lunes, 17 de junio de 2013

Sobre el cambio climático

El diario colombiano El Tiempo prendió la señal de máxima alerta. En su nota editorial del 17 de mayo señalaba cómo la humanidad había cruzado un umbral peligroso.

Un límite que nos pondría en extremo riesgo y que nunca se debió haber traspasado. De acuerdo con el medio capitalino, la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (Noaa), advertía acerca de que la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera habría alcanzado un nuevo récord en la historia de las mediciones: 400 partes por millón de moléculas, cifra que nos pondría ante un cambio climático de consecuencias impredecibles y, sobre todo, preocupante. Se trataría del nivel más alto desde hace tres millones de años.
Explica el editorial que, según la misma agencia norteamericana, arriesgarnos a superar incluso las 350 partes por millón ya representaba un riesgo. Habríamos estado jugando con fuego desde hace rato y era lógico que termináramos quemándonos. Ahora, entraría la especie humana a una ‘zona de peligro’ y lo haría con la certeza de que las cosas no van a cambiar a corto plazo. Por el contrario, ya se calcula que en un cuarto de siglo habrá 450 partes por millón de CO2 en la atmósfera. 
La causa de este sombrío panorama habría sido una sola: el uso incontrolado de petróleo, gas y carbón. Las tragedias -subraya el editorial- seguramente se reflejarán en naciones en desarrollo como Colombia -cada vez más sujetas a desplazamientos-, en calamidades por enfermedades relacionadas con la contaminación y por vivir en infraestructuras continuamente vulnerables y tardíamente adaptadas a nuevas inundaciones o sequías prolongadas, a lo que habría que sumar la pérdida de un tercio de la población de animales y de más de la mitad de las plantas en la tierra.
Concluye el editorialista que el principal obstáculo para afrontar el problema y atenuar las consecuencias de algo que ya es inevitable radica en que ni la gente ni quienes toman decisiones se sienten aún en riesgo.
No obstante la nota editorial se cuida de identificar plenamente a los verdaderos responsables de tan apocalíptica perspectiva. ¿Por qué no moverse hacia el uso de energías renovables cuyo potencial técnico, según expertos internacionales, bastaría para cubrir más de 10 veces las necesidades de la humanidad?
La verdadera razón radica en que para el capital transnacional los recursos fósiles siguen siendo más rentables dado que las reservas mundiales aún no explotadas de petróleo, carbón y gas figuran en el activo en el balance de las empresas multinacionales. 
El compromiso indisoluble de los gobiernos de las principales potencias y de algunos países “emergentes” con los intereses económicos del capital trasnacional, permite explicar a la ciudadanía mundial el fracaso de las cumbres convocadas precisamente para conjurar la amenaza del “cambio climático” extremo. Permite comprender, a su vez, tanto el lánguido resultado derivado del acuerdo de Kioto, no obstante sus limitados objetivos en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, como el estruendoso fracaso de las recientes cumbres de Copenhague, Cancún, Doha y Río+12.

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RAMIRO GÁLVEZ ALDANA

Diario El Nuevo Dìa Ibaguè
Junio 17 de 2013

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