viernes, 31 de enero de 2014

Minería y medioambiente

5:59 p.m. | 30 de Enero del 2014 El Tiempo

Jorge Eduardo Cock L.

Tiene más valor económico y social contar con un futuro sostenible que sacar a bajo costo y de afán unos minerales y quedar para siempre sin agua y con suelos inutilizables.
El tema de minería y medioambiente es bastante complejo. Resulta muy fácil lanzar opiniones disparatadas si no se parte de un conocimiento y un análisis completo y profundo, como viene ocurriendo en estos días cuando se agudiza la discusión a raíz de hechos escandalosos en el mundo minero y dada la proximidad de la gran reunión de las trece empresas mineras más importantes del país, filiales casi todas ellas de las más grandes del planeta, que se agrupan como Sector de la Minería a Gran Escala (SMGE). Asumiendo también el riesgo de equivocarme, quiero aportar al debate comentando algunos pronunciamientos recientes.
Me refiero, en primer lugar, a las afirmaciones hechas por dos prestigiosos columnistas, un exministro y un doctor en economía minera, quienes hacen afirmaciones como que “existe el peligro de que se dejen de llevar a cabo importantes proyectos de desarrollo… en los sectores de agricultura y minería a causa del radicalismo ambientalista” y que “las evaluaciones ambientales estratégicas y las consultas previas tienden a dar poder de veto a la conservación pura por encima de las necesidades generales de la población...”, como también que “el costo de oportunidad de declarar la moratoria de la minería incluye las pérdidas por no transformar el capital natural en capital construido y capital intangible”.
Erróneo todo. En primer lugar, las audiencias ambientales son escenarios para que las comunidades expresen sus inquietudes sobre lo que se proyecta, pero no son instancias decisorias. Y, ¿cómo que radicalismo ambientalista? ¿Cuál moratoria minera? ¿O será que piensan que donde un empresario quiera hacer minería se le debe, simplemente, licenciar sin tener en cuenta las afectaciones que se puedan causar a las comunidades que allí viven y que ancestralmente han poseído y explotado sus tierras?¿O que nada importa destruir páramos o humedales, cambiar el curso de ríos y quebradas, envenenar caudales, cambiar radicalmente el uso de los suelos y destruir su potencial para otros usos sostenibles, para extraer los minerales? No, mil veces no. Ni económica ni socialmente eso le conviene al país.
Por su parte, sostenía en estos días la directora del SMGE en entrevistas radiales y televisivas que en Colombia se puede hacer minería en grande sin causar problemas, así como la hacen en países de geografías similares a la nuestra, como Perú y otros. Pero, con todo el respeto y el gran aprecio que le tengo, debo decir que está muy equivocada: no se puede hacer en nuestras tierras tropicales la misma forma de minería que se practica en países subtropicales.
No es lo mismo destapar, remover y revolcar con maquinaria y explosivos los suelos desérticos, de meros arenales y riscos estériles, donde las únicas aguas provienen del deshielo en las zonas más altas, que hacerlo en tierras cubiertas de bosques, praderas o cultivos, donde se producen nacimientos y manantiales por doquier.
No podemos hacer lo mismo, porque las tierras fértiles, los bosques y las fuentes de agua que se destruyen jamás pueden ser reconstruidos, y por lograr unos recursos de corto plazo acabaríamos completamente con la vida y las posibilidades del futuro.
Tampoco estoy planteando que se deba proscribir completamente la minería. Lo que digo es que por nuestras condiciones geográficas específicas tenemos muchas restricciones para hacerla. En unas partes se podrá y en otras, no. Y posiblemente cueste más lo que se extraiga. Pero tiene más valor económico y social contar con un futuro sostenible que sacar a bajo costo y de afán unos minerales y quedar para siempre sin agua y con suelos inutilizables.
Jorge Eduardo Cock L.

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