martes, 11 de junio de 2013

Viva la cháchara


Si el cuidado de los recursos naturales fuera prioritario, sería el Minminas el que tuviera que esperar el visto bueno del Minambiente.

Después de mucho cavilar logré encontrar la prueba reina para demostrar que para este gobierno y para los anteriores (¿y para los que vendrán?) el cuidado de los recursos naturales, uno de los cuales ya está siendo clave en la riqueza y el bienestar de los pueblos, el agua, no es prioritario, por más que en las campañas y giras electorales y en los discursos de gobernantes y funcionarios sea tema socorrido, según el escenario y los oyentes.
Y la irrefutable prueba reina es la siguiente, dada con un ejemplo. Para poder declarar territorio Ramsar al conjunto impresionante de aguas que se reúnen en el rincón fronterizo de los departamentos del Guainía y del Vichada, el Ministerio de Ambiente debe pedir y esperar el dictamen del Ministerio de Minas, el ministerio más desprestigiado hoy para los que verdaderamente aman los recursos naturales del país.
Decir de alguien que ama los recursos naturales equivale a decir que sí ama y entiende por dónde va la riqueza. Declarar un territorio Ramsar conlleva la obligación de proteger el inmenso caudal de agua de esa región, caudal clave para el futuro, no solo del país en cuestión, sino de la humanidad. Pero ¿qué ocurre con el Ramsar del Guainía? Que allí hay posibles minas y, con su actitud, el Gobierno declara que son más importantes los metales que el agua. (Siendo así las cosas, ¡apague y vámonos!)
Pero... sigamos. Si el cuidado de los recursos naturales fuera prioritario, sería el Minminas el que tuviera que esperar el visto bueno del Minambiente, cosa que no ocurre entre nosotros. Digamos una vez más: sí a la minería seria, responsable, respetuosa del medio ambiente y que realmente aporta dinero a las arcas del país, porque, por lo que se ve, envenena ríos, acaba con bosques, tributa poco y gana mucho.
Más aún, si yo fuera presidente de Colombia, para que mi carreta ambientalista no fuera pura cháchara, obligaría a todos los ministerios a consultar y esperar el visto bueno del Minambiente para todos sus proyectos y ejecuciones. Pero, como dice la canción, “¿cuándo será ese cuándo y esa dichosa mañana?”.
En las circunstancias actuales de mucho ruido de locomotoras, parece que eso sería pedirle peras al olmo, y nos tendremos que resignar a ver cómo se destruyen nuestros bosques y selvas, cómo se degradan los páramos y cómo se envenenan los ríos, y nuestra tan cacareada biodiversidad se nos escapa de las manos. El Gobierno declaró hace poco que destinará una millonada de pesos para sostener y salvar la biodiversidad. Interesante noticia, con tal de que se cumpla. Yo preferiría que, en vez de entregar ese dinero, obligara a todos los ministerios a ajustar sus proyectos a los requerimientos del cuidado del medio ambiente. Porque lo que podría ocurrir, y seguramente ocurrirá, es que lo que escribe una mano lo borra la otra.
* * * *
Mucho que ver con lo anterior. Hay particulares y entidades privadas cuya dedicación para salvar los recursos naturales es admirable y ojalá fuera imitada, incluso por el mismo Estado. Tal sucede con la Fundación Palmarito, que en Casanare está salvando al cocodrilo de los Llanos y hace lo propio con las tortugas. Y calladamente, sin cháchara ecológica, está obteniendo resultados palpables y maravillosos.
Ellos recorren los ríos de los Llanos recogiendo los huevos de tortugas antes de que los nativos se los coman (sí, los fritan al desayuno) y los incuban en arenales propicios. Luego, liberan centenares de tortuguitas en su medio natural. ¡Bravo!

Andrés Hurtado García


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