jueves, 20 de agosto de 2009

La Colosa y el juego de la desinformación

NUEVO DÍA
Domingo 16 de Agosto de 2009
CARLOS EDUARDO MONTEALEGRE HERNÁNDEZ (*)

Es tanta y tan diversa como contradictoria la información que los diferentes medios han puesto a disposición de la comunidad sobre La Colosa que, a estas alturas, es difícil saber quién tiene la razón: los contradictores o los promotores del proyecto.

Las primeras diferencias surgen con los permisos y el área para adelantar la exploración. En esta etapa se establece, mediante muestreo, la cantidad de oro, su ubicación y distribución. Normalmente, una empresa minera no requiere de permisos o licencias ambientales para explorar. A Anglo Gold Ashanti se le exigió permiso para explorar y la autoridad ambiental lo otorgó para un sector de aproximadamente seis hectáreas, área que representa un poco más del uno por ciento del proyecto completo, que es de 515 hectáreas.

Hay consenso en que el mineral esta distribuido superficialmente, pero el método de explotación no podrá ser definido hasta tanto se concluya la etapa exploratoria. Por lo demás, buena parte de los temas ambientales relacionados con la mina son objeto de desinformación o de referencias parciales. Por ejemplo, los opositores dicen que para obtener un kilogramo de oro es necesario remover 150 toneladas de tierra y que la remoción diaria podría ser de 600 mil; para cumplir con esta tarea se necesitaría que 500 volquetas de 50 toneladas cada una, realizara un viaje de ida y regreso en una hora durante las 24 horas del día, situación que parece improbable.

El tema del agua no es ajeno a controversia e imprecisiones. Se estima que La Colosa utilizará 600 millones de metros cúbicos al año, equivalente a 70 mil metros cúbicos por hora; los defensores hablan de 250 metros cúbicos por hora. Para tener algún punto de referencia, un hogar promedio consume 20 metros cúbicos al mes y una piscina olímpica contiene dos mil 500 metros cúbicos. Según los defensores, La Colosa utilizaría el equivalente a diez piscinas por día y agregan que Usocoello consume diariamente 691 piscinas.

De otra parte, según Cortolima, en la zona de explotación se encuentran 161 nacimientos de agua; los defensores mencionan dos: La Colosa y La Arenosa. Aquí, además del número de nacimientos existentes, el punto es cuántos de ellos se verán afectados en términos de su caudal y la calidad del agua.

Algún opositor en internet se preguntaba con toda razón: "¿Qué pasará con el milenario bosque de niebla, su biodiversidad y las especies en vía de extinción que allí habitan?" Sus defensores argumentan que la reserva forestal se perdió desde hace treinta años, como resultado de la actividad agrícola y ganadera de la zona. Argumentan que hoy sólo hay potreros y apenas queda un cinco por ciento de bosque primario.

Existen muchos interrogantes sobre asuntos no menos importantes: el uso del cianuro, la eventual contaminación de los depósitos subterráneos de agua y la lluvia ácida generada por las emanaciones de óxido nitroso son algunos de ellos. Sin embargo, no quiero dejar de mencionar la etapa del cierre de la mina. Al igual que con las anteriores, sobre esta hay diferencias entre las partes: en un extremo, nos describen un paisaje desolador caracterizado por montañas de piedra y tierra, similar al resultado final de la explotación minera en Yanacocha (Perú); los defensores en cambio, presentan las fotografías del proyecto Island Copper en Canadá, al que le falta poco para ser un paraíso, porque la empresa minera asumió seriamente el proceso de restauración del hábitat.

El Gobierno, como responsable de la decisión final, debe informar a la ciudadanía con argumentos técnicos, exactos, oportunos y objetivos para evitar esta proliferación de información que responde a intereses particulares y sesgados. Es deber del Gobierno recurrir al concepto de un experto, no vinculado a ninguna de las partes, cuya opinión ayude al Tolima a tomar la mejor decisión desde el punto de vista ambiental, técnico, económico y social.
(*) Economista, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas.
Universidad de Ibagué.

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