campesinos del Tolima contar con nuevos manantiales dentro de sus predios con el sólo hecho de sembrar árboles y sobre todo plantas de guadua, y los hidrogeólogos desearían también que esto fuera así, para evitar la perforación de pozos profundos. Los manantiales son descargas superficiales de agua subterránea sobre la superficie del terreno y constan de zonas de recarga, circulación y de descarga, que es el lugar donde aflora el agua. Para su existencia se requieren especiales condiciones geológicas, como la presencia de acuíferos, las cuales no aparecen, en un determinado lugar, por el sólo hecho de reforestar. Tampoco, los acuíferos se pueden cambiar de sitio, y sólo los movimientos tectónicos y las fallas geológicas pueden, en condiciones naturales, desaparecer o hacer aparecer manantiales en lugares inesperados. Lo anterior, conduce a cuidar los manantiales, especialmente los pocos profundos, a evitar la minería a gran escala, a conservar los bosques de galería y los existentes en las cabeceras de los nacimientos de agua, para que la precipitación pluvial sea mayor, y para que al aumentar la cobertura vegetal el agua lluvia erosione menos y sea atrapada por la vegetación, y posteriormente liberada en forma paulatina pero constantemente.

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