sábado, 6 de noviembre de 2010

Lucha indígena. En defensa de la Madre Tierra y de su organización colectivista

Hugo Blanco *


Septiembre–Octubre de 2010

Transcripción por escrito de las charlas que di en mi calidad de director de "Lucha Indígena" en la gira por Gran Bretaña impulsada por los ecosocialistas de Resistencia Socialista y la Izquierda Verde. Se entiende que la exposición oral debía ser abreviada.


El calentamiento global

Cuando era joven luchaba por una sociedad justa, pensaba que si mi generación no la alcanzaba, lo harían las generaciones futuras.

Ahora veo que estaba equivocado: No habrá generaciones futuras si nosotros no alcanzamos a derribar el sistema depredador. Por lo tanto, si antes luchaba por una sociedad justa, ahora lucho fundamentalmente por la supervivencia de la humanidad.

El calentamiento global es indudable, la ONU ha tenido que inclinarse ante la evidencia científica, así como los gobiernos de los países que más calientan el planeta con la emisión de los denominados gases de invernadero, producidos por las grandes empresas capitalistas.

No es que un grupo de capitalistas malos ha decidido extinguir la humanidad. El objetivo de ellos no es éste, sino ganar dinero, si para hacerlo tienen que lanzar a la humanidad a su desaparición, mala suerte. Es posible que algunos de ellos suspiren por este subproducto del cumplimiento de su sagrado mandamiento: Ganar más dinero en el menor tiempo posible.

Richard Branson, empresario británico propietario de la línea aérea Virgin, ofreció un premio de 25 millones de dólares a quien idee un invento que elimine los gases de efecto invernadero de la atmósfera. La gente le dijo “Tú estás contribuyendo al calentamiento con tu línea aérea”. Él les dio una respuesta que me parece magnífica: “¿Qué quieren? Si saco mi empresa inmediatamente ocupa su lugar la British Airways”.

Si hay un capitalista que por amor a sus descendientes deja de poner una fábrica que emite gases de invernadero, viene otro capitalista y la pone. No depende del conocimiento y la moral de los capitalistas individuales, es la rueda imparable del sistema el que les lleva a acabar con la humanidad. No se trata de matar a algún capitalista, a quien debemos matar es al sistema que ordena que el destino de la humanidad esté en manos de la voracidad del gran capital.

Efectos

La gente del campo, aunque en general no conoce su origen, sufre los efectos del calentamiento más que la población urbana: Los arroyos están desapareciendo. Los ríos están adelgazándose, hay ríos que para cruzarlos se usaba puentes, los que cada vez son menos necesarios, el Amazonas está más delgado que nunca. Los nevados se derriten, esto es una desgracia, pues son fuentes de agua. Los glaciares de los polos también se derriten. Antes el polo norte era un gigantesco bloque de hielo, ahora en verano ya se puede navegar por él.

Los océanos aumentan su nivel: La isla conocida por los habitantes de India como Nueva Moore y por los de Bengala como Talpatti Sur ha sido devorada por el mar.

La isla Lohachara de 10,000 habitantes, en la región india de Sundanbans, donde los ríos Ganges y Brahmaputra desembocan en la bahía de Bengala, también fue devorada por el agua.

Una parte de Groenlandia se ha separado de ella, ha sido bautizada como Isla del Calentamiento Warming Island o Uunartoq Qeqertoq en Inuit.

La República de Kiribati, un conjunto de 33 islas del Pacífico Central, pidió ayuda internacional para organizar la evacuación de sus 97.000 habitantes. El aumento de las aguas saladas está devastando las tierras cultivables y contaminando los pozos de agua dulce.

El territorio de los indígenas Kuna de las islas de Panamá, está amenazado de desaparición, hemos escuchado que zonas del departamento peruano de Piura también están amenazadas.

La alteración del ambiente por el calentamiento produce diversos desastres climáticos: Los inviernos son más crudos que antes, como el último del hemisferio norte, o el que sufrió hace poco Puno, Perú, causando la muerte de muchos niños. Por otra parte se reportó de veranos excesivamente calurosos en Brasil y África.

El “friaje” es una ola de frío que afecta negativamente a la selva peruana, se anuncia que 11 de los 24 departamentos en que se divide el Perú, serán afectados por ese fenómeno.

En la pasada temporada de lluvias, en mi departamento, Cusco, la inundación hizo que de algunas poblaciones sólo se vieran los techos, mató centenares de hectáreas de cultivos, un río de lodo atravesó la población de Zurite durante semanas, sepultando entre otros un templo colonial, la posta médica y el principal centro de estudios.

Hace poco la inundación afecto la cuarta parte del territorio de Paquistán.

Algunas de las víctimas del huracán Katrina que azotó Nueva Orleans en EEUU, abrieron un proceso judicial contra las grandes empresas culpables del calentamiento y por lo tanto del huracán.

La gran prensa, en manos de los productores del calentamiento global, naturalmente no nos muestra estos desastres como efectos de él, sino como “desastres naturales”. Sabemos que de naturales no tienen nada, que son provocados por los grandes capitales a través de la emisión cada vez mayor de gases de efecto invernadero.

Las páginas centrales de nuestro periódico mensual “Lucha Indígena” (http://www.luchaindigena.com), están dedicadas a los efectos mensuales del calentamiento global contra el mundo, bajo el título de “Ataque del gran capital a la humanidad”, desgraciadamente, mes a mes, las dos páginas quedan cada vez más pequeñas.

Manejo del problema

Los países más emisores de gases de efecto invernadero, situados en el norte del planeta, realizaron una reunión el año 1997 en Kioto, Japón, en la que se comprometieron a reducir por lo menos en un 5% la emisión de gases de invernadero. El acuerdo no fue ratificado, entre otros por los EEUU, que con una población del 4% del mundo, es responsable de la emisión del 25% de gases de invernadero. Se cumplió muy poco de lo acordado. En diciembre del 2009, en Copenhague, se realizó una nueva reunión sobre el tema, también impulsada por la ONU. En ella no hubo ningún acuerdo, los países africanos, cuya población tiene que caminar días en búsqueda de agua, exigían indemnización a los grandes contaminantes, de lo que éstos no querían ni oír hablar. Fuera del encuentro oficial, Obama reunió a algunos cómplices a quienes hizo firmar un papel que ahora llaman “el acuerdo de Copenhague” en el que no hay ningún compromiso a reducir las emisiones de gases de invernadero, sino solamente manifestación de buenas intenciones. Posteriormente, EEUU compró firmas de más países. Ecuador le respondió que si de dinero se trataba, lo recolectaría y pagaría a EEUU para que firme el protocolo de Kioto.

El aspecto positivo de la reunión de Copenhague, fue que hubo 100,000 personas en el exterior de la reunión oficial que gritaban “¡Cambiemos el Sistema, no el Clima!” y “¡Si el clima fuera un banco ya lo hubieran salvado!”.

Ante el fracaso de la reunión, el presidente boliviano Evo Morales convocó a la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra” que se realizó del 12 al 19 de abril en Cochabamba, Bolivia.

Fue una reunión exitosa en la medida en que reunió defensores de la naturaleza de diversas partes del mundo que se contactaron entre sí, desgraciadamente los humos del volcán de Islandia que impidieron los vuelos, frustraron la asistencia de ciudadanos europeos. Fue desafortunado que no se acordó la realización de acciones colectivas. Hubo una mesa en el exterior de la reunión en la que se hizo críticas a la política económica del gobierno que continuando el extractivismo de anteriores gobiernos, afecta la naturaleza.

El gran capital continúa haciendo lo posible por negar o minimizar los efectos del calentamiento. Hace algunos meses hubo una campaña de desprestigio a científicos encargados de estudiarlo, luego se comprobó que eran acusaciones falsas. Una asociación de grandes empresarios de EEUU reclutó periodistas y “científicos” que se encargaran del tema de acuerdo a la conveniencia de los emisores de gases de efecto invernadero. La gran prensa del mundo que está en sus manos, continúa llamando “desastres naturales” a los efectos del calentamiento. Tratan de convencer que desastres parecidos se han dado en varias épocas históricas, que son “naturales”. Dicen que los mayas predijeron el fin del mundo para el 2012, lo cual ha sido desmentido por especialistas en escritos mayas que declaran que los mayas hablaron de sucesos posteriores a esa fecha.

Todo esto hace el gran capital para que la gente se resigne y no luche por acabar con el sistema.

La ONU ha programado la próxima reunión oficial sobre el tema que se realizará en Cancún, México, del 29 de noviembre al 10 de diciembre de este año.

No se necesita ser adivino para afirmar que en dicha reunión tampoco se aprobará nada positivo, sólo serán palabras hermosas.

Desgraciadamente en el exterior de la reunión no podrán estar los 100,000 que estuvieron en Copenhague, porque los pasajes son muy elevados para que estén los europeos, porque los latinoamericanos no tenemos dinero para ir y porque la represión será más fuerte que en Copenhague.

En Viena, Austria, escuché una proposición excelente: “Hagamos cientos de Cancún en el mundo”. En las fechas de la reunión oficial organicemos reuniones en todas las ciudades posibles, para analizar qué significa el calentamiento global, quiénes lo producen, qué males trae, cómo combatirlo. Estas reuniones en su conjunto serán infinitamente más eficientes contra el calentamiento global que la reunión oficial en Cancún.

Resistencia indígena

He señalado que la gente del campo es la que más sufre los efectos del calentamiento global, sin embargo, en su gran mayoría no conoce sus origen, considera que son “desastres naturales”.

Lo que sí entiende perfectamente como tales, son los otros ataques del gran capital a la naturaleza, que en quechua llamamos Pacha Mama, (madre tierra o madre naturaleza).

Los indígenas son quienes menos disfrutan de los beneficios de la civilización y que conocen al “progreso” sólo por los ataques que de él son víctimas.

Todos vivimos de la naturaleza, pero en las ciudades los niños creen que es el supermercado quien nos alimenta y muchos mayores están cerca de eso pues no les interesa la depredación del campo.

En cambio la población indígena siente claramente que de la naturaleza depende su vida.

Por eso es en especial la población indígena la que reacciona contra los ataques a la Madre Tierra, señalemos algunos de esos ataques:

La minería.- Especialmente la de cielo abierto que es más nociva que la de socavones pues destruye montañas para extraer minerales. Roba agua de la agricultura y la envenena, matando personas, animales, vegetales y suelo.

La extracción de petróleo y gas.- Envenena los ríos amazónicos matando a los peces de los que se nutre la población, deja sin agua a la gente y animales.

La construcción de centrales hidroeléctricas.- Roba el agua de la agricultura de consumo humano para proveer de electricidad a la minería. (Caso de Salcapucara en Canchis, Cusco, Perú).

El proyecto de la represa de Inambari.- Intentan desalojar de territorios de 3 departamentos del Perú a miles de indígenas de sus viviendas y sus cultivos para construir una gran represa que proveería de electricidad a empresas multinacionales radicadas en Brasil.

La tala de la selva para la extracción de madera.- Como la capa de tierra fértil en la Amazonía es delgada, en pocos años de precipitación pluvial que en la zona es intensa, quedará tierra desierta.

La tala de la selva para criar ganado.- Los selváticos se alimentan de la caza, el ganado es para las ciudades. También convertirá en desierto lo que ahora es selva.

La gran agroindustria.- Aplica a la naturaleza la lógica de la fábrica: Cuanto más producto del mismo tipo se fabrique año tras año, mejor. Por eso produce la variedad más productiva de una especie año tras año. Eso se llama monocultivo y es dañino para el suelo. Usa agroquímicos: fertilizantes, insecticidas y herbicidas. Con todo esto matará el suelo en pocos años. No le importa, luego de matar el suelo en Perú, se irá a otro país de América, Asia, África, Oceanía para continuar matando el suelo.

En cambio el indígena, pensando que sus abuelos vivieron de esa tierra y sus nietos vivirán de ella, la cuida. Con 10,000 años de conocimientos agrícolas, sabe que tiene que practicar la rotación de cultivos, un año siembra leguminosas para que inspiren el nitrógeno del aire que será llevado a las raíces, al año siguiente siembra papas que aprovecharán ese nitrógeno. También practica los cultivos asociados, varias especies juntas, lo que es bueno para el suelo y malo para los parásitos. Además sabe que hay tierras que tienen que descansar, uno, dos, tres años, él que conoce su suelo sabe cuántos. A ese descanso en quechua lo llamamos “layme”; mientras ese terreno está descansando de la agricultura, lo usa como terreno de pastoreo. Usa abono orgánico.

El gobierno peruano pretende robar el agua de la pequeña agricultura de Espinar, que alimenta al Cusco, para irrigar la gran agroindustria que exportará a Estados Unidos, en esta lucha ya hay heridos, inclusive niños.

Alan García, presidente del Perú, llama “perro del hortelano” a los indígenas, opina que si ellos no tienen grandes capitales para trabajar, dejen que las poderosas compañías lo hagan, así progresará el Perú.

Usurpación de territorio indígena para el turismo.- Este tipo de ataque lo sufren indígenas de Columbia Británica en Canadá, indígenas de Chiapas, México, indígenas de África.

No sólo los indígenas luchan por la Madre Tierra

Lo hacen todos quienes se sienten afectados por la depredación capitalista, como los valerosos pobladores de Andalgalá, Catamarca, Argentina.

La población urbana del departamento de Moquegua, Perú, luchó valientemente en defensa del agua.

Todos los indígenas del mundo

He puesto ejemplos del Perú, pero no son sólo los indígenas peruanos quienes luchan en defensa de la madre tierra. Vemos que es el empuje indígena que puso a Evo Morales como presidente de Bolivia y que fue él quien convocó a la reunión internacional contra el cambio climático. La nueva constitución boliviana reconoce los derechos de la Madre Tierra.

Están luchando en defensa de la Madre Tierra los indígenas de Chile, Argentina, Guatemala, Panamá, Canadá, Estados Unidos, los Dongria Condh de la India, los bosquimanos de África, en Australia rechazan los residuos nucleares.

Esto muestra que la lucha indígena por la defensa de la Madre Tierra no es un tema étnico, sino cultural. Eduardo Galeano en su último libro, “Espejos”, dice:

¿Cómo pudimos?

Ser boca o ser bocado, cazador o cazado. Esa era la cuestión.

Merecíamos desprecio, o a lo sumo lástima. En la intemperie enemiga, nadie nos respetaba y nadie nos temía. La noche y la selva nos daban terror. Éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cachorros inútiles, adultos pocacosa, sin garras, ni grandes colmillos, ni patas veloces, ni olfato largo.

Nuestra historia primera se nos pierde en la neblina. Según parece, estábamos dedicados no más que a partir piedras y a repartir garrotazos.

Pero uno bien puede preguntarse: ¿No habremos sido capaces de sobrevivir, cuando sobrevivir era imposible, porque supimos defendernos juntos y compartir la comida? Esta humanidad de ahora, esta civilización del sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo, ¿habría durado algo más que un ratito en el mundo?

El gran amor a la Madre Tierra era una parte de esa ética general en los albores de la humanidad.

Pero no es la única homogeneidad, hay otras. Los indígenas del mundo son los más puros guardadores de esa ética.

Veamos los otros aspectos de la cultura humana primitiva que es común a los pueblos indígenas del mundo:

Colectivismo

Los problemas que afectan a la comunidad, los resuelve la comunidad, no el individuo ni un pequeño grupo.

Si esa fuera la lógica de la humanidad actual, no habría calentamiento global, pues no sería la empresa la que decida si monta o no una fábrica que emita gases de invernadero, sería la sociedad en su conjunto.

Donde hay indígenas, hay comunidad indígena, que es un pequeño organismo en el que el mandato es colectivo, es un pequeño poder político, muy limitado por el estado central, pero lo es; a veces está algo corrompido pues vive en un entorno corrupto, pero en general se mantiene como pequeño gobierno realmente democrático. Está reconocido por muchas constituciones, como la peruana.

A veces hay comunidad de comunidades, en algunos lugares de la selva peruana al parecer existen, en la sierra no, pues las federaciones distritales son instrumentos de lucha, pero no de gobierno.

Existen en el Cauca, Colombia, donde están reconocidas por la Constitución.

Tambien la comunidad de comunidades Cuna de las islas de Panamá, está reconocida por la Constitución, al parecer es una conquista que se logró con la revolución cuna de 1929.

Donde existe más clara es en un pequeño sector de Chiapas, México, ahí desde hace 16 años gobiernan los indígenas a través de las “Juntas de Buen Gobierno” que son cuerpos colectivos que de tiempo en tiempo son cambiados, sus miembros son revocables en cualquier momento. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional está encargado de resguardar la zona liberada de los ataques del “mal gobierno”, que es como denominan al gobierno de México, si uno de sus miembros quiere pertenecer a una junta, debe renunciar al ejército. Como en nuestras comunidades, los miembros de las juntas no ganan ni un centavo, pues saben y practican el principio indígena de que el puesto público no es para servirse sino para servir, completamente diferente a nuestros regímenes denominados “democráticos” en que todos se pelean por un cargo como perros por una presa de carne, pues saben que les servirá para ganar mucho dinero, para recibir sobornos y para dar colocación a parientes y amigos. Hace algún tiempo asistí a una elección comunal, cuando propusieron para presidente a un compañero, éste se paro y dijo que él ya había servido a la comunidad en varias oportunidades, que eligieran a alguien que todavía no lo había hecho.

El enemigo sabe muy bien que la organización comunal es la defensora del medio ambiente, por eso la ataca. En México y Perú, casi simultáneamente Salinas y Fujimori sacaron leyes intentando disolverla. En el torrente de decretos ley de Alan García no sólo hay muchos que impulsan la depredación del medio ambiente, sino también los hay que atacan a la comunidad.

La comunidad indígena es un núcleo inicial para la construcción de una sociedad horizontal, un paso más adelante significan las comunidades de comunidades que mencioné. La mayoría de los indígenas no son concientes de ello, pero eso no invalida dicha construcción.

Naturalmente que no aconsejamos a la población urbana seguir el mismo camino, ella sabrá qué pasos tomar en la construcción de una sociedad que no esté dividida entre los que mandan y los que obedecen, por ejemplo las fábricas administradas por los trabajadores en Argentina son un paso importante en este sentido.

Ecosocialismo

Estas dos características de los pueblos indígenas, el gran amor por la naturaleza y su forma de organización colectiva, son las que llamaron la atención de los compañeros europeos ecosocialistas, pues, precisamente estas dos características son su meta. Entienden que la única forma coherente de lograr que se respete la ecología es que el poder no sea ejercido por las empresas capitalistas, sino que la población se organice horizontalmente dirigiéndose a sí misma.

Fue por eso, por dirigir el periódico Lucha Indígena que publicita las luchas de los pueblos indígenas por la Madre Tierra y por la defensa de su organización colectivista, que me invitaron la Izquierda Verde y Resistencia Socialista para hacer una gira por la Gran Bretaña explicando las luchas indígenas. La recepción del auditorio fue muy positiva, en varios lugares me dijeron que mis palabras eran “inspiradoras”, en realidad no eran mis palabras las inspiradoras sino la realidad de la lucha indígena, desconocida en toda su significación en Gran Bretaña.

Buen vivir

Aunque en lenguaje indígena no existe ese término, pues para el indígena simplemente es vivir, me parece que es un aporte interesante de los intelectuales indigenistas para contraponerlo al concepto capitalista de que la felicidad consiste en acumular mucho dinero en el menor tiempo posible y con ese dinero comprar lo que la publicidad y la moda ordenan, para así producir la envidia y el respeto de nuestros congéneres.

El buen vivir entiende la felicidad como vivir satisfactoriamente.

Pongo algunos ejemplos para explicarlo.

Un indígena quechua, hablando en nuestro idioma me dijo que los amazónicos eran ociosos, para demostrarlo me relató lo siguiente: Un hacendado pidió a un indígena amazónico que talara cierta extensión de bosque para dedicarla al cultivo y le dijo que le pagaría con un machete. El amazónico hizo tan bien y tan rápido el trabajo, que el hacendado quedó impresionado, le dio el machete y le dijo: “Ahora te ofrezco un negocio redondo, talas la cuarta parte de lo que acabas de hacer y te doy otro machete”. El amazónico lo miró extrañado y respondió: “Tengo sólo una mano derecha ¿Para qué necesito dos machetes?” y se fue. No quería progresar, sólo quería vivir. Relato esto no sólo para mostrar el concepto del buen vivir de los amazónicos, sino también que los quechuas estamos más domesticados que ellos por la sociedad de consumo.

Sin embargo, hay ejemplos de Buen Vivir entre los quechuas: Cuando uno pregunta a un indígena qué produce su tierra, no habla de cantidades ni de precios, contesta “¡hunt’asqa!” que significa “¡completo!”, es decir que produce múltiples especies. Los jurados de ferias, docentes de la facultad de agronomía, ya han aprendido que no deben premiar a quien produce las papas más grandes ni mayor cantidad por hectárea, sino que el premio corresponde a quien tiene la mayor cantidad de variedades, pues eso es lo que constituye el orgullo indígena.

He encontrado un vendedor adulto o niño que está vendiendo en el suelo un producto en pequeña cantidad, pregunto el precio, me responde, le digo que le compro todo sin pedirle rebaja, se niega, pregunto por qué no, me responde: “Si todo te vendo a ti ¿Qué cosa ya vendería al resto?”. El vender no es sólo una acción comercial, es una forma de relación social.

Así como el amor a la naturaleza y la búsqueda de una sociedad horizontal no son exclusivamente indígenas y también piensan así los ecosocialistas, he encontrado el Buen Vivir en gente civilizada: En Estocolmo a un amigo sueco le gustaba visitar los grandes supermercados, cuando le pregunté por qué, me respondió: “No sabes el placer que siento viendo sin cuánta cosa puedo ser feliz”.

Amor a los antepasados y a los descendientes

Elinor Ostrom, premio Nóbel de Economía del 2009 dijo: “Estoy muy reconocida a los indígenas norteamericanos que me han enseñado que piensan en la sétima generación”.

De acuerdo a ello actúan, calculando que si lo que hoy hacen ha de perjudicar o beneficiar a la sétima generación.

Eso es completamente diferente al desdén de mucha gente educada por el capitalismo, a la que no le importa si sus nietos tendrán agua para beber.

Respeto a la diversidad

En el Perú decenas de pueblos amazónicos, hablando diferentes lenguas, se unieron en un solo puño para luchar en defensa de la selva.

Cada pueblo indígena se viste en forma diferente y todos se respetan entre sí.



En Chiapas un indígena me pregunto si yo era indígena, le respondí que era quechua. Me miró con desdén y me preguntó “¡Así se visten en tu pueblo!”, refiriéndose al uniforme occidental que yo llevaba.

Conclusión

He mostrado el pensamiento indígena en general, pero naturalmente no todos los indígenas piensan lo mismo. Por ejemplo en el Perú tuvimos un presidente de sangre indígena pero que tiene cerebro de Harward, apellida Toledo.

Reitero, los principios éticos acá expuestos no son de exclusividad de los indígenas, hay muchos en el mundo civilizado que piensan lo mismo.

Es notorio que los indígenas menos domesticados por el sistema, los denominados “salvajes”, son quienes mejor luchan, eso se ve en Perú y en Ecuador. Mirando el pasado, vemos lo mismo. Cuando vinieron los invasores europeos, encontraron dos civilizaciones avanzadas: La Azteca y la Inka, las dos fueron rápidamente derrotadas, mientras que los pueblos “salvajes” continuaron luchando: En Cuba tuvieron que exterminarlos. En Argentina, el presidente Sarmiento, “educador de las Américas” continuó luchando contra ellos, es interesante leer las frases racistas de este “educador”. En Estados Unidos dieron tema a las películas de “cowboy”.

Hay indígenas que actuando contra siglos de opresión, reaccionan en forma hostil contra los occidentales y lo occidental, es entendible. Afortunadamente son los menos, ninguna organización indígena de importancia piensa así.

Los indígenas de Chiapas, México dijeron: “Somos indígenas, estamos orgullosos de serlo, queremos que se nos respete como a indígenas. Somos hermanos de los pobres de México y de todos los pobres del mundo”. Estas no fueron sólo palabras, convocaron a la primera reunión “Contra el Neoliberalismo, por la Humanidad” que reunió a ciudadanos de 70 países, incluyendo Europa y Estados Unidos. Esto fue mucho antes de los Foros Sociales Mundiales.

Los gobiernos europeos, representantes del gran capital, pretenden descargar el peso de la crisis producida por ellos, sobre los hombros de la población, aumentando la edad de jubilación y recortando los gastos en beneficio de los sectores con necesidad de apoyo. En Grecia, Francia, España, Gran Bretaña, etc., el pueblo se levanta contra el atropello.

El enemigo de ellos y de nosotros es el mismo: El gran capital que depreda la naturaleza en nuestros países y descarga sobre las poblaciones del mundo el peso de la crisis provocada por él.

La depredación de la naturaleza en nuestros países no sólo nos perjudica a nosotros sino a toda la humanidad.

La experiencia ha mostrado que la solidaridad de compañeros de los países ricos con las luchas por la defensa de la naturaleza en el llamado tercer mundo, son fructíferas. Se detuvo la depredación del agrícolamente rico valle de Tanbogrande, en Piura, Perú, gracias a la valiente lucha de su pueblo y a la solidaridad nacional e internacional, los ecologistas canadienses denunciaron la depredación que preparaba una empresa minera canadiense. La manifestación de ciudadanos británicos ante la Junta General de Accionistas Anual de la empresa Vedanta Resources en Westminster, empresa británica, fue eficiente e hizo retroceder al gobierno servil de la India en el caso de la depredación minera que iban a sufrir los indígenas Dongria Condh.

Considero que la humanidad podrá sobrevivir sólo si recupera su ética original.

Continuar aceptando sin objeción que sean las grandes empresas quienes gobiernen y no la sociedad en su conjunto, nos llevará inexorablemente al fin de la especie.

Volver a la ética original no significa volver a la vida primitiva.

Cuando la ciencia y la técnica dejen de estar al servicio del gran capital y pasen a estar al servicio de la humanidad, ellas nos dirán de qué beneficios de la civilización podemos seguir disfrutando sin poner en peligro la supervivencia de la especie. Probablemente nos digan que usando la energía eólica y solar podremos continuar aprovechando muchos de los inventos de la civilización.

Conozcámonos más unos a otros, comprendamos las diversas formas de lucha de resistencia, no pretendamos uniformizarlas, colaboremos entre nosotros, respetemos la diversidad que es fructífera. Aprendamos unos de otros pero no copiemos.

Frente a la globalización de la economía mundial en provecho del gran capital y contra la humanidad, debemos globalizar la resistencia de la humanidad por su propia supervivencia.

Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza.



* Hugo Blanco (Cusco, 1934), dirigente histórico de la izquierda revolucionaria y del movimiento campesino del Perú. Autor del libro "Nosotros los Indios", editado por La Minga/Herramienta, Argentina, 2010. Es director del mensuario "Lucha Indígena": http://www.luchaindigena.com/

viernes, 29 de octubre de 2010

Neoliberalismo y neocolonialismo en América Latina

Raúl Zibechi


Alai-amlatina

La explotación y exportación de recursos primarios o bienes comunes, está permitiendo a los gobiernos de la región atravesar la crisis global sin grandes cataclismos internos, a lo que pueden sumar extensas políticas sociales. Queda en el tintero un amplio debate sobre el modelo extractivo y sus consecuencias a mediano plazo.






El gobierno de Evo Morales consiguió acumular, por vez primera en la historia de Bolivia, reservas internacionales que superan los 9.000 millones de dólares que el próximo año superarán los 10.000 millones. En los últimos 15 años Bolivia casi duplicó el ingreso per cápita pasando de 896 dólares anuales a 1.683 dólares en 2009, aunque esas cifras no contemplan la inflación. Ambos incrementos se deben al impacto de los ingresos que percibe el país por sus exportaciones.



Hace doce años, en 1998, las exportaciones mineras e hidrocarburíferas suponían el 47 por ciento de las exportaciones de Bolivia. Hoy representan el 80 por ciento, según un reciente informe difundido por el CEDLA (Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario). Una tendencia no muy diferente a la que se registra en la mayor parte de los países de la región, donde la reprimarización de la producción y las exportaciones viene siendo la norma. Los altos precios de las commodities alientan esta tendencia que, sin embargo, augura problemas para el futuro inmediato.





Neoliberalismo y neocolonialismo





Por extractivismo entendemos la apropiación de los bienes comunes, de modo directo o indirecto, para convertirlos en mercancías. Se trata de una fase diferente del modelo neoliberal luego de la primera etapa anclada en las privatizaciones, la apertura comercial y financiera y la desregulación laboral. Forma parte del proceso de financierización de las economías, toda vez que podemos considerar el extractivismo como un proceso más especulativo que productivo: las inversiones son mínimas y el retorno del capital es tan veloz como sucede en el sistema financiero.



En la producción de soja, y en otros rubros de la agricultura, se alquilan las tierras y las máquinas, de modo que la inversión fija es muy baja en el conjunto del capital movilizado. Pero el retorno se produce en apenas una cosecha, al cabo de la cual el pool de siembra puede emigrar a cualquier otro lugar porque -precisamente- no se ha fijado en ningún espacio físico. Algo similar sucede con la minería, con la peculiaridad de que las ganancias son fabulosas.



Es un modelo excluyente porque no necesita personas. Más aún, las personas son un obstáculo. Mientras el modelo basado en la producción industrial durante la sustitución de importaciones necesitaba trabajadores calificados y gran cantidad de obreros y empleados en la producción y la distribución, y necesitaba a los consumidores de esas mercancías, con el modelo extractivo sucede todo lo contrario: la mecanización hace irrelevante el trabajo humano (la minería tiene un sistema muy similar al de las plataformas petrolíferas con alta rotación de trabajadores especializados que viven muy lejos del lugar de trabajo). Y no hay consumidores, ya que los productos primarios son exportados a países lejanos para alimentar ganado o para ser procesados.



Es un modo de producir mercancías que destruye la naturaleza. “El proceso de privatización y concesiones de lotes petroleros, gasíferos, mineros y forestales, se ha ido profundizando con los últimos tres gobiernos: Fujimori, Toledo y Alan García. Fujimori dejó el 15 por ciento de la Amazonía lotizada y concesionada; Toledo avanzó puntos más y García ha llegado a privatizar el 72 por ciento del territorio amazónico en lotes concesionados y entregados al gran capital transnacional, muchos de los cuales se superponen a las reservas territoriales de pueblos en aislamiento voluntario”, dijo el dirigente indígena peruano Alberto Pizango al cumplirse el primer aniversario de la masacre de Bagua, el pasado 5 de junio.





Pobreza y control territorial





La extracción empobrece a los países productores y enriquece a las multinacionales. Paga impuestos apenas simbólicos y en ocasiones nada, ya que estos emprendimientos suelen implantarse en limbos jurídicos como las zonas francas y aprovechan todas las ventajas que les ofrecen los países propietarios de esas riquezas.





Forma parte de lo que el geógrafo David Harvey ha definido como “acumulación por desposesión” o, si se prefiere, por robo o apropiación. Aún cuando pueda cuestionarse el desarrollismo, el exctractivismo no se inscribe ni siquiera en esa genealogía, ya que se salta el proceso industrializador en los países donde se instala. El reciente informe del Banco Mundial, “Los recursos naturales en América Latina y el Caribe. ¿Más allá de bonanzas y crisis?”, afirma que los países de la región “llegaron a ser de los más prósperos del mundo gracias a la producción de metales precios, azúcar, caucho, granos, café, cobre y petróleo”.





Suena extraño que la expoliación colonial sea leída de ese modo por una institución que pretende orientar las políticas nacionales. Más aún, asegura que “las exportaciones de bienes primarios siempre han activado las economías de la región, llenando las arcas de los gobiernos”, y que América Latina “puede derivar beneficios significativos por ser la mina y el granero” de las economías centrales. Casi un insulto.



Omite, por ejemplo, la creciente militarización de áreas enteras para despejar población molesta para este tipo de acumulación, que tiene en la guerra colombiana su mayor expresión. Los territorios de la guerra son exactamente aquellos donde las multinacionales han puesto sus ojos para apropiarse de los bienes comunes como lo muestran varios estudios. En paralelo, el agronegocio se apropia de millones de hectáreas desplazando a la población campesina productora de alimentos, con lo que la seguridad alimentaria de las naciones de debilita.





En consecuencia, este modelo genera pobreza y exclusión. El economista argentino Claudio Katz recordó un estudio de CEPAL que afirma que en la Argentina el decil más rico tiene un ingreso per cápita mayor que ese mismo sector en los países anglosajones, en tanto la población con menores ingresos es veinte veces más pobre que los estratos más bajos de los países desarrollados.





Debate urgente





Esta etapa del modelo neoliberal está siendo conducida en buena medida por gobiernos progresistas y de izquierda. Desde el lado de quienes defienden los monocultivos, la minería y la explotación de los hidrocarburos pueden aportarse argumentos valiosos para establecer un debate realista sobre los problemas y ventajas del modelo extractivo. Estos emprendimientos aseguran un flujo de caja a los estados para poder cumplir con sus obligaciones, entre las que destacan el pago mensual de salarios y beneficios sociales para los más pobres. Más aún, se podría argumentar que cierto nivel de extractivismo es un “mal necesario” para amasar los excedentes que permitan dar un salto industrialista.



El informe del CEDLA sobre Bolivia señala por lo menos tres debilidades inherentes a este modelo: la volatilidad de los ingresos fiscales por la inestabilidad de los precios internacionales de las commodities; la fragilidad en la ejecución del gasto ya que “la eventual caída de estos ingresos afecta a la ejecución de proyectos estratégicos”; y finalmente que “la creciente explotación de recursos no renovables requiere de fuertes inversiones lo que conduce a que los gobiernos opten por contratan deuda externa a fin de sostener esas inversiones”.





Un problema adicional es que aún no existen actores sociales y políticos poderosos como para presionar para ir más allá del extractivismo. Durante la fase de las privatizaciones existían sujetos que pudieron resistirlas, en particular los sindicatos estatales. Ahora no existen esos sujetos, deben ser construidos en una situación muy compleja: predomina un discurso estatal “progresista” que justifica el extractivismo, pero la mayor parte de la población no puede “ver” el modelo cuyos emprendimientos están en áreas rurales lejanas a las grandes ciudades.





Como mínimo, sería deseable que se instalara un debate público sobre el tema que no se reduzca al porcentaje de impuestos que deben pagar las empresas. Algo se ha avanzado sobre el tema, sobre todo en el costado ambiental. Pero la madeja está lejos de desovillarse: el nudo de la cuestión es cómo transitar de la extracción hacia la producción, no sólo sumando algo de valor agregado (el mal menor) sino estableciendo pautas para un crecimiento autónomo de los precios internacionales, tan caprichosos en sus explosivos aumentos como depredadores en las debacles.



Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.



Fuente: http://alainet.org/active/41887

martes, 26 de octubre de 2010

La cuestión minera

EDITORIAL EL NUEVO DÍA
IBAGUÉ, COLOMBIA
MARTES 26 DE OCTUBRE DE 2010

 Como si hiciera falta otro ingrediente escandaloso en los organismos estatales durante la administración Uribe Vélez, comienzan a develarse los desaguisados al interior de Ingeominas.


El desenlace se presentó a raíz de la salida del Director, Mario Ballesteros Mejía, quien se negó a acudir al Congreso a dar explicaciones por lo sucedido en la institución a su cargo.

Antes había habido una pugna interna que se saldó con la salida de altos funcionarios que no se acomodaron al favorecimiento para con las más importantes compañías mineras que actúan en el país: Drummond en carbón y Cerromatoso en níquel.

En efecto, mediante tortuosos procedimientos la administración de Ingeominas propiciaba la extensión de las concesiones hasta por un plazo de 30 años; a lo anterior se añadía el propósito de menguar las regalías en las prórrogas y, no contentos con lo anterior, manipulaban las declaraciones para no cumplir con el mandato legal en el pago de regalías.

Todo lo anterior con las dos compañías mineras que a menudo se ponen como ejemplo de minería moderna y manejada con parámetros internacionales y estrictos códigos de operación.

El nuevo escándalo seguramente tratará de ser minimizado y no faltarán los análisis filosóficos de los rábulas de la anterior administración intentando justificar lo injustificable.

Todo sirve para llamar la atención sobre la vulnerabilidad de los organismos de control en el sector minero, situación que se magnifica ante la inminente expansión de las actividades en campos como el aurífero.

Vale la pena comparar las circunstancias nacionales con lo que acontece en Brasil, Chile y Canadá con códigos severos, organismos de control bien equipados y mejor conformados y una visión de Estado que estamos lejos de poseer.

domingo, 24 de octubre de 2010

LA CUMBRE DE BIODIVERSIDAD TERMINA LA PRIMERA SEMANA SIN AVANCES

Enviado por anticapi el Dom, 24/10/2010 - 20:38 ecología

notícia



Ecologistas en Acción
Camino a Nagoya

La cumbre de Nagoya sobre diversidad biológica cumple una semana de actividad sin avances concretos en los principales temas de debate, como son la discusión del Plan Estratégico o la aprobación de un protocolo sobre ABS. Los diferentes grupos de la sociedad civil advierten de la necesidad de que la próxima semana, momento de alto nivel de la cumbre, se alcancen compromisos concretos para detener la pérdida de biodiversidad.



En las negociaciones para adoptar un nuevo Plan Estratégico 2011-2020, los diferentes países han discutido durante los últimos días sin cerrar una Misión para el conjunto del Plan Estratégico en 2020. En este sentido, una de las versiones en discusión plantea el objetivo de que para 2020 se haya detenido totalmente la pérdida de biodiversidad y conseguir una gestión de la misma de manera sostenible a largo plazo. En cambio, otra versión más escéptica considera que el objetivo debe ser el de reducir el ritmo de pérdida de biodiversidad, aceptando implícitamente que la degradación continuará, algo que Ecologistas en Acción considera inaceptable.





Otro de los temas fundamentales en discusión es el nuevo Protocolo sobre Acceso y Participación en los Beneficios (ABS). Las negociaciones se están complicando de tal manera, que la Presidencia de la COP ha tenido que proponer al grupo de trabajo que se reúna durante todo el fin de semana para definir un texto más concreto de cara al momento de alto nivel. En este aspecto, la sociedad civil reclama a los gobiernos de los países enriquecidos, un esfuerzo de justicia, teniendo en cuenta los siglos de expolio que han sufrido las regiones del Sur (África, Latinoamérica, Asia y Oceanía).



Tal y como consta en el informe Perspectiva Mundial de la Biodiversidad de las Naciones Unidas, en caso de seguir el actual ritmo de pérdida de especies y degradación de hábitats se podrían sobrepasar ciertos umbrales y puntos de no-retorno, a partir de los cuales sería totalmente imposible frenar la crisis ecológica. Según los informes oficiales, nuestra especie es totalmente dependiente del resto del ecosistema para sobrevivir.





Sigue toda la información de la cumbre de Nagoya en directo desde el canal http://www.somosbiodiversidad.tv

La minería y las regalías

Manuel Rodríguez Becerra

La sociedad tiene que ser reparada y para ello las regalías deberían dirigirse prioritariamente a la conservación ambiental




La erradicación de la minería ilegal del oro, anunciada por el presidente Juan Manuel Santos y por la ministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, Beatriz Uribe, se inició con contundencia como lo atestiguan las recientes operaciones adelantadas en Ataco (Tolima) y Ayapel (Córdoba).

Y es que la creciente minería ilegal está arrasando bosques, suelos y ríos en los más diversos lugares de los diecisiete departamentos en donde se adelanta. Además, se ha convertido en un problema de seguridad nacional al constituirse en una robusta fuente de financiación de la guerrilla y de los denominados grupos emergentes y, por eso, para derrotarla es imperativo el concurso aunado de las Fuerzas Militares, de los cuerpos de inteligencia del Estado y de la Fiscalía, y de una decidida acción por parte de las autoridades municipales y de las Corporaciones Autónomas Regionales, como quedó recientemente demostrado.

Pero la lucha contra la minería ilegal no basta. Es también necesario emprender una cruzada para poner en orden a aquellas empresas mineras que, exhibiendo los requisitos legales para operar, violan la normatividad ambiental. Si bien se identifican empresas que muestran un adecuado desempeño, esta parece ser la excepción y no la regla con lo cual la minería formal muy probablemente ha causado un daño ambiental aún mayor que el ocasionado por la minería ilegal.

Lo absurdo es que esta última situación ha sido en parte propiciada por la autoridad minera. Así, por ejemplo, Ingeominas no solamente ha otorgado títulos mineros a lo largo y ancho del país con una irresponsable prodigalidad (incluyendo parques nacionales y páramos), sino, además, ha demostrado una alarmante incapacidad para fiscalizarlos. Precisamente, el ministro de Minas y Energía, Carlos Rodado, al reconocer esas y otras fallas, ha anunciado la reforma de esta entidad que incluiría, entre otras, su necesario compromiso con la protección del medio ambiente. Quizá sería también el momento para corregir las graves falencias que para la protección ambiental presenta el Código de Minas, así como para desarrollar un proceso dirigido a identificar aquellas áreas del territorio que por razones ecológicas deban ser excluidas de la minería, como ya se hizo con los páramos, los humedales Ramsar y las áreas protegidas.

Pero la minería, así se adelante solamente en lugares no excluidos y se desarrolle cumpliendo con una normatividad ambiental acorde con los más altos estándares internacionales, siempre dejará una huella ecológica, muchas veces profunda e irreversible. Y es una huella que se manifiesta en la pérdida de biodiversidad, la afectación de sistemas hídricos, la degradación de acuíferos, o el deterioro del paisaje, como lo demuestran innumerables estudios científicos, o como el ciudadano común lo puede constatar mediante la simple observación directa.

El país requiere asumir estos costos en aras de su desarrollo económico y social, pero simultáneamente la sociedad colombiana tiene que ser reparada y para ello las regalías deberían dirigirse prioritariamente a la conservación ambiental. Se trata de compensar a las presentes y a las futuras generaciones por la huella ecológica dejada por la minería mediante la destinación de una parte de estos recursos económicos a la protección y restauración de diversos ecosistemas que son críticos para el desarrollo del país, en un monto que no debería ser menor al costo de los daños ocasionados al patrimonio ecológico de la nación. Es un tema que debería ser enfrentado con la mayor claridad en el debate que para la modificación del régimen de regalías se adelanta en el Congreso de la República.

En últimas, en la orientación que se le dé a la minería y en el destino que tomen las regalías sabremos cuán comprometido está el nuevo gobierno con la protección de la riqueza en biodiversidad y aguas de Colombia.

La manzana envenenada

Daniel Samper Pizano


El Tiempo

23 de Octubre del 2010

El 'boom' minero está causando en Colombia graves tragedias ambientales: el Gobierno lo sabe.


Uno de los personajes de Freedom (Libertad), la última novela del Balzac gringo, Jonathan Franzen, se muestra alarmado por los abusos ambientales en América Latina. Menciona a los Andes. Menciona a Colombia. Y menciona la minería a cielo abierto, "que exige sacrificar crestas montañosas y desplazar familias pobres de su hogar tradicional".

Cualquiera diría que aquel personaje visitó algunas de las codiciosas explotaciones mineras de nuestro país, donde se contamina ríos, según sucede con el Dagua (Valle), convertido en putrefacta corriente de desechos químicos; se arruina a comunidades enteras, como pasó en Marmato (Caldas), donde la Colombia Goldfields se llevó el oro y dejó miseria; o podrían arrasarse vastas extensiones y cortar fuentes de agua, como en el proyecto de La Colosa (Tolima).

Nuestro país ha sido dizque "bendecido" con un boom minero. Desde el 2002, la Nación otorga cuantiosas concesiones a multinacionales -muchas de ellas con sede en Canadá- y ha extendido 7.000 títulos de explotación. Cierto es que la extracción de minerales significa ingresos importantes y que el Producto Interno Bruto del sector subió de 6 millones de dólares en el 2000 a 17.500 en el 2008. Sin embargo, conviene aprovechar que la minería está de moda, gracias a los topos chilenos, para establecer cuánto le cuestan al país estas explotaciones hoy y cuánto costarán a los colombianos del futuro. Es sabido que la minería crea poco empleo. Pero en este caso la mayor preocupación no es la esterilidad laboral, sino la ruina ambiental. Según el escritor Alfredo Molano, el gobierno anterior otorgó concesiones irregulares en la Amazonia, en 44 parques nacionales, páramos protegidos, humedales y zonas reservadas a comunidades negras y nativas.

La ministra de Ambiente, Beatriz Uribe, está asustada. "La minería ilegal nos está envenenando", dice. No solo la ilegal. Si consulta a los ecólogos, sabrá que también nos envenenan muchas explotaciones autorizadas. Ella misma reconoció que hay 571 títulos mineros en 203.000 hectáreas "donde no se pueden desarrollar proyectos mineros". El problema desborda los códigos: enfrentamos un tsunami de deterioro ambiental por culpa de la minería descontrolada. Gonzalo Palomino, de la Universidad del Tolima, y Guillermo Duque, de la Nacional, han demostrado que ciertos peces que se venden en toda Colombia sobrepasan las concentraciones permitidas de mercurio, lo que podría generar graves degeneraciones en los consumidores. No hay oro que pague tales horrores.

Lo más inquietante es que el propio Estado, que montó la feria de las concesiones, carece de medios para impedir que ocurran atropellos ambientales, tragedias en las minas, saqueos económicos y agaches tributarios. Con loable franqueza, el ministro del ramo, Carlos Rodado Noriega, acepta que no existe fiscalización suficiente para atajar estos desmanes. Además, quiero considerar sinceras sus palabras cuando anuncia que aspira a desarrollar el sector minero "pero sin atentar contra el medio ambiente".

Como varios ojos ven más que los del Gobierno (que a veces se enceguece, como pasó en la última década), hay que recibir con alivio la creación de la Red Colombiana Frente a la Minería Transnacional, entidad verde que luchará para atajar el arrasamiento de la naturaleza, incluido ese oprimido mamífero llamado minero. El presidente Santos, a su vez, propone la creación de una Agencia Minera Nacional. Estupendo, siempre que no se dedique solo a contar plata, sino que ponga límites ecológicos a la fiebre del oro y controle el cianuro y el mercurio en las corrientes.

Pero la clave es que los colombianos reaccionen. ¿O acaso será cierto, como dice el personaje de Franzen, que los gobiernos sacrifican el medio ambiente porque "los eligen mayorías a quienes les importa un carajo la biodiversidad"?

ESQUIRLAS. Merecidísimo el éxito de El deber de Fenster, la obra de teatro de Humberto Dorado y Matías Maldonado que mezcla drama y documentos para reconstruir un terrible episodio de nuestra historia reciente. Gran dirección, gran actuación.

Desde hace varios años, el autor del texto recibe comentarios a su columna en cambalache@mail.ddnet.es.

sábado, 16 de octubre de 2010

Desastres socio-ecológicos y responsabilidad política y empresarial

Guadalupe Rodríguez


Rebelión



Después de contemplar aliviados cómo la Pachamama gustó de volver a parir milagrosamente a los 33 mineros chilenos, y de haber derramado lágrimas y suspiros de alivio frente a la caja boba, es el momento para enfriar la cabeza y volver a la reflexión.

Los medios masivos se centran en el drama humano, y en lo anecdótico, dando menor espacio a las condiciones sociales, económicas y políticas que crearon este y otros desastres recientes. Por la gravedad de las consecuencias, empresas y gobiernos deberían enfrentar la responsabilidad criminal, por ser quienes causan una destrucción y contaminación de estas dimensiones con sus actividades y sus políticas. Por la imposición de una economía basada en el crecimiento sin límites, se puede prever fácilmente que este tipo de catástrofes irán en aumento en el futuro.

Los que siguen son hechos contundentes que ejemplifican la situación.

Chile es el productor de cobre más importante del mundo

La mina San José es una explotación de cobre y oro muy antigua, situada cerca de la ciudad de Copiapó, en el desierto de Atacama. Pertenece a la Compañía Minera San Esteban, que practica la mediana minería. En operación desde el siglo XIX, se ha vinculado a varios accidentes mortales en el pasado que motivaron su cierre hace unos años durante un breve período. Tras su reapertura, en los últimos cuatro años hubo tres accidentes fatales. La empresa acumula denuncias por su inseguridad, que una vez más se vio trágicamente confirmada por el accidente que dejó a los muy famosos 33 mineros enterrados a más de 700 metros de profundidad durante más de 70 días. Apenas un mes antes del derrumbe hubo en la mina un accidente con una víctima que sufrió amputación de una pierna. De acuerdo con las denuncias, las irregularidades de la compañía San Esteban incluyen, entre otras muchas, el retraso del anuncio del accidente, violación de medidas de seguridad y el impago del seguro social de los mineros. Pero la empresa no fue sancionada.

La mina San José forma parte de un complejo minero que produce alrededor de 1.200 toneladas de cobre al año. El cobre es la principal exportación del país y una de las mayores fuentes de ingresos. A pesar de eso, las medidas de seguridad y el control en este sentido del sector deja muchísimo que desear. No sé por qué, pero cuando el presidente de Chile declara satisfecho cómo y cuánto van a mejorar, no me lo termino de creer.



El lodo tóxico que se “vertió” en Hungría

Ocurrido el 4 de octubre de 2010 y aun de plena actualidad, el accidente de la planta de alúmina (óxido de aluminio Al2O3) en la ciudad de Ajkai al oeste de Hungría es otro “síntoma” de un sistema político-económico irracional. La alúmina es un subproducto que resulta de refinar la bauxita (http://es.wikipedia.org/wiki/Al%C3%BAmina) y se utiliza para la producción de aluminio y otros productos.

Los medios de comunicación de masas hablan de “vertido” o “fuga”, lo que sugieren al oyente o al lector la sensación de un problema pequeño y bajo control. Pero fue una riada, un derrame, un torrente de lodo tóxico rojo anaranjado con radiactividad y lleno de metales pesados, que se desparramó por todo el medio, los campos de cultivo, las aguas, la vegetación, las calles. Al menos nueve personas han muerto y hay más de 150 heridos. Cientos de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Constituye la mayor catástrofe ecológica en la historia de Hungría y sus consecuencias sobre la salud aún se desconocen. Son varios los pueblos afectados, como Kolontar o Devecser. También un afluente del Danubio. Los costos de limpieza ascenderán a millones de euros. Los daños permanecerán en el ambiente durante décadas, y eso, no hay dinero que lo compense.

El petróleo de BP regó el Golfo de México

El caso de BP pasó de largo. Ya no se habla de él. La friolera de 4,9 millones de barriles de crudo fluyeron desde el fondo del mar de manera ininterrumpida desde el 20 de abril de 2010 y durante los 85 días que tomó controlar el vertido.

En Europa, en el mar del Norte y en el Mediterráneo existen cientos de plataformas petrolíferas1. Pero la Comisión Europea, tras examinar la normativa existente en esta materia, acaba de suavizar su anunciada intención de controlar estrictamente las plataformas marinas de extracción de petróleo con el fin de evitar catástrofes ambientales como la de BP en el golfo de México. En lugar de una moratoria, establecería una mera opción a tomar por los diferentes estados miembros. La disminución en las exigencias se debería a los intereses del sector, muy bien representados en Bruselas.

Además, de acuerdo con la lógica del crecimiento global que marca la Unión Europea y crea la necesidad de abrir nuevas plataformas petrolíferas, las empresas deberán disponer de un plan de emergencia y probar que tienen disponibles los medios financieros necesarios para pagar los daños a las especies marinas protegidas y a los hábitats naturales que pueda causar un accidente. Esto indica ciertas buenas intenciones, pero no tiene en cuenta que muchos de estos daños son irreparables.

La UE no considera que racionalizar y reducir el consumo de gas y petróleo y reducir paralelamente los mercados energéticos sea una opción ni un camino a tomar.

¿Qué nos va a quedar?

Pues a este paso, nada. La misma lógica de desarrollo, que ha llevado a la escasez de materias primas, conduce a la realización de proyectos técnicamente cada vez más complejos, en lugares más remotos, y con la consecuente peligrosidad aumentada.

Cerrar ojos y oídos está a la orden del día para los gobiernos de Norte y de Sur. Dejar hacer. Y maquillar de verde: pretendiendo que toda iniciativa industrial y extractiva es sostenible, verde o renovable. Se sigue extrayendo petróleo, oro, uranio, cobre o hasta cultivando soja transgénica; para las empresas todo es “sostenible”. E incomprensiblemente, las políticas les apoyan. Y la sociedad civil cada vez tiene menos margen de denuncia, pues se empieza a restringir peligrosamente la libertad de expresión y opinión, así como a criminalizar a los movimientos sociales. Y la economía sigue por los suelos.

Si la mayoría de las grandes empresas están destinando gran cantidad de recursos a conformar su responsabilidad social corporativa, que en la mayoría de los casos consiste en burbujas de apariencias y buenas intenciones, aunque vacías, que paguen lo que deben a la sociedad y a la naturaleza. El caso más actual de los tres que hemos mencionado lo muestra claramente: los “responsables” de la compañía minera chilena sabían perfectamente que en el yacimiento San José no había vías de escape ni ventilación adecuada, ni la consolidación necesaria. Y las autoridades también, porque en varias ocasiones recibieron denuncias al respecto.

Mientras los ministros y presidentes se pasean por los lugares en los que han sucedido estas catástrofes, los ecologistas nos preguntamos quién va a ser la primera autoridad, alto cargo o propietario de transnacional en asumir la responsabilidad criminal de las diferentes tragedias personales y socioambientales, los traumas, la contaminación y la destrucción. Cada país se enfrentará a sus accidentes y tragedias de modo diferenciado. Lo que sí tendrán en común los desenlaces será, con toda seguridad, que los auténticos responsables no pagarán las consecuencias, sino los trabajadores de las minas o las plantas de producción, la población circundante y el medio ambiente. Y la impunidad seguirá su avance implacable en la sociedad global cuya economía global se dedica a producir bienes globales que desplaza por el globo arrasando con todo lo que se encuentra a su paso.

La respuesta está en no aceptar este tipo de proyectos, como ya sucede en miles de lugares en todo el Sur y el Norte global. La población está reaccionando. Nadie quiere las plantas industriales en su suburbio, las minas a cielo abierto en su reserva de bosque primario, las hidroeléctricas en su río, ni los vertidos nucleares en su patio trasero. Un mínimo porcentaje de todo esto es realmente necesario. Una de las claves está en reducir el consumo de energía y bienes. En vivir una vida más de acuerdo a la naturaleza, más cerca de la tierra, más amigable con el ambiente y con el otro. En replantear nuestra sociedad y las bases éticas sobre las que se asienta. Ahora o nunca.

Guadalupe Rodríguez. Salva la Selva

guadalupe@regenwald.org

Nota:

1 Hay casi 900 instalaciones en alta mar en funcionamiento en la UE: 486 en el Reino Unido, 181 en Países Bajos, 61 en Dinamarca, 2 en Alemania, 2 en Irlanda, 123 en Italia, 4 en España, 2 en Grecia, 7 en Rumanía, 1 en Bulgaria, y 3 en Polonia. Chipre y Malta en un futuro próximo.

sábado, 9 de octubre de 2010

El agua de Bhopal todavía es tóxica, 25 años después de mortal escape de gas

Indra Sinha, Randeep Ramesh y George Monbiot


The Guardian

Alrededor de la medianoche del 2 de diciembre de 1984, unas 40 toneladas de gases tóxicos envenenaron a los ciudadanos de Bhopal, India, una urbe del centro del país con más de 500.000 habitantes, en el peor desastre industrial de la historia. Los gases venenosos fueron vertidos en el aire nocturno, en un escape largamente previsto, por una planta química de insecticidas, en gran parte abandonada, de la corporación estadounidense Unión Carbide [“Unión Carburo”], ahora Dow Chemical.








Por negligencia y fallas de equipamiento escaparon gases de isocianato metílico, fosgeno, y otros altamente tóxicos, que mataron inmediatamente a un estimado de 8.000 personas. El número de víctimas mortales, atribuido a que “era de noche”, aumentó en las semanas y meses siguientes a 20.000 personas. Otros cientos de miles sufrieron daños, en muchos casos permanentes, como ceguera y afecciones del pulmón, hígado, riñón y sistema inmunológico. El Consejo Indio de Investigación Médica [ICMR, por su sigla en inglés] concluyó que más de 520.000 personas expuestas adquirieron venenos en su circulación sanguínea, causantes de diversos grados de daño a casi todos los sistemas de su organismo.



El desastre de 1984 puede haberse descolorado en la memoria del mundo, pero en Bhopal hasta hoy continúan naciendo niños con daños. Los restos de la misma fábrica que arrojó los gases tóxicos han estado dejando escapar sustancias químicas mortales en el agua potable de unas 30.000 personas. En las comunidades afectadas existen epidemias de enfermedad renal, cáncer y cientos de niños con daño congénito.



La escritora Indra Sinha, galardonada por su libro Animal’s People (Gente de Animal) sobre el desastre de Bhopal, explicó por qué sigue siendo un escándalo nacional el escape de gas que hace 25 años mató a 20.000 personas y continúa creando problemas de salud para incontables personas más: “La fábrica fue cerrada después de la noche del horror, pero adentro siguió teniendo miles de toneladas de pesticidas y basura tóxica. La Union Carbide nunca se molesto en limpiarla. Las sustancias químicas quedaron abandonadas en los almacenes abiertos al viento y la lluvia. Veinticuatro monzones han aherrumbrado y descompuesto la fábrica de la muerte. Las lluvias introducen los venenos profundamente en el suelo. Ingresan al agua subterránea, se filtran a los pozos y agujerean las tuberías. Permanentemente manan fluidos que se introducen en los cuerpos de la gente. Queman los estómagos, corroen la piel, dañan órganos y llegan a las matrices que alimentan a los niños en gestación, todavía nonatos. Si los bebés logran llegar vivos al mundo, los aguardan los venenos en la leche materna”.



Una encuesta de Greenpeace encontró substancial y, en algunas locaciones, severa contaminación de metales pesados y químicos clorados en la tierra y las fuentes de agua. Las muestras de agua subterránea extraídas de pozos alrededor del sitio mostraron presencia de químicos clorados, incluyendo cloroformo y tetracloruro de carbono, indicadores de una contaminación de larga data. Adicionalmente, en las muestras de suelo se encontró plomo, níquel, cobre, cromo, hexaclorociclohexano y clorobencenos. La contaminación total del sitio y de sus alrededores inmediatos se originó en derramamientos y accidentes rutinarios, mientras la fábrica estuvo en actividad, y las basuras tóxicas que siguen permaneciendo en el lugar todavía continúan emanando sustancias químicas.



El Centro para la Ciencia y el Ambiente de Delhi dijo que a más de tres kilómetros de la fábrica encontró agua conteniendo pesticidas en niveles 40 veces más altos que el estándar de seguridad indio. En un segundo estudio, la entidad británica Súplica Médica de Bhopal (BMA, por su sigla en inglés) encontró un cóctel químico en el agua potable local, con la presencia del agente carcinógeno tetrafluoruro del carbono en un nivel 2.400 veces más alto que las pautas de la Organización Mundial de Salud (OMS).



Ahora están afectadas las nuevas generaciones



La clínica local Sambhavna, financiada por la BMA, denunció que 1 de cada 25 recién nacidos muestra severos defectos de nacimiento, una tasa 10 veces más alta que la media nacional, incluyendo cojera, miembros torcidos o perdidos, sordomudez, daño cerebral, labio leporino y fisuras del paladar, dedos reticulados, parálisis cerebral y tumores ocupando el lugar de los ojos. La víctima Mohini Devi reclamó que sus niños y nietos experimentan defectos de nacimiento. “Mi preocupación real son mis nietos. Algunos ya han nacido sin los ojos. ¿Por qué es nadie hace ninguna cosa por nosotros?”, dijo.



Union Carbide Corporation –ahora Dow Chemical, tras una fusión en febrero de 2001– alega que el isocianato metílico (el gas que se escapó de la planta del pesticida de Bhopal) es su “secreto comercial” de 60 años de investigación (incluyendo experimentos con “voluntarios humanos"). Hay más que suficiente investigación para sugerir que Dow-Carbide ha bloqueado los esfuerzos de las víctimas para ayudarse reteniendo información, propagando información falsa y retirando fondos destinados a asistencia médica. El gubernamental Consejo Indio de Investigación Médica [ICMR], a su vez, detuvo en 1994 toda investigación de los efectos del gas sobre la salud y todavía no publica los resultados de 24 estudios de investigación realizados hasta ese año que implicaban a más de 80.000 supervivientes. Sigue permaneciendo indocumentado el aumento alarmante de cánceres, tuberculosis, dificultades reproductivas y retraso en el crecimiento de los niños nacidos después del desastre. La agencia oficial que monitoreaba las muertes se cerró en 1992.



En ausencia de información médica, no existen protocolos de tratamiento específico a los problemas multi-sistémicos derivados de la exposición a los químicos. En vez de eso, a millares de seres que buscan alivio y tratamiento médico en muchos lugares se les prescriben drogas ineficaces y a veces perjudiciales para el riñón. Sin embargo, desde 1996 la clínica de Sambhavna comenzó a ofrecer a los supervivientes una combinación de medicina moderna, tratamientos herbarios ayurvedic (medicina tradicional de la India), yoga y masajes. Financiada por donaciones privadas, la ONG británica Súplica Médica de Bhopal, proporciona gratis tratamiento, medicinas y monitoreo.



Mientras siguen dispersas hasta hoy toneladas de pesticidas venenosos y otros desechos peligrosos abandonados por la fábrica de Dow-Carbide, envenenando sibilinamente el agua subterránea y contaminando la tierra, la corporación y Warren Anderson, su ex jefe máximo (en inglés, CEO: chief executive officer), se han distanciado de “la gerencia de la compañía india”, culpando de eventual sabotaje a los empleados. Como consecuencia, el desastre hizo poco para afectar a Dow-Carbide. En febrero de 1989, después de forzar un acuerdo ínfimo de reparación –470 millones de dólares en respuesta a los 3 mil millones exigidos por el gobierno de India–, el precio de las acciones de “Unión Carburo” aumentaron en 44 centavos de dólar y volvieron al negocio como de costumbre. Los supervivientes de Bhopal recibieron una compensación pobre: la mayor parte consiguió 25.000 rupias (algo más de 500 dólares) para una vida de sufrimiento causado por el daño a sus pulmones, hígado, riñones y sistema inmunológico.



Dado los centenares de miles de víctimas muertas y heridas, el acuerdo significó menos de 9 centavos de dólar estadounidenses diarios, apenas el costo de una taza de té cada día, por más de un cuarto de siglo de sufrimiento inimaginable. No recibió ayuda ningunos de los miles de nacidos con defectos congénitos o enfermedades relacionadas con el gas y la contaminación actual del agua. Cuando Dow Chemical adquirió a la “Unión Carburo” sacó un comunicado de prensa negando responsabilidad adicional en el desastre y afirmó que el acuerdo fue “….generosamente bueno para un indio”.



Union Carbide Corporation (UCC) y Warren Anderson, entonces CEO de la UCC, resultaron inculpados de homicidio u homicidio culposo y en 1992 fueron declarados prófugos por la corte de Bhopal, después de varias ocasiones en que no asistieron a honrar el emplazamiento del tribunal. Warren Anderson fue arrestado brevemente en la India en 1984 y después huyó del país. El paradero actual de Anderson es considerado desconocido, pese a que se conocen públicamente sus residencias, una en el exclusivo suburbio de Hamptons, Nueva York. Ni el gobierno indio ni el gobierno de EEUU están dispuestos a apoyar acciones judiciales para el arresto de Anderson, ni para exigir responsabilidades a Dow-Union Carbide. De hecho, los luchadores indios que trabajan para exigir la responsabilidad de Union Carbide por sus acciones, denuncian que su gobierno declaró “segura” la fábrica ahora cerrada y apta “para abrirse como atracción turística”. El gobierno local de Bhopal también mostró negligencia en trabajar por cualquier clase de reclamación contra Union Carbide y, simplemente, dejó que continúen escapándose sustancias químicas desde la planta.



Satinath Sarangi, de la clínica Sambhavna de Bhopal, dijo que el gobierno ahora está trabajando por un contrato con Dow Chemical que permitiría una inversión de mil millones de dólares, y alega que dejará pasar por alto la obligación de Union Carbide de limpiar su derramamiento. “Todo esto es por el dinero. Los políticos de la India más bien deberían luchar por la gente que sufrió”, dijo Sarangi.



Fuentes contribuyentes:

– “Indian court issues arrest warrant for Warren Anderson, the former head of Union Carbide, in Bhopal gas leak case,” The Guardian UK, July 31, 2009,

http://www.guardian.co.uk/world/2009/jul/31/warren-anderson-arrest-warrant

– The Bhopal Medical Appeal, “Bhopal 1984 until Today,” ‘That Night’; “Bhopal’s Secret Disaster”; “Health Issues, Poisoned Water” The Bhopal Medical Appeal, Bhopal.org, December 1, 2009, http://bhopal.org/index.php?id=11&L=pkhhvjbblianb



Fuentes:

– Randeep Ramesh, “Bhopal Water Still Toxic 25 Years After Deadly Gas Leak, Study Finds,” The Guardian UK, December 1, 2009,

http://www.guardian.co.uk/world/2009/dec/01/bhopal-chemical-studies-toxic-levels

– Randeep Ramesh, “Bhopal marks 25th anniversary of Union Carbide gas disaster: Activists and survivors continue to fight for justice over gas leak which killed 20,000 and affected 600,000 others,” December 3, 2009, http://www.guardian.co.uk/world/2009/dec/03/bhopal-anniversary-union-carbide-gas#history-link-box

– Indra Sinha, “Bhopal: 25 Years of Poison,” The Guardian UK, December 3, 2009,

http://www.guardian.co.uk/world/2009/dec/03/bhopal-anniversary-union-carbide-gas#history-link-box

– George Monbiot, “Bhopal being poisoned all over again,” September 28, 2009, http://www.guardian.co.uk/environment/georgemonbiot/2009/sep/27/bhopal-poison



Estudiantes investigadores:

Abbey Wilson y Jillian Harbin, DePauw University



Evaluador académico:

Tim Cope and Kevin Howley, DePauw University.



Traducción: Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)



Fuente original: http://www.argenpress.info/2010/10/proyecto-censurado-2011-15-agua-de.html

Catástrofe ecológica en Hungría


Trabajadores arrojan yeso en la confluencia de los ríos Marcal y Raba para neutralizar la alcalinidad






No tiene caso retirar escombros de Kolontar; imposible, volver a vivir ahí: primer ministro





El vertido de lodo tóxico ocurrido en Hungría llegó ayer al río Danubio a través de uno de sus afluentes, el Raba, a la altura de la localidad de Gyor, a unos 120 kilómetros de Budapest, anunciaron las autoridades del país.

El barro rojo llegó primero al río Marcal, afluente del Raba, que a su vez vierte sus aguas en el Danubio, por lo que los científicos se están concentrando en contener la marea tóxica entre el Marcal y el Raba con la idea de que llegue la menor cantidad de residuos al Danubio.

En el punto en el que confluyen el Marcal y el Raba, los equipos de limpieza vierten yeso al agua para neutralizar los elevados niveles de alcalinidad de las aguas, que suponen una grave amenaza para los seres vivos.

Los niveles de ph –que miden la acidez o alcalinidad de las aguas– en la confluencia de ambos ríos han subido hasta 9.3 puntos, informó el vocero del Servicio de Desastres, Tibor Dobson. La escala de ph se establece entre 0 y 14 puntos, siendo el valor neutro de 7 el más adecuado para la vida. Por arriba de 7 el agua es alcalina.

Por el momento, no se han encontrado signos de daños naturales en el Danubio. En cambio, en el río Marcal murieron todos los peces de la zona afectada por la avalancha tóxica.

El servicio de Protección Civil húngaro aseguró que la masa tóxica aún no ha afectado las reservas acuíferas del subsuelo en las zonas anegadas y aseguró que la muerte de peces se limita al río Marcal.

Los ecologistas esperan consecuencias de largo plazo. Según dijeron, todavía es difícil determinar la verdadera dimensión de la catástrofe, ya que aún no se conoce la composición química del lodo ni su contenido enmetales pesados.

Para constatar los daños, el primer ministro, Viktor Orban, visitó este jueves la localidad de Kolontar, una de las poblaciones contaminadas con lodo. Después de observar el panorama dijo que no tiene sentido retirar escombros del pueblo porque resultaría imposible volver a vivir ahí. Es una catástrofe sin precedentes en Hungría, agregó. Un error humano fue la más probable causa. El muro del depósito de bauxita no se desintegró en un minuto y debió haberse detectado.

En ocho países temen contaminación

El Danubio, segundo río mayor de Europa después del Volga, que atraviesa Rusia, forma una sinuosa ruta por diez países, aunque sólo en Eslovaquia, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania, además de Hungría, se temen catástrofes ecológicas por la contaminación con bauxita proveniente del río Marcal, en territorio húngaro. Austria no fue afectada porque los daños al cauce comienzan en un punto posterior a la zona fronteriza austro-húngara.

Tras su paso por Viena, el Danubio cruza otras tres capitales de Europa del este: Bratislava, Budapest y Belgrado. Las capitales húngara y serbia, así como medio centenar de ciudades y pueblos podrían resultar afectados por la alta tasa de alcalinidad generada por metales pesados componentes del lodo rojo que reventó el depósito de la productora de aluminio Mal, el lunes, en el oeste de Hungría.

Sólo en Alemania, donde nacen los arroyos que forman el cauce del Danubio en una zona boscosa y montañosa, el agua es utilizada para consumo humano, prácticamente sin tratamiento. Los otros nueve países por donde sigue el río –con unas 60 afluentes– tienen problemas para controlar la contaminación del líquido que desemboca en forma de delta en el mar Negro. El río de dos mil 800 kilómetros es navegable por diferentes tipos de embarcaciones hasta ciudades alemanas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/10/08/index.php?section=mundo&article=025n1mun

http://www.jornada.unam.mx/2010/10/08/index.php?section=mundo&article=025n3mun

sábado, 2 de octubre de 2010

Reportaje a Hugo Blanco en Miradas al Sur

"Ahora la lucha es cultural y medioambiental”

Por Francisco Yofre


fyofre@miradasalsur.com



Blanco empezó a militar en Palabra Obrera. Durante su vida emprendió 14 huelgas de hambre y fue deportado de varios países. (JUAN ULRICH)

Hugo Blanco, líder campesino peruano, formado en el trotskismo argentino, es un referente de esa corriente política. De paso por Buenos Aires, analiza el poder indígena, el peronismo y el conflicto con el campo.

Un puñado de brasileños deambula por el lobby del hotel. Bullicio, ansiedad, cámaras de fotos y el chasquido de una lata de cerveza que se abre componen una pequeña escena del hiperconsumo occidental. Revolotean en su mundo hasta que algo los sorprende y los congela un instante. Un señor mayor cautiva su atención. Lo observan curiosos. Es un abuelo que lleva un sombrero de paja, un abrigo de lana, sandalias, un morral cruzando su pecho y manos arrugadas como pergaminos milenarios. Es Hugo Blanco Galdós. Los turistas vuelven a su rutina viajera. El grabador se enciende y el abuelo abre fuego: “En las comunidades indígenas está el doble poder que los trotskistas siempre alentamos. Hace 500 años que el poder de las comunidades indígenas y campesinas se enfrenta con el poder del consumismo. Esa lucha, esa contradicción es una de las llaves para derrotar a la locura capitalista”, arremete Blanco, el dirigente que encabezó en Perú, a fines de los ’50, una de las mayores reformas agrarias que haya conocido la Historia, y que hoy es considerado un mito viviente por centenares de luchadores sociales en el mundo.

Blanco está en Buenos Aires para presentar su último libro, Nosotros los indios, recientemente publicado por Editorial Herramienta. “Hablo de indios porque así nos llaman peyorativamente. Es un látigo con el que nos azotan la cara. Como digo en el libro, recojo ese mismo látigo ya que detesto las palabras suaves”, subraya mientras levanta sus canosas cejas.

La obra recopila varios textos suyos que revelan el devenir de un personaje poseedor de una valentía tal que lo ha llevado a emprender 14 huelgas de hambre, dirigir levantamientos armados, ser deportado varias veces, ser electo como diputado y senador y estar preso tantos años que ya ni recuerda cuántos han sido. La historia cuenta que uno de los penales en los que pasó más tiempo es el de la Isla del Frontón, un presidio alejado de las costas peruanas y al que se llega luego de superar fuertes corrientes marinas. En esa cárcel, cada vez que sube la marea el agua entra a las celdas y llega hasta el cuello de los reclusos. “Sí, sí, de eso sí me acuerdo”, apunta risueño.



Blanco es un militante de toda la vida que se formó políticamente en nuestro país en la década del ’50 cuando llegó de su Cuzco natal para estudiar Agronomía. En la universidad ingresó a Palabra Obrera, la agrupación trotskista que conducía Nahuel Moreno, un dirigente histórico de esa corriente ideológica en la Argentina. Pero la facultad no le gustaba ya que, según relata, “era un lugar demasiado antiperonista” y se proletarizó entrando a trabajar en un frigorífico de Berisso, cerca de La Plata.



“En junio de 1955, cuando se produce el primer intento de derrocamiento de Perón, nos subimos a un camión para defender al gobierno del General. Cuando pasamos por una escuela le pedí a la directora que me prestara la bandera argentina que estaba izada en el patio para llevarla a la Plaza de Mayo. Me la dio con la promesa de que la devolviera a la vuelta. Por supuesto que así lo hice. Esa experiencia y ese recuerdo es lo que me permite valorar muchas cosas del pueblo peronista. Creo que tenía, no sé si ahora será igual, una fortaleza tremenda digna de admiración”, rememora sobre aquellos años platenses.

–¿Cómo se plasma en su militancia la formación trotskista con ese apego por el peronismo y la lucha indígena y campesina?



–Mi experiencia en las comunidades indígenas me ha mostrado que en ellas hay varios elementos de una sociedad socialista. Por ejemplo, los problemas comunitarios no los resuelve una persona o un grupo de personas, sino el conjunto. Algo que para las comunidades es obvio pero que en las sociedades capitalistas es todo lo contrario, ya que un grupo decide sobre los problemas de todos.



–¿Cuán realista es esa opción en pleno siglo XXI?



–Es absolutamente posible. Así funciona hoy en día la organización política en las comunidades y así funcionaba en toda América hasta que llegó la colonización con sus problemas capitalistas. Han pasado 500 años y los indígenas seguimos allí, planteando un contrapoder al capitalismo reinante. Yo lucho para que ese poder de las comunidades, el de abajo, el que plantea la ruptura con el orden, tenga cada vez más fuerza. ¿Hay algo más trotskista que eso? En muchas regiones del Perú y de buena parte de América latina, los guardias civiles y el Estado capitalista no entran a nuestras zonas de influencia. Es el caso de Chiapas, el caso de los kunas en Panamá, el de la región del Cauca en Colombia y decenas de lugares más. En los últimos años estas comunidades han adquirido un sano poder que antes no tenían. Hay una dinámica muy favorable. Evo Morales y Rafael Correa en Bolivia y Ecuador son reflejos de este proceso. La lucha más abierta es en las comunidades ecuatorianas amazónicas y, en menor escala, en las comunidades serranas o costeñas de ese país. En los últimos años hay un gran ascenso de los indígenas. Y ahora muchas de las organizaciones se enfrentan a estos gobiernos exigiéndoles más. Eso yo lo veo muy bien. En Otavalo, Ecuador, hace poco se hizo la reunión del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) exigiendo que se construya el Estado plurinacional que la misma Constitución dice que hay que hacer.



–Sin embargo, muchos integrantes de pueblos originarios andinos viajan a los Estados Unidos y con las remesas que envían, sus familias hacen construcciones estilo Miami en plena sierra.



–Eso existe, es verdad, pero también peleamos contra eso dentro de nuestras comunidades. Muchos compañeros si pudieran ser como Michael Jackson, se sacarían la piel. Es una mentalidad muy fuerte pero creo que comienza a revertirse. Así como en los Estados Unidos antes era algo malo ser negro, luego de las rebeliones, ser negro comenzó a ser bello. Con las rebeliones empiezan los cambios. Cuando no hay rebelión todo es más pasivo y la colonización avanza. En momentos de bajo conflicto las mujeres que van a trabajar o a una entrevista laboral a Lima dicen que no habla quechua y que sólo saben castellano. Son conscientes de que en caso contrario les van a pagar menos. Sin embargo, lentamente la cosa se está dando vuelta pero se avanza despacio. En Perú venimos de una guerra entre las fuerzas armadas y la guerrilla que fue fratricida. Los militares asesinaron a casi 70 mil indígenas, muchos de ellos grandes dirigentes que no tenían nada que ver con las organizaciones armadas, y por eso sentimos el retroceso.



–En su libro señala que la batalla ahora es cultural y medioambiental, ¿cómo es eso?



–Absolutamente. Es medioambiental en sus fines y cultural en sus medios. Cultural por la reivindicaciçon de la hoja de coca y su contenido sagrado y ancestral contra la denigración que hace el capitalismo al asociarla con la cocaína. Otro punto es el idioma que nos han robado. Allí se ve un ejemplo de cómo el capitalismo es un sistema opresor. El castellano es sexista. Si en un lugar hay 300 mujeres y un solo hombre, se habla de un “nosotros”. En el quechua se usa la palabra runa que no distingue entre varones y mujeres. En las comunidades, ahora se utilizan cada vez menos nombres como Walter o William y más nombres como Urpi. Otro ejemplo son los monumentos nuevos como el de Túpac Amaru, el de los cuatro hermanos Ayar, el de las cuatro campesinas levantando una carga o el que representa a un grupo de agricultores. En lo cultural está la gran batalla y es allí donde más queda expuesta la tensión del doble poder.



–¿Y por qué medioambiental?



–Antes, desde el marxismo y el trotskismo, luchábamos por una sociedad igualitaria. Pero ahora he cambiado. Ya no creo que sea la clase obrera la única sepulturera del capitalismo, tal como decía Marx. Ahora está en juego la salvación de la especie humana. Porque si no derrotamos al sistema capitalista nos van a matar a todos, incluidos los capitalistas. La minería que envenena a la gente, la desaparición de bosques y selvas, la agroindustria que depreda la tierra son algunos ejemplos de cómo se daña a la Madre Tierra. No es que esté en contra del desarrollo. En realidad es la misma lógica del marxismo adaptada al hoy. No reniego de que haya minería, que haya centrales termoeléctricas, que haya un campo de aviación en las sierras, pero siempre y cuando sea la humanidad la que decida sobre sí misma y pondere qué cosas son buenas y no pongan en peligro a la Madre Tierra. Ese cuidado a la Pachamama subvierte los valores capitalistas de dañar el planeta para obtener ganancia lo más rápido posible a costa de todo. Elinor Ostrom, la Premio Nobel de Economía del año pasado, agradeció a muchas comunidades indígenas norteamericanas, ya que le habían mostrado cómo se podía administrar la economía teniendo en cuenta a la séptima generación de sus descendientes. Ellos dicen que si hay una obra que puede perjudicar a sus tátaratataranietos no se hace. El capitalismo, como se ve, es todo lo contrario. Y no es que hay capitalistas buenos y capitalistas malos, es así intrínsecamente. Si una multinacional desiste de una obra porque va a provocar un agujero en la capa de ozono, viene otra multinacional y la lleva adelante.

–Pero no todas las naciones tienen el mismo peso de su componente campesino e indígena. Aquí en Argentina la gravitación de esa población es menor.



–Seguro, pero el doble poder aquí también existe. Yo creo que donde más se ve es en las fábricas recuperadas. Ahí se está construyendo poder. La apuesta creo que pasa por fortalecer estos ámbitos como comunidades y fábricas recuperadas, su¬mando algunos sindicatos y estudiantes para derribar al capitalismo. Sabemos que tarde o temprano iremos a una disputa violenta y armada y así será. Aquella frase de Marx de que “la violencia es la partera de la historia” sigue vigente.

Tierra o muerte. En 1958, Blanco, junto a la comunidad cuzqueña, dejaron de pagar la arrienda al hacendado y exigieron que la tierra fuera para quien la trabajara. Así estuvieron nueve meses hasta que lograron tener sus parcelas. Anteriormente hubo paros reivindicativos pero esa vez el paro consistía en trabajar la tierra para ellos. El enfrentamiento se hizo armado. La resistencia indígena campesina triunfó y el gobierno peruano reconoció esa reforma agraria. El levantamiento de Cuzco contagió al resto del Perú y así se logró toda una revolución rural que ha convertido a esa nación andina en uno de los países con mayor cantidad de pequeños propietarios.



–Aquí hace poco hubo un importante conflicto entre las cúpulas del campo y el Gobierno Nacional, ¿lo pudo seguir?



–Sí, claro, y muy de cerca. Esa gente de la Rural es depredadora no sólo de sus grandes campos sino de la Madre Tierra a través de la soja. Desde ya que acuerdo con que paguen impuestos. También seguí al trotskismo local y sus posturas en ese conflicto. En fin... me parece inaudito que un revolucionario esté defendiendo a los grandes patrones. No sé por qué lo habrán hecho. Probablemente porque son antikirchneristas y entonces están a favor de todo lo que esté contra el Gobierno. Yo me formé con Nahuel Moreno y con él, mas allá de que nunca fuimos peronistas, siempre luchábamos contra la oligarquía y los patrones, muchas veces junto a los peronistas.

Blanco se ha quedado sin municiones verbales. El contingente brasileño regresa de su paseo turístico pero ya no le llama la atención ese abuelo que a sus 76 años sigue militando para minar las bases del sistema capitalista. No le prestan atención, pero el doble poder ha vuelto a caminar por el lobby del hotel.



Título: Nosotros los indios



Autor: Hugo Blanco



Edi¬t.: Herramienta-La Minga



Año: 2010. 239 págs.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Lukács y Marx contra el “ecologismo acrítico”: por una ética ambiental materialista

 João Leonardo Medeiros - , Eduardo Sá Barreto Revista Herramienta

1. Introducción 


Es seguro afirmar que la preocupación por la inminente crisis ambiental es hoy generalizada. Además de los desastres ambientales provocados por los seres humanos –como los casos de derramamiento de petróleo del Amoco Cadiz en la costa francesa y del Exxon Valdez en el Golfo de Alaska, la tala de árboles en el Amazonas, el accidente nuclear en Chernobil–, la intensidad y el número de eventos extremos llamados naturales exhiben cada vez más su carácter antropogénico. No sorprende, de esa forma, que la temática ambiental haya provocado reflexiones en diversos sectores de la sociedad.

Aunque restrictas en número y en capacidad de movilización, es posible identificar formulaciones teóricas de los problemas ambientales que se inspiran en análisis radicalmente críticos de la sociedad (i.e., en Marx y en el marxismo). Autores como Foster (2002) y Burkett (1999) ya establecieron, a nuestro juicio con éxito, el vínculo entre la dinámica propia de la formación socio-económica vigente y los innumerables fenómenos de degradación ambiental. Incluso así, continúa prevaleciendo en el debate sobre el tema lo que llamaremos ecologismo acrítico (o presentista): el ecologismo (estudio científico de la relación entre la vida social y el ambiente natural) que se distingue por la pretensión de superar los problemas ambientales en el interior de la formación social en que vivimos, la sociedad regida por el capital.

Nuestro objetivo en este artículo es llamar la atención sobre una debilidad fundamental del ecologismo acrítico: el desdoblamiento de las preocupaciones ambientales en preceptos éticos abstractos. El problema, en este caso, reside en el hecho de que la ética en que se resuelven las teorías del ecologismo acrítico es simplemente postulada, sin que sea investigada su relación con los presupuestos objetivos de la práctica social que pretende realizar los valores que le dan forma. Buscaremos demostrar, a lo largo de las próximas secciones, que los valores no son entidades meramente subjetivas, que pueden ser enunciadas de modo arbitrario, de manera que el ecologismo acrítico padece de un problema de origen.

Más detenidamente, el punto a sustentar es que los valores son condiciones objetivas de la práctica social, cuyas condiciones de realización pueden y deben ser investigadas. Por otro lado, procuramos defender la concepción, inspirada en una relectura de la crítica social de Marx, de que, en la sociedad capitalista, todos los valores, inclusive aquellos presupuestos en la “ética ambiental” implicada por el ecologismo acrítico, tienen su realización subordinada a una especie de ética objetiva: la ética del capital. Eso hace que el problema teórico del ecologismo acrítico adquiera una expresión práctica: el error teórico de postular valores se convierte en un problema de realización de los valores porque los valores postulados se demuestran incompatibles con los valores que caracterizan la sociedad del capital en el plano ético-moral.

El argumento arriba esbozado es desarrollado en tres secciones, además de la conclusión. La sección que sigue presenta una síntesis bastante general de las principales ideas, normalmente asociadas a la noción de desarrollo sustentable, que aquí reunimos bajo el término de ecologismo acrítico. En la tercera sección del artículo, buscamos apoyo en Lukács para demostrar que la ética, la moral y los juicios de valor, aunque involucren nítidamente la subjetividad humana, poseen una raíz objetiva insuperable. En la cuarta sección recurrimos a Marx, en una interpretación obviamente no exhaustiva, para defender la noción de que la “dominación abstracta” de la humanidad por el capital descripta en su principal obra contiene un momento ético: la subordinación de los objetivos humanos al valor (tiempo de trabajo).[1]



2. El ecologismo acrítico y la hipervalorización de la subjetividad



La teoría social en general y su subconjunto que aborda las cuestiones ambientales casi siempre recurren, como fundamento teórico y como certificado de prestigio, a las teorías económicas. Si se trata de representar aquello que denominamos “ecologismo acrítico” es, por lo tanto, en el pensamento económico volcado a las cuestiones ambientales donde se encuentra el material bruto. Es preciso reconocer, sin embargo, que en el interior de la Economía hay un corte significativo en cuanto a la forma de entender las cuestiones relacionadas a la degradación del medio ambiente. De un lado, hay una línea ortodoxa, que atribuye a la ausencia de determinados incentivos de mercado la causa de los principales problemas ambientales. La construcción teórica, en este caso, se convierte en justificativo y sugestión de mecanismos (incentivos) que faculten la extensión de la lógica del mercado a situaciones en las cuales éste todavía opera claramente de modo eficiente. Siendo adoptados los incentivos correctos, se cree, los individuos redireccionarían sus prácticas dilapidadoras hacia un sentido sustentable.[2]

Aunque el abordaje arriba indicado predomine en el interior de la ciencia económica, existe una corriente que procura tratar la temática ambiental en términos alternativos. Esa línea se distingue por la defensa de la producción y del consumo conscientes, basados en una nueva ética. En otros términos, la resolución de la crisis ambiental estaría asentada sobre una transformación ética generalizada, que estaría directamente enfocada hacia las prácticas individuales. El análisis que realizaremos a lo largo de este artículo se concentra en esa segunda vertiente, aunque las críticas aquí realizadas puedan ser también extendidas de modo integral, con las debidas mediaciones, a las formulaciones ortodoxas. Tal opción se justifica por el hecho de que, en esa segunda versión del ecologismo acrítico, la ética ambiental es formulada de modo abierto y consciente en lugar de ser simplemente asumida, como en la vertiente ortodoxa.

Comencemos por la recomposición de los antecedentes del ecologismo acrítico y del contexto que favoreció su desarrollo. En cuanto a los antecedentes, podemos recurrir a la síntesis de Smith (1996), en la cual el autor apunta que el cuestionamento del crecimiento económico como un fin en sí mismo ya está presente en las formulaciones de pensadores como Sismondi, Ruskin, Hobson y Tawney. El autor recurre, por ejemplo, a la noción de bienestar orgánico de Hobson: un estado en el cual una serie de valores no económicos (artísticos, religiosos etc.) son tenidos en cuenta en la actividad económica. En la opinión de Smith, este estado debería ser anhelado como el fin de la producción, en oposición al objetivo, ilimitado a priori, de expansión de la producción procurando el lucro (Ibid: 203-204). El autor recurre a Sismondi, haciendo uso del conocido cuento de Gandalin (el aprendiz de hechicero), para destacar la posibilidad de que la utilización intensiva de una maquinaria cada vez más eficiente en el proceso productivo termine por inundar el medio ambiente con una producción incesante y, en buena medida, superflua. (Ibid: 189-190)

Para Smith, el impulso por la ampliación irrestricta de la producción (y la degradación ambiental que la acompaña) está intimamente asociada a un determinado conjunto de valores sin conexión directa con lo que serían las reales necesidades de los seres humanos. Por sustentar tales valores, los individuos conducirían la producción social en un sentido antiecológico, perdiendo la oportunidad de economizar recursos al utilizar los avances tecnológicos de forma dilapidadora. Small e Jolland (2006) retoman esa idea al presentar dos mitos griegos para tipificar de qué manera el desarrollo económico, tomado como un fin en sí mismo, puede crear problemas ambientales irreversibles.

Con el mito de Prometeo, los autores procuran representar el dominio de la humanidad sobre la naturaleza, posibilitado por el progreso tecnológico. Para representar los riesgos implicados en tal progreso, esto es, la posibilidad de liberar males desconocidos y desencadenar una sucesión de eventos con efectos inesperados y potencialmente adversos, los autores recurren al mito de Pandora. El acesso a la dominación de la naturaleza por los seres humanos tendría, en fin, un carácter dual de brindar mayor confort y simultáneamente posibilitar la transformación de la naturaleza de forma imprevisible y a veces hasta irreversible. (Ibid: 348-349)

Como nos muestra Smith, la preocupación en torno de la interacción establecida entre sociedad y naturaleza ya se hace presente en formulaciones económicas del siglo XIX y del inicio del siglo XX. El tratamiento sistemático de esas ideas ocurre, no obstante, a partir de la década de 1970. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Ambiente Humano, realizada en Estocolmo en 1972, es normalmente reconocida como el primer momento en que las cuestiones ambientales entran efectivamente en la agenda internacional (Sachs, 2002: 48). Sin embargo, el principal marco para el reconocimiento formal de la urgencia en alcanzar una sociedad ambientalmente sustentable es la publicación, en 1987, del relatorio intitulado Nuestro Futuro Común (CMMAD, 1991), posteriormente reforzado por el encuentro de la cumbre de Río de Janeiro de 1992.

Desde entonces, un amplio conjunto de propuestas conquistó espacio, amparadas por el creciente entendimiento científico de los impactos humanos sobre el deterioro de las condiciones de la vida en la Tierra. Eso se manifiesta en la expansión del número de proyectos inspirados en una (alegada) responsabilidad ambiental y en una tendencia de alteración de hábitos de los consumidores y hasta de algunos nichos del sector productivo. Podemos situar en el así llamado tercer sector algunos de los ejemplos más representativos de la esperanza que es depositada en la modificación de hábitos individuales.

En el documento intitulado How to Save the Climate (Greenpeace, 2007), por ejemplo, encontramos una extensa lista de pequeñas modificaciones a ser realizadas en lo cotidiano para revertir el proceso de calentamiento global. Las consignas son: “¡Esté mejor informado!”, “¡Comience por usted mismo!”, “¡Intente convencer a otras personas de hacer lo mismo!” (Ibid.: 10). Eso no difiere mucho de la campaña ambientalista reciente de Al Gore. Según el ex vicepresidente norteamericano, ante la crisis ambiental,

“(...) es fácil sentirse masacrado e impotente, sin confianza en que los esfuerzos individuales puedan realmente tener un impacto. Mas precisamos resistir a esa reacción, pues esta crisis sólo va a tener fin si nosotros, como individuos, assumimos la responsabilidad por ese problema. Procurando informarnos e informar a los otros, haciendo nuestra parte para minimizar el consumo y el desperdicio de recursos, volviéndonos más activos políticamente y exigiendo cambios –entre muchas otras maneras–, cada uno de nosotros puede hacer la diferencia.” (Gore, 2006: 317)

También podemos encontrar el ideal de la sustentabilidad en diversas propuestas de políticas públicas que buscan la adopción de modelos económicos y sociales amparados en una ética de la sustentabilidad. En Canadá surgió una de las primeras propuestas de modelo de desarrollo con restricciones al crecimiento económico e incentivos al uso más eficiente de los recursos naturales disponibles.[3] El gobierno holandés, a su turno, propuso el primer plan nacional de orientación del desarrollo hacia la obtención de mejoras cualitativas en la cuestión ecológica.[4] El plan holandés prevé una división considerada más eficiente de costos privados y sociales de la actividad económica (inclusive en un sentido intergeneracional), supuestamente penalizando las prácticas contaminantes y desalentando de varias formas el uso no sustentable de los recursos naturales. De manera todavía más amplia, está el reconocimiento de la ONU sobre la importancia de directrices sustentables (cuidado de todas las formas de vida, por ejemplo), registradas en la propuesta conocida como Earth Charter.

La Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD, 1991) considera que el desarrollo sustentable debe ser un proceso capaz de armonizar crecimiento económico, inversiones, avance tecnológico, etcétera, con la explotación de los recursos y del medio ambiente en general. En este mismo sentido, Sachs (1986; 2002: 52) afirma, basado en un criterio de equidad, la imposibilidad de suspender el crecimiento económico, que “[…] debería ser socialmente receptivo e implementado por métodos favorables al medio ambiente, en vez de favorecer la incorporación depredatoria del capital hacia la naturaleza [sic.] al PIB”. Daly (2007), a su vez, alerta que el crecimiento económico presupone el empleo de recursos naturales, que sólo debería ocurrir si su utilización fuese mantenida al menos constante o en un ritmo que permitiese su renovación. Un crecimiento de esta naturaleza sería posibilitado por la creciente eficiencia tecnológica aliada a una reorientación moral en el sentido de producir y consumir sólo mediante metas cualitativas definidas (Ibid: 57-59; Daly & Townsend, 1996: 155-157)

De acuerdo con Schumacher (1996a; 1996b), un nivel reducido de consumo para la atención de las necesidades básicas parece ser uno de los objetivos cuya realización todavía es distante del tiempo actual, en que la lógica de lo excesivo tiende a comandar todos los aspectos de nuestras vidas. Transformar los valores asociados al consumo es, para él, condición sine qua non para una sociedad sustentable. El autor recurre al budismo y al cristianismo (o al menos, a su entendimiento de esas concepciones teológicas) para generar su concepto de consumo consciente, basado en la simplicidad y en el freno del “deseo por más”. Desde el punto de vista ético, eso implica una redefinición – tomando como base la formulación utilitarista– de la noción de bienestar como una condición alcanzada con el mínimo de consumo, no con el máximo. Tal revisión de valores (ética) y comportamientos (moral) y las consecuentes modificaciones en el consumo generarían modelos sustentables de uso de los recursos naturales, supuestamente invirtiendo las tendencias actuales a la degradación completa.

Como se puede percibir, las propuestas analizadas se resumen en la defensa del control consciente de la producción, de la utilización de los recursos y del consumo privado (en este caso, el control sería individual). Es bien cierto, por un lado, que esas propuestas cumplen un papel importante al exponer los modelos actuales de producción, consumo, polución y degradación ambiental. Por otro, es nítido el entendimiento general de que la reversión de esas tendencias ocurriría por medio de la transformación ética (y de la moral). La defensa de una nueva ética, por consiguiente, se basa en la creencia de que la producción, aunque sometida a la lógica capitalista, sería subordinada a los designios de una conciencia radicalmente renovada, ecológicamente responsable, comprometida con la sustentabilidad ambiental. El eslogan que sintetiza esta línea de razonamiento, en fin, es el siguiente: si frenamos nuestro ímpetu consumista y modificamos nuestros hábitos derrochadores, todo el resto se ajusta automáticamente.

No parece absurdo sugerir, a partir de la síntesis expuesta arriba, que las concepciones del ecologismo acrítico abren una grieta que fracciona radicalmente la existencia social entre la subjetividad, de un lado, y las condiciones objetivas, de otro. Por ejemplo, jamás se cuestiona la relación entre los valores antiecológicos y la conciencia dilapidadora y las necesidades de la reproducción social. Además, la ética es encuadrada en el campo subjetivo, como una idea formada de modo libre e irrestricto en la conciencia de los individuos. Se trata, en este caso, de un doble equívoco: el de apartar enteramente la objetividad y la subjetividad y el de considerar la ética como algo exclusivamente subjetivo. Infelizmente, el espacio limitado del texto sólo nos faculta a realizar la crítica de esta última concepción.



3. Lukács y los fundamentos de la defensa de la ética materialista



Volvamos ahora a la forma como Lukács defiende el carácter ontológico de los valores como la base de la construcción de su ética materialista.[5] El punto de partida de ese argumento es la demostración de que los valores son momentos que no se pueden eliminar de las prácticas humanas. Para eso, el autor examina detenidamente la forma de práctica humana originaria, que sedimenta (como “modelo” ontológico) todas las modalidades de la acción humana: el trabajo.[6]

Siguiendo la conocida descripción (marxiana) del trabajo, Lukács (2004: 60) observa que el trabajo se distingue como forma de práctica típicamente humana por constituirse en esencia de la objetivación de una finalidad previamente definida, i.e. de la materialización de una idea. En una acepción abstracta, independiente de cualquier forma histórica concreta, se puede describir el trabajo como la práctica que procura objetivar un valor-de-uso o simplemente un valor asociado a la satisfacción de las necesidades materiales de los seres humanos. Valor-de-uso puede ser dicho valor en el sentido general de finalidad, propósito, carencia perseguida por la práctica humana, y no en el sentido específico de tiempo de trabajo socialmente necesario, que es determinación específica de la producción capitalista.

Lukács reconoce incluso, como Marx, que, una vez puesta la finalidad que conduce el trabajo (i.e., el valor-de-uso a ser producido), es preciso que el proceso de trabajo sea compatible con su objetivación. (Ibid: 90) Desde el punto de vista ético, eso significa que el nexo entre el valor y el deber-ser (la práctica que debe-ser compatible con la realización del valor) ya se presenta como momento indispensable del trabajo, incluso en sus formas más primitivas. También este aspecto, o sea, el hecho de contener una ética (valor) y una moral (deber-ser), distingue la práctica humana del trabajo (y la práctica humana en general) de las actividades análogas de los animales. En la naturaleza, como dice Lukács, hay emergencias y satisfacciones, pero no valores. (Lukács, 1979: 86; 2004: 143)

El trabajo, en suma, ya presupone en su interior, inicialmente como momentos subordinados, el campo de la ética y de la moral, el valor y el deber-ser. El hecho de que el valor y el deber-ser sean presupuestos del trabajo está directamente ligado al carácter teleológico, intencional de la actividad humana. Para ser más claro: es porque el trabajo es una actividad destinada a realizar una finalidad previamente definida que no sólo esa finalidad emerge como guía directriz de todo el proceso de objetivación (como ética), sino también como la base del comportamiento de quien trabaja (como moral) y como criterio para juzgar la adecuación de la práctica (juicio de valor). En los términos de Lukács: “toda praxis, incluso la más inmediata y la más cotidiana, contiene en sí esa referencia al acto de juzgar, a la conciencia, etcétera, visto que es siempre un acto teleológico, en el cual la posición de la finalidad precede, objetiva y cronológicamente, la realización”. (Lukács, 1979: 52)

Es preciso, en este punto, introducir una categoría fundamental en la inspección lukácsiana de la praxis humana: la alternativa. El trabajo (en verdad, el obrar humano), además de ser caracterizado como realización de una finalidad preconcebida, debe ser comprendido como elección entre alternativas concretas. En todo acto humano no sólo una finalidad (valor) sino un curso de acción (deber-ser) y todos los otros medios necesarios para realizarla objetivamente en un mundo en sí insensible en relación a los designios humanos son elegidos, y otros negados. (Lukács, 2004: 88-89) Reconocer ese carácter de elección entre alternativas nos permite revelar, finalmente, el fundamento objetivo de los valores y partir de ellos, de los deberes-ser y juicios de valor.[7]

Abstrayendo de todas las importantes cuestiones relacionadas a la formación de la subjetividad necesaria para desarrollar esa práctica que elige alternativas, se puede percibir que la propria elección depende del hecho de que el mundo contenga en su configuración objetiva posibilidades todavía no explicitadas y que jamás se explicitarían a no ser por la realización exitosa de la práctica humana. Eso significa que aquello que es afirmado o negado como valor en el interior de una práctica específica es la explicitación o la negación de una posibilidad del mundo reconocida por la subjetividad humana y objetivada a través de la propria praxis. La conclusión es que el fundamento objetivo de los valores es la labilidad propia de la existencia tanto natural como social. (Ibid: 88-90)

Por otro lado, si la realización exitosa de la práctica depende no sólo de la elección de los medios adecuados sino también de la correcta ejecución (de la conducta adecuada), podemos reconocer que la elección entre alternativas también envuelve el curso de acción en el trabajo, el proceso de trabajo. Por consiguiente, es imprescindible que, en su práctica, los sujetos reconozcan y elijan los cursos de acción que se ajustan a la realización de la finalidad puesta al inicio idealmente. Con el desarrollo de la praxis humana, las formas de conducta adecuadas se cristalizan como deberes-ser sociales y, en esta configuración, como la base de los juicios de las prácticas individuales y sociales. Es exactamente con ese razonamiento que Lukács desarrolla la demostración del carácter objetivo de los valores en la demostración del carácter objetivo del deber-ser y de los juicios de valor. (Ibid: 98-99)

Además, en su análisis del trabajo, Lukács, como Marx, señala que el desarrollo de la praxis involucra la explicitación de las “potencias adormecidas” en la naturaleza humana. Ese reconocimento de la capacidad del ser humano de desarrollar (por el condicionamiento, por la educación, por el entrenamiento) habilidades contenidas en la corporalidad y en la subjetividad humanas que inicialmente eran sólo posibilidades tiene importancia fundamental no sólo para la ética, sino para la propia concepción marxiana del ser humano.

El ser humano se distingue de todas las formas de vida por reconocer de algún modo la labilidad presente en su propia constitución biológica y desarrollarla por la práctica, por el accionar teleológico. El momento originario de ese desarrollo es precisamente el trabajo y es por eso que el análisis de esta modalidad de praxis se revela tan fecunda para el entendimento de la especificidad del ser social. En las palabras de Lukács:



“(...) el trabajo es antes que nada, en términos genéticos, el punto de partida de la humanización del hombre, del refinamiento de sus facultades, proceso del cual no se debe olvidar el dominio sobre sí mismo. Además, el trabajo se presenta, por un largo tiempo, como el único ámbito de ese desarrollo; todas las demás formas de actividad del hombre, ligadas a los diversos valores, sólo se pueden presentar como autónomas después de que el trabajo alcanza un nivel relativamente elevado.” (Lukács, 1979: 87)



No se puede jamás olvidar que el trabajo es tomado aquí “simplemente” como modelo ontológico de las diferentes modalidades de práctica social. Las prácticas humanas (inclusive la producción intelectual) son siempre actividades con condiciones materiales antecedentes, con condiciones causales, algunas de las cuales son extraídas directamente de la naturaleza, otras ya creadas por la actividad humana. Lo que hacen los seres humanos, en su práctica, es reconocer en esas condiciones materiales la posibilidad de dar origen a algo que de ellas no surgiría en la ausencia de la propia práctica: el resultado previamente proyectado del obrar, el valor que motiva y condiciona todo el proceso de realización (en el caso del trabajo, el producto). Al transformar causalidades insensibles a las finalidades humanas en causalidades “puestas” por su práctica, los seres humanos crean en el mundo nuevas formas materiales. Al así hacerlo, más allá de transformar la propia naturaleza, como nos indicó Marx en su análisis del trabajo, los seres humanos abren espacio para nuevas creaciones, para la posición de nuevas finalidades.

En suma, en su práctica, los seres humanos amplían las condiciones objetivas y subjetivas para el reconocimiento y la posición de nuevas finalidades, propósitos, carencias. Eso quiere decir, literalmente, que modifican el campo de los valores y, por su intermedio, de los deberes-ser y de los juicios de valor. A cada etapa del desarrollo social, por lo tanto, corresponde no sólo un conjunto de valores, una ética, sino una moral y una forma de subjetividad (que tal vez nosotros podamos llamar ideología). Para conocer la ética y la moral de una determinada época, se deben descubrir los condicionantes de la práctica humana determinados por el grado de desarrollo social. Es la aplicación de ese razonamiento a la teoria del valor de Marx que nos permite, con base en las indicaciones de Lukács, desarrollarlo directamente en una formulación (crítica) de la ética idealista presupuesta en el ecologismo “acrítico”.

Antes de seguir adelante, es importante observar que, si el argumento de Lukács captura correctamente la relación entre la ética, la práctica social y las estructuras causales que constituyen el mundo, entonces los valores del ecologismo acrítico también poseen un fundamento objetivo. Como valores legítimos de la convivencia social contemporánea, expresan en el plano de la conciencia moral la tragedia social que acompaña contradictoriamente las conquistas de los seres humanos sobre la naturaleza en la sociedad del capital. La cuestión, por lo tanto, no es si esos valores son o no objetivos – cuestión que respondemos afirmativamente–. La cuestión es si la objetividad de esos valores está o no fundada en una contradicción objetiva que torna inviable su realización en la época actual.



4. Marx y la ética del capital: una brevísima relectura



Para extraer del análisis de la sociedad del capital elaborado por Marx una concepción respecto de la ética, o por lo menos de la ética de esta sociedad, es preciso partir de la categoría del valor. En este caso, es preciso destacar que el hecho de que una misma categoría, valor, denote simultáneamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercadería y el conjunto de objetivos (propósitos, carencias, proyectos) que mueve la práctica humana en general está lejos de ser pura y simple coincidencia. Al contrario, entre los autores que reconocieron el trabajo como fundamento del valor (en el sentido “económico” del término), Marx fue aquél que estableció de manera más articulada (aunque no explícita) las implicaciones para la ética.

Es importante retomar, en este particular, la línea central del argumento desarrollado por el autor ya en los primeros capítulos de El capital.[8] Todos saben que, para Marx, valor y trabajo (social medio) es la actividad social cristalizada como propiedad de las mercaderías. Esa peculiaridad del trabajo humano de presentarse como propiedad de las cosas producidas, o de los productos ser la “sublime objetivación del valor” (Marx, 1998: 74), es destacada por el autor como una determinación que por sí misma caracteriza la forma de trabajo históricamente específica que corresponde a la sociedad comandada por el capital. Para demostrarlo, Marx examina los presupuestos históricos de la emergencia de esa forma misteriosa de objetivación del trabajo humano.

El punto de partida del argumento es el reconocimiento de que, en los actos de cambio, los sujetos comparan, por alguna medida común a todos los productos, las cosas que tienen. Para que esa comparación entre productos pueda ser realizada con regularidad, es indispensable que los individuos sean propietarios privados de las cosas comparadas. Es preciso, por lo tanto, que la propiedad privada sea la forma de propiedad dominante. Por otro lado, si la mayor parte del producto social es producida como objeto de satisfacción de necesidades externas es porque el cambio ya se tornó la forma de distribución de los productos dominante. Eso presupone, a su vez, que la división social del trabajo sea compleja y los productores especializados.

Si las cosas son producidas para el cambio y si el cambio exige uma igualación entre las cosas producidas con base en alguna propiedad común (al¬ menos) a la mayor parte del producto social, entonces es razonable considerar que el trabajo, considerado abstractamente (como tiempo), figure exactamente como medida de esta comparación. A fin de cuentas, las cosas cambiadas son cualitativamente distintas y, dejando de lado su carácter cualitativo diverso, sólo resta la propiedad común de ser resultado del dispendio de energía humana en los actos de trabajo. Es exactamente por eso que el tiempo de trabajo figura como valor de las mercaderías.

Es crucial subrayar, finalmente, que si el propio trabajo, al figurar como propiedad (valor) de las mercaderías, media la articulación entre los sujetos en el mercado, entonces se puede afirmar que el trabajo pasa a funcionar como una finalidad de las prácticas humanas: tener más valor, tener más trabajo (o sus representantes, como el dinero o los títulos) significa tener capacidad de absorber una parcela mayor de la riqueza social, significa estar más rico.

Con la elaboración teórica que acabamos de resumir, Marx consigue demostrar que, en esta sociedad, el trabajo figura como finalidad de las prácticas económicas de los seres humanos. Además, Marx consigue demostrar que esa propiedad de la producción capitalista distingue no sólo la propia producción, sino también al capitalismo de las sociedades que lo antecedieron. En todas las otras formas sociales, a no ser en circunstancias limitadas y episódicas, el trabajo es, ante todo, la actividad mediante la cual los seres humanos crean, en niveles históricamente diferenciados, sus condiciones materiales de existencia. Se trata, entonces, de medio para la realización de valores, y no de finalidad, valor en sí.

Naturalmente, el trabajo preserva, en la sociedad capitalista, su condición de medio de satisfacción de finalidades humanas, mas asume prioritariamente la condición de fin, de valor. Es ése el sentido de la reinterpretación de la teoría del valor de Marx que sugerimos libremente a partir de Lukács: la teoría del valor de Marx nos revela que, en determinadas condiciones históricas, el trabajo, que es medio para la satisfacción de necesidades, emerge como fin, como valor. Además, el trabajo es “el valor”, en singular y sin calificativos, dejando claro que se trata de una finalidad humana que se eleva por sobre todos los demás valores que mueven la práctica humana, subordinándolos.

En el capitalismo, para reforzar, el valor (valor = tiempo de trabajo) subordina todos los otros propósitos humanos, subordina todos los otros valores, estéticos, afectivos, religiosos etcétera y las formas de práctica correspondientes, tornando la realización de estos valores por estas prácticas una determinación secundaria de la existencia humana, como quiera que ellas sean juzgadas subjetivamente. Secundaria porque, entre todas las finalidades que deben ser satisfechas por la práctica de cada uno de los sujetos que vive en esta sociedad, la única efectivamente ineludible para todos es la apropiación de riqueza bajo la forma de valor.

La categoría capital, tal como es concebida por Marx, captura con precisión esa subordinación de los valores y de las prácticas humanas al valor. El autor nos presenta el capital inicialmente como el valor que, en su movimiento, busca la valorización (i.e., la auto expansión). Si, en esta misma frase, cambiamos la palabra valor por su contenido efectivo, trabajo, llegamos a una expresión de la categoría capital que evidencia, en sus términos, la dinámica auto centrada del trabajo en la formación social capitalista: capital = valor que, en su movimiento, busca la expansión; o sea, capital = trabajo que, en su dinámica, busca la expansión.

Es el carácter auto centrado de la dinámica del trabajo que caracteriza la forma de subordinación correspondiente a la sociedad capitalista.[9] El trabajo de esta sociedad tiene una configuración estructural, surgida espontáneamente de las ruinas de la sociedad feudal, de la cual emana un movimiento dinámico en el sentido de su propia expansión. Una vez que esa dinámica auto centrada del trabajo –el “sujeto automático” [automatisches Subjekt] del que hablaba Marx (1998: 184)– es movida, como todo lo que ocurre en la sociedad, por la práctica de individuos concretos, es preciso que todos los presupuestos de esa práctica estén en conformidad con su reproducción (la reproducción de la dinámica).

Entre esos presupuestos se encuentran no sólo las condiciones materiales de las prácticas humanas (las causas materiales aristotélicas) y el conocimiento necesario para conciliar medios y fines, sino los propios fines, los valores previamente concebidos en torno de los cuales gira la práctica humana. Al convertírse en la principal finalidad de las prácticas humanas, el trabajo crea las condiciones subjetivas para que la dinámica auto centrada del trabajo se mueva por la acción de los individuos. Se forma, así, la ética compatible con la dinámica incontrolable del trabajo en expansión. Es exactamente eso lo que Marx quiso decir en su análisis del fetichismo de la mercancía. El trabajo, aunque sea producto de nuestras prácticas, adquiere una dinámica propia, extrañada, que nos coacciona, nos subordina. Es sobre esa dinámica que se levanta la formación social en la que vivimos, “una formación social en la que el proceso de producción domina al hombre, y no el hombre al proceso de producción”. (Ibid: 103)

Podemos, finalmente, concluir que, para Marx, la sociedad del capital es, en verdad, la sociedad del trabajo extrañado (capital) y de su ética. Como en toda ética, la ética del capital se desdobla en una moral, en un conjunto de deberes ser. Como siempre, el deber ser correspondiente depende de la condición particular en que se encuentran los individuos concretamente existentes. En caso de la sociedad capitalista, la condición de clase, por ser determinante directa de la condición económica particular de los individuos, se torna el elemento fundamental en la determinación del deber ser correspondiente a la realización del valor. Para la clase trabajadora, la realización del valor exige el comportamiento adecuado al aprovechamiento por el capital (o sea, el enfrentamiento de la competencia entre los trabajadores en el mercado de trabajo). Para la clase capitalista, se exige el comportamiento adecuado para la reproducción ampliada (competencia entre capitales).[10]

Es importante dejar claro que los valores y las prácticas de los sujetos de las dos clases son subordinados al capital (al valor), aunque las condiciones de subordinación sean distintas y, en general, obviamente más favorables para la clase capitalista. Sean cuales fueren las condiciones de subordinación, no obstante, el hecho es que a nadie, en esta forma de sociedad –sean trabajadores, ocupados o no; capitalistas; rentistas; ricos y pobres– le es dado el derecho o la libertad de oponerse al movimiento dinámico del capital, so pena de la pérdida de la condición social y, en el límite, física. Para Marx, librarse de esa subordinación exige librarse del capital. O sea, librarse del valor. O sea, librarse del trabajo bajo la forma capitalista (y no de la forma de trabajo capitalista). Y con él, de la ética del trabajo que subordina el comportamiento de los sujetos (todos los valores, de todos los sujetos) en la sociedad en que vivimos.



5. Conclusión



Si nuestra interpretación de Marx es válida y, de hecho, la sociedad capitalista supone la subordinación de la ética (y de la moral) al valor (trabajo), entonces los valores que constituyen la ética implícita al ecologismo acrítico no pueden escapar a esa subordinación. Considerando que las teorías que dan forma al ecologismo acrítico reciben el calificativo “acrítico” justamente porque ni siquiera mencionan la posibilidad de superación histórica de la sociedad capitalista –siendo, por lo tanto, que la sociedad del valor es admitida a priori–, entonces la posibilidad de realización objetiva de la así llamada ética ambiental es determinada por su relación con la realización del valor. Si esa “ética ambiental” contiene prácticas que impiden o contradicen la reproducción ampliada del valor, ella es, a no ser en ámbitos restrictos y limitados, insustentable, para emplear la jerga del ambiente.

Demostrar esa condición de insustentable requiere una investigación rigurosa y extensa de las condiciones de realización de los valores que dan forma a los anhelos (auténticos o forjados) de transformación radical de la relación entre los seres humanos y el ambiente. En nuestro artículo no asumimos esa demostración como objetivo, ni podríamos haberlo hecho. Al contrario, procuramos aquí invertir la lógica del raciocinio crítico y demostrar que, en verdad, el ecologismo acrítico parte de un presupuesto que sustenta todo el edifício teórico (y confiere legitimidad a las prácticas correspondientes): que la realización de los valores de la “ética ambiental” es compatible con la realización del valor que subordina la ética y la moral en la sociedad del capital.

No es absurdo imaginar que la objetivación de la “ética ambiental” exija una brutal y costosa transformación de la producción, del consumo, de la estructura urbana, de las viviendas, del sistema de transportes, de todos los contornos de la vida social, en fin. Si es así, parece claro que el peso de la prueba cabe a los que, explícita o veladamente, postulan la compatibilidad entre ese extenso conjunto de prácticas y la preservación de la categoría que, no casualmente, distingue la forma social en que vivimos: el capital.



Bibliografía

Barroco, M. H. (2008) Ética: fundamentos sócio-históricos. San Pablo, Cortez Editora.

Bhaskar, R. (1998) The Possibility of Naturalism. Brighton, Harvest.

Burkett, P. (1999) Marx and nature: a red and green perspective. Nueva York, St Martin’s Press.

CMMAD – Comissão Mundial sobre o Meio Ambiente e Desenvolvimento. (1991) Nosso Futuro Comum. Río de Janeiro, Editora da Fundação Getúlio Vargas.

Coase, R. (1960) “The Problem of Social Cost”, The Journal of Law and Economics, Nº 3, pp. 1-44.

Costanza, R. et al. (1997) “The Value of the World’s Ecosystem Services and Natural Capital”, Nature, vol. 387, mayo 1997, pp. 253-260.

Daly, H. (2007) Ecological Economics and Sustainable Development, Selected Essays of Herman Daly. Northampton, Edward Elgar Publishing, Inc.

Daly, H. & Townsend, K. (1996) Valuing the Earth: economics, ecology, ethics. Cambridge, MIT press.

Duayer, M & Medeiros, J. L. (2008) “Marx, Estranhamento e Emancipação: o caráter subordinado da categoria da exploração na análise marxiana da sociedade do capital”, Revista de Economia. Curitiba, Editora da UFPR, v. 34, p. 151-161.

Duayer, M. & Medeiros, J.L. (2007) “‘Under-labouring’ for ethics: Lukács’s critical ontology”. In: Lawson, C. et. al. Contributions to social ontology. Oxon, Routledge.

Edwards, A. (2005) The Sustainability Revolution.Canadá, New Society Publishers.

Foster, J. B. (2002) Ecology against capitalism. Nueva York, Monthly Review Press.

Gore, A. (2006) Uma Verdade Incoveniente. San Pablo, Editora Manole.

Greenpeace (2007) How to Save the Climate. Disponível em: www.greenpeace.org/ raw/content/international/press/reports/how-to-save-the-climate-pers.pdf

Hotelling, H. (1949) “Letter to the Director of the National Park Service”. In: Prewitt, R. A. The Economics of Public Recreation. The Prewitt Report. Washington DC, Department of the Interior.

Infranca, A. (2005) Trabajo, Individuo, Historia: el concepto de trabajo em Lukács. Buenos Aires, Ediciones Herramienta.

Kurz, R. (1992) O Colapso da Modernização: da derrocada do socialismo de caserna à crise da economia mundial. Río de Janeiro, Paz e Terra.

Lessa, S. (2002) O Mundo dos Homens: Trabalho e Ser Social. San Pablo, Boitempo.

Lukács, G. (1979) Ontologia do Ser Social ¬– Os princípios ontológicos fundamentais de Marx. San Pablo, LECH.

Lukács, G. (2004) Ontología del Ser Social – El Trabajo. Buenos Aires, EdicionesHerramienta.

Marx, K. (1998) O Capital: crítica da economia política. Río de Janeiro, Civilização Brasileira.

Mészáros, I. (2002) Para Além do Capital: Rumo a uma Teoria da Transição. San Pablo, Boitempo Editorial; Campinas, Editora da Unicamp.

Pearce, R. e Turner, R. (1990) Economics of Natural Resources and the Environment. Baltimore, The John Hopkins University Press.

Postone, M. (1993) Time, Labor, and Social Domination: a Reinterpretation of Marx’s Critical Theory. Cambridge, Cambridge University Press.

Sachs, I. (1986) Ecodesenvolvimento: crescer sem destruir. San Pablo, Vértice.

Sachs, I. (2002) Caminhos para o Desenvolvimento Sustentável. Río de Janeiro, Garamond.

Schumacher, E. F. (1996a) The Age of Plenty: a Christian view. In: Daly, H.; Townsend, K. Valuing the Earth: economics, ecology, ethics. Cambridge, MA, MIT press.

Schumacher, E. F.(1996b)Buddhist economics. In: Daly, H. & Townsend, K. Valuing the Earth: economics, ecology, ethics. Cambridge, MA, MIT press.

Small, B. & Jollands, N. (2006) “Technology and Ecological Economics: Promethean technology, Pandorian potential”. Ecological Economics, vol. 56, pp. 343-358.

Smith, G. A. (1996) The Purpose of Wealth: a historical perspective. In: Daly, H. & Townsend, K. Valuing the Earth: economics, ecology, ethics. Cambridge, MA, MIT press.

Solow, R. (1976) Is the End of the World at Hand?. In: Gill, R. T. (editor). Great Debates in Economics, Vol. 1, 172 -180. Pacific Palisades, CA, Goodyear.

Stern, N. (2007) The Economics of Climate Change: the Stern review. Cambridge, Cambridge University Press.

Tertulian, N. (1999) “O Grande Projeto da Ética”, Ad Hominen 1, I. San Pablo.

Vázquez, A. S. (2007) Ética. Río de Janeiro, Civilização Brasileira.





________________________________________

[1] “Dominación abstracta” es la expresión empleada por Postone (1993: 3) para describir la forma de dominación que caracteriza a la sociedad del capital.

[2] Esa primera versión del ecologismo tiene como principales articuladores a Hotelling (1949), Coase (1960), Solow (1976), Pearce y Turner (1990), Costanza et al. (1997), Stern (2007), entre otros.

[3] Ontario Round Table on Environment and Economy Models Principles (Edwards, 2005).

[4] The Netherlands National Environmental Policy Plan (Edwards, 2005).

[5] Una formulación alternativa a Lukács en la defensa de la naturaleza simultáneamente objetiva y subjetiva de las categorías que forman la ética puede ser encontrada en Vázquez (2007). Nos parece, no obstante, que el análisis de Lukács tiene mayor rigor y precisión teórica. Entre los trabajos más conocidos que procuran difundir el análisis de Lukács de la ética, creemos que Lessa (2002) ofreció una interpretación bastante problemática, por haber atribuido al trabajo una condición jerárquicamente superior en el complejo de la práctica humana. Ya en Infranca (2005), la categoría del trabajo es correctamente percibida “tan solo” como el modelo ontológico de la praxis humana. El análisis de la relación del trabajo con la ética (Ibid: 126pp.), aunque igualmente acertada, se sitúa en un nivel de abstracción bien diferente del que adoptamos en este artículo, y semejante a aquél adoptado por Tertulian (1999). Vale señalar que Infranca también enfatiza el carácter simultáneamente subjetivo y objetivo de la ética (Ibid: 128). Una síntesis del argumento de Lukács más próxima de la que presentamos en este artículo se encuentra en Duayer & Medeiros (2007).

[6] La descripción de Lukács de la praxis humana a partir del trabajo es muy semejante al modelo transformacional del obrar humano propuesto por Bhaskar (1998: 33-37). En ambos casos, el análisis pretende revelar propiedades de la práctica humana en general a partir del trabajo y no sustentar la superioridad del trabajo como forma de praxis. Cf.: Lukács (2004: 103-104).

[7] Una buena síntesis de este argumento puede ser encontrado en Barroco (2008: 25).

[8] El argumento de los próximos párrafos es una síntesis de la síntesis del raciocinio de los cuatro primeros capítulos de El capital presentada en Duayer & Medeiros (2008). Aquel texto, y ahora la síntesis de él, está inspirado en la instigante relectura de la obra propuesta por Moishe Postone (1993). En lo que dice respecto de la síntesis de los argumentos de Marx (1998), presentada en esta sección, optamos por evitar referencias a pasajes puntuales. Como se trata de un texto muy conocido, consideramos que la simple identificación de los capítulos de El capital (los cuatro primeros) es suficiente.

[9] Diversos autores destacaron en la lectura de Marx ese momento del argumento como el elemento central de su análisis crítico de la sociedad burguesa. Entre ellos, podemos destacar: Kurz (1992), Postone (1993) y Mészáros (2002).

[10] En el interior de cada clase, condiciones particulares de ocupación, de calificación, condiciones físicas e incluso genéticas dan contorno final al tipo de comportamiento adecuado (útil, eficiente, bueno etc.) al aprovechamiento por el sujeto automático.