domingo, 20 de marzo de 2011

Jurisprudencia social

Por: Alfredo Molano Bravo
EL espectador
III 20 2011

POR AHORA TODO INDICA QUE LA Greystar retiró la solicitud de licencia para llevarse el oro, la plata, el cromo, el zinc, el cobre, el estaño, el plomo y el manganeso del páramo de Santurbán.


No fue, sin duda, una decisión fundada en su sensibilidad ambiental, sino en un hecho simple: la tenían perdida desde el punto de vista legal: la explotación de minas en los páramos está prohibida. Punto. El gobierno de Uribe —siniestro también en materia ambiental— aceptó evaluar el estudio de impacto elaborado por la compañía siendo sólo una concesionaria. Manuel Rodríguez, uno de los críticos más solventes y ácidos del proyecto, tildó de aberrante el procedimiento. Con el cambio de gobierno que declaró locomotora de la economía nacional a la minería, que contabilizó las ganancias de Santurbán y La Colosa en el Plan Nacional de Desarrollo y nombró ministra del Medio Ambiente a Sandrita Bessudo, una excelente nadadora submarina especializada en el tiburón martillo, pocas esperanzas había de un timonazo en materia de política ambiental. Pero como vivimos en el país de La Perrilla, “donde sale lo que no se espera”, el ministro Rodado Noriega advirtió en la Feria Minera de Toronto: “De ninguna manera, de acuerdo con la legislación colombiana, es posible hacer minería en páramo”. El Gobierno desconfiaba de los estudios de la Greystar y de la llamada responsabilidad ambiental de la compañía y era posible que negara la licencia. Total, a la multinacional no le quedaba otro camino que retirar la solicitud, lo que no quiere decir que haya renunciado a presentarla en el futuro, apelando quién sabe a qué tinterillada. No es fácil resignarse a perder 511.000 onzas de oro y 2,3 millones de onzas de plata.



Para el Gobierno tampoco era sencillo desconocer la poderosa oposición ciudadana que desencadenó el proyecto. El argumento principal fue la contaminación de las fuentes de agua que alimentan los acueductos de una población de dos millones de personas, incluidas Bucaramanga y Cúcuta. “El agua vale más que el oro” fue la consigna. Convergieron en un vasto movimiento de oposición crítica las reflexiones de las organizaciones ambientalistas, los intereses gremiales, las reacciones del gobernador Serpa y del senador Robledo y las denuncias de los medios. Para rematar, El Espectador trajo a Al Gore. La resistencia de la ciudadanía contra los planes y procedimientos de la compañía canadiense y contra la presión de la Embajada de Canadá fue el soporte del movimiento. Sin duda, las recientes tragedias en las minas de carbón en Amagá y Sardinata, las inundaciones de pueblos, la brutalidad de la explotación del carbón en Cesar, las playas negras de carboncillo en Santa Marta, las íntimas relaciones de la minería de oro con el paramilitarismo han hecho crecer lo que se podría llamar “conciencia social ambiental” en el país. El efecto en perspectiva es la defensa del agua como bien público y, claro está, la de los páramos, humedales, ríos y quebradas. Al Gore dijo que la costa atlántica será un desierto en 50 años. El movimiento no se puede limitar a la Greystar. En Santurbán hay siete empresas medianas con licencia y muchas sin ella. Más aún, en las 100.000 hectáreas de nuestros páramos han sido otorgados 391 títulos mineros. El movimiento debe ir más allá, como pide Manuel Rodríguez: declarar una moratoria de grandes proyectos mineros hasta saber sus verdaderos efectos ambientales y sociales. El cuento de que lo que es bueno para los bolsillos de los grandes depredadores es bueno para todo el país –porque genera regalías y empleo– no es sólo una falacia sino, en el fondo, un crimen.



La amenaza a los páramos no es sólo la minería: los cultivos de papa y la ganadería avanzan destrozando fraylejonales, desecando lagunas, arrasando bosques. De los páramos habrá que ir a los valles y de las cordilleras a las sabanas. En mora está la evaluación científica del impacto que tendrán sobre los humedales y las fuentes de agua del Llano los grandes proyectos agroindustriales que están en marcha. La Orinoquia colombiana guarda la tercera parte del agua de todo el país. No se puede contribuir irresponsablemente a la desertización de gran parte del territorio en aras de un desarrollo tan parcializado como gravoso. Tampoco se podrá pasar de agache con la desecación de ciénagas en el bajo Magdalena, un fenómeno que tiene cercados los espejos de agua, arrinconados a los pescadores y ahogados a los campesinos. La conciencia ambiental deberá seguir poco a poco el curso de las corrientes. Es muy difícil, después del gran triunfo de Santurbán, que el movimiento por el agua se evapore. Más que un antecedente jurídico, el hecho es una jurisprudencia social y política trascendental.



Nota. Escrito lo anterior, se acaba de conocer un comunicado de la Greystar donde dice haber sido malinterpretada y que retira la solicitud actual de licencia solo para hacer una nueva; no renuncia, por tanto, al Proyecto Angostura. ¿Se trata de una maniobra más de una empresa acostumbrada a poner de rodillas a los gobiernos y a las comunidades y a engañar a la opinión pública? El gobierno colombiano debe pronunciarse sin ambigüedades porque la palabra del ministro Rodado está empeñada.

 Elespectador.com

jueves, 17 de marzo de 2011

"LA ECONOMÍA CAPITALISTA Y PARTICULARMENTE EL CAPITALISMO FINANCIARIZADO ES EL CÁNCER DE LA BIOSFERA"

Jorge Riechmann / Rebelión III-17-2011


Transcripción de la presentación del Informe sobre Energía "Cambio Global 2020/50" CONAMA 10

Les propongo unas reflexiones finales en torno a la cuestión de la energía. A mi entender la pinza de la doble crisis energética que padecemos, el final de la era del petróleo barato, más en general de los combustibles fósiles tal y como los hemos empleado en el siglo XX por una parte, y la desestabilización del clima del planeta por otra parte, esa pinza está atenazando las posibilidades de vida humana decente sobre el planeta Tierra.


Ahora no se trata ya de evitar que la generación de los hijos, en ese horizonte 2020/2050 que plantea el Informe que hoy presentamos, no se trata –decía-- de evitar que la generación de los hijos viva peor que la de los padres. Eso en cierto sentido resulta inevitable, por ejemplo no se repetirá la sobreabundancia energética del siglo XX con el terrible despilfarro concomitante. Pero en otro sentido es muy engañoso, no se debería identificar una vida buena, una vida decente, con el empobrecedor consumismo que se nos vendió como tal. Hoy --ya digo-- el horizonte es otro, aunque cueste tanto mirarlo de frente. Se trata de evitar una regresión civilizatoria, una catástrofe ecológico-social que dejaría chiquitas las grandes crisis que la humanidad tuvo que hacer frente en el pasado. Y el tiempo disponible para actuar está menguando de forma dramática. En lo que se refiere al calentamiento climático y al cénit del petróleo y el gas natural estamos en la cuenta atrás. También lo estamos en otras dimensiones de la crisis económico-social, acaso menos visibles pero no menos peligrosas, como la hecatombe de diversidad biológica que también estamos causando por un conjunto de causas que en realidad son comunes. Menciono eso y lo dejo de lado porque no es la cuestión que nos reúne hoy aquí.

Quizá recuerden ustedes la revista Bulletin of the Atomic Scientists que fundó en 1947 un grupo de físicos atómicos en EEUU ante la perspectiva muy sombría de la guerra fría que comenzaba entonces. Una característica de esa publicación, que sigue publicándose en EEUU, es un reloj que aparece en su cabecera y que desde aquellos años iniciales de la guerra fría viene marcando los minutos que probablemente nos separan de un cataclismo nuclear, el cual correspondería a la medianoche: es un reloj que marca un tiempo antes de la medianoche. Desde 1947 el minutero cambió de posición 17 veces, con un mínimo de dos minutos en 1953, el año en que EEUU y la Unión Soviética realizaron sus primeras pruebas con bombas de hidrógeno, y con un máximo de 17 minutos en 1997. Pues bien, en el número de enero y febrero de 2007, el reloj que estaba marcando 7 minutos desde 2002 se adelantó dejando la distancia a la medianoche en 5 minutos. Pero la novedad, lo relevante, es que se trataba de la primera vez que el desplazamiento horario tenía lugar en relación con un suceso no nuclear. No estaba ya hablando de la posibilidad de un enfrentamiento con armas atómicas. En el texto de ese número se leía: “Las armas nucleares todavía plantean la amenaza a la humanidad más poderosa, pero el cambio climático y las tecnologías emergentes han acelerado nuestra capacidad de autodestrucción”. Toda la información científica de que disponemos hoy confirma esa apreciación de los redactores del Bulletin of the Atomic Scientists. Cinco minutos antes de la medianoche, pero no por una guerra nuclear sino por la devastación equiparable en su orden de magnitud que puede venir de la mano del calentamiento climático y el cénit del petróleo.

La Red de científicos Global Carbon Project, ya lo saben ustedes, vigila la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera y en particular de dióxido de carbono. En otoño de 2009 advirtió: a finales del siglo XXI la temperatura promedio del planeta podría aumentar en 6oC si continuamos emitiendo gases de efecto invernadero en la forma descontrolada en que lo estamos haciendo ahora. En un mundo seis grados más caliente en promedio las zonas habitables para los seres humanos se reducirían drásticamente. La mayoría de la población humana del planeta se convertiría en excedente. Las posibilidades de mantener una civilización compleja serían casi nulas.

Ángel evocó al comienzo de esta sesión el informe Los límites del crecimiento del Club de Roma de 1972. Uno de los autores de aquel informe, Dennis Meadows , uno de los coordinadores y autores principales de ese mismo informe, a quien entrevistaba La Vanguardia hace no mucho tiempo en una visita a nuestro país, advertía: “Dentro de cincuenta años la población mundial será inferior a la actual, seguro. Las causas serán un declive del petróleo que comenzará en esta década, cambios climáticos… Descenderán los niveles de vida y un tercio de la población mundial no podrá soportarlo”. De hecho, si la temperatura promedio aumenta en seis grados incluso esa espantosa previsión referida a un tercio de la población mundial será demasiado optimista.

Sólo entre 2000 y 2008 las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera aumentaron un 29%. En los años 2008 y 2009 la crisis económica ralentizó este crecimiento pero el alivio ha durado muy poco. Según pudieron leer ustedes ayer y hoy mismo en la prensa, la misma fuente científica, universidades de las que están en el Global Carbon Project, en un estudio recién publicado anticipan que en 2010 las emisiones mundiales del principal gas de efecto invernadero crecerán un 3% retomando la senda de incremento de 2000 a 2008. Esa senda que nos lleva a seis grados o más de aumento de temperaturas a finales del siglo XXI.

Un clima estable, un abastecimiento energético suficiente y sostenible o el adecuado suministro de crédito a una economía que haga las paces con la naturaleza son bienes comunes. La racionalidad económica, ecológica o social nos dice que los sistemas que garantizan estos bienes no pueden ser privados ni gestionarse buscando el máximo beneficio para las minorías rentistas que nos han llevado al borde del abismo.

Creo que vale la pena atender a la reflexión que hacía no hace tanto Susan George: “Una economía capitalista conlleva a la existencia del mercado pero lo contrario no es verdad, todo depende de la clase de mercado de que se trate. El sueño neoliberal del mercado autorregulado se ha revelado finalmente como una pesadilla y una bestia mitológica. El debate no debería centrarse en decir sí o no al mercado sino más bien en qué artículos deberían ser comprados y vendidos a precios fijados con arreglo a la oferta y la demanda, y cuáles deberían ser considerados bienes y servicios comunes o públicos cuyo precio tendría que fijarse en función de su utilidad social. Mi lista de bienes públicos o comunes --decía Susan George-- comenzaría con uno que hace una década no aparecía: un clima adecuado para los seres humanos. Actualmente el clima es un bien común porque el bienestar de todos depende de él, lo cuál no impide los intentos de convertirlo en un artículo rentable y comercializable por medio de permisos y compensaciones relativas a la contaminación. Se trata de un enfoque erróneo aunque solo sea porque el mercado presupone la existencia continuada de la mercancía comercializada, en este caso las emisiones de dióxido de carbono, que es exactamente lo que hemos de eliminar”. Y terminaba Susan George diciendo: “La siguiente lista más convencional de bienes públicos intentaría reparar el daño de décadas de privatización e incluiría no solo puntos obvios como la salud, la educación y el agua, sino también la energía, buena parte de la investigación científica y los fármacos, así como parte del crédito financiero y el sistema bancario”.

Hoy los poderes financieros e industriales que nos han llevado a este violento choque contra los límites biofísicos del planeta que marca nuestra época están recomponiendo su dominio tras la fuerte conmoción de 2007, 2008 y 2009. Si lo consiguen, si la guerra de los ricos contra el mundo que llamamos neoliberalismo prosigue su curso, como lo vino haciendo durante los tres decenios últimos, la repetición de la crisis está asegurada. Pero quizá en la siguiente gran crisis sistémica no tengamos ya ni el mínimo margen de maniobra necesario para llevar a cabo una transición no catastrófica. Como se ha dicho, quizá el capitalismo se recupere de esta crisis sistémica pero entonces el mundo probablemente no podrá recuperarse ya de la siguiente crisis capitalista.

En sociedades desiguales, donde una gran fracción de la riqueza y el poder se concentra en los estratos superiores, la preservación del statu quo absorbe casi todos los esfuerzos de estas capas que harán lo posible y lo imposible por retener sus privilegios. Esto se aplica igual a las élites de las antiguas ciudades sumerias que a los banqueros de Wall Street. Sólo las sociedades igualitarias puedes ser sustantivamente racionales en sentido histórico: aprender del pasado para anticipar y sortear con éxito los problemas del futuro.

A veces se nos dice que el ser humano es como un cáncer de la biosfera. Creo que no es así. La economía capitalista y particularmente el capitalismo financiarizado es el cáncer de la biosfera. Mi maestro Manuel Sacristán lo formuló con claridad en uno de sus textos clave, la comunicación a las Jornadas de Ecología y Política de 1979: “No es posible conseguir mediante reformas que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible”. O logramos poner fuera de juego la dinámica de acumulación ciega de capital, o quebramos el doble movimiento de endeudarse para crecer y luego crecer para pagar las deudas, o estamos perdidos.

Sabemos desde hace mucho que las catástrofes sociales pueden desencadenarse en un lapso de apenas unos años. Ahora sabemos también que las peores catástrofes ecológicas, grandes cambios climáticos por ejemplo, pueden ocurrir en un lapso de solo decenios. Estamos, les decía, en la cuenta atrás.

Las sociedades humanas van a reajustarse a la biosfera sí o sí. La idea de que podemos vivir haciendo caso omiso de las constricciones ecológicas y termodinámicas es nueva, apenas se ha abierto pasa en los últimos doscientos años y sobre todo en los últimos decenios, en ese periodo de la revolución industrial y la expansión del capitalismo. Es una idea por tanto muy nueva, es insensata --y tendrá una vida breve en términos históricos. La opción se nos da entre una transición ordenada --para la cual nos queda cada vez menos margen-- o un cambio descontrolado y catastrófico. Vamos hacia un tiempo mucho más turbulento y doloroso de lo que ninguno de nosotros desearíamos. La única vía para minimizar los daños es un salto cualitativo en las dimensiones de igualdad, cooperación y cuidado. La serie de informes España 2020/ 2050, una valiosa iniciativa que hemos de agradecer al Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental y a la Fundación Conama, entre otras instituciones, está dibujando para la sociedad española precisamente las posibilidades de transición ordenada: trayectorias técnicamente viables desde nuestro insostenible presente hacia una posible España en el horizonte 2050 que hubiera hecho las paces con la naturaleza. Pero mostrar la viabilidad técnica no es sino uno de los pasos necesarios. Mucho más importante resulta el acumular la fuerza sociopolítica suficiente para que esos cambios necesarios se vuelvan posibles y les invito a

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 7 de marzo de 2011

La contradicción capitalismo/ecología

25/07/06 Por Leonardo BOFF

Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción. Se creó el principio de autodestrucción que tiene en el principio de responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana.


La lógica del capital, como modo de producción y como cultura, es ésta: producir acumulación mediante la explotación -de la fuerza del trabajo de las personas, por la dominación de clases, por el sometimiento de los pueblos y finalmente por el pillaje contra la naturaleza-.

Un análisis incluso superficial entre ecología y capitalismo identifica una contradicción básica. Donde impera la práctica capitalista se envía al exilio o al limbo la preocupación ecológica. Ecología y capitalismo se niegan frontalmente. No hay acuerdo posible. Si, a pesar de ello, la lógica del capital asume el discurso ecológico... o es para obtener lucro, o para espiritualizarlo y así vaciarlo, o simplemente para imposibilitarlo y, por tanto, para destruirlo. El capitalismo no sólo quiere dominar la naturaleza, sino arrancar todo de ella, depredarla.



Hoy, por la unificación del espacio económico mundial en los moldes capitalistas, el saqueo sistemático del proceso industrial contra la naturaleza y contra la humanidad, hace al capitalismo claramente incompatible con la vida. Se plantea así una bifurcación: o el capitalismo triunfa al ocupar todos los espacios como pretende, y entonces acaba con la ecología y pone en riesgo el sistema-Tierra, o triunfa la ecología y destruye al capitalismo, o lo somete a tales transformaciones y reconversiones que no pueda ya ser reconocible como tal. Esta vez no va a haber un arca de Noé que nos salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos o pereceremos todos.

El capitalismo produjo también una cultura, derivada de su modo de producción, asentado en la exportación y el pillaje. Sin una cultura capitalista que vehicula las mil razones justificadoras del orden del capital, el capitalismo no sobrevivirá. La cultura capitalista exalta el valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza, hecha por el trabajo de todos, coloca como quicio de su dinamismo la competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias con la mínima inversión posible, procura transformar todo en mercancía para tener siempre beneficios, instaura el mercado, hoy mundializado, como el mecanismo articulador de todos los procesos de producción, de competencia y de distribución...

Si alguien busca solidaridad, respeto a las alteridades, compasión y veneración frente a la vida y al misterio del mundo... que no los busque en la cultura del capital. George Soros, uno de los mayores especuladores de las finanzas mundiales y profundo conocedor de la lógica de la acumulación sin piedad (vive de eso), afirma claramente en su libro La crisis del Capital que el capitalismo mundialmente integrado amenaza a todos los valores societarios democráticos, poniendo en riesgo el futuro de las sociedades humanas.

Queremos mostrar cómo el capitalismo, en cuanto modo de producción y en cuanto cultura, inviabiliza la ecología tanto ambiental como social.

Comencemos con la ecología ambiental. A este respecto, las hipótesis acerca del futuro de la Tierra son dramáticas. Grandes analistas confiesan que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de gran ruptura en el proceso de evolución, épocas caracterizadas por extinciones en masa.



Efectivamente, la humanidad se encuentra ante una situación inaudita. Debe decidir si quiere continuar viviendo, o si prefiere su propia autodestrucción. Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción. Se creó el principio de autodestrucción que tiene en el principio de responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana. Para continuar viviendo el ser humano deberá quererlo positivamente.

Los indicadores son alarmantes. Dejan poco margen de tiempo para los cambios necesarios. Estimaciones optimistas establecen la fecha límite del año 2030-2034. A partir de ahí, si no se toman medidas urgentes y eficaces, la sostenibilidad de sistema-Tierra, ya no estará garantizada.

Entre otros, tres son los nudos problemáticos creados por el orden del capital, que deben ser desatados: el nudo del agotamiento de los recursos, el de la sostenibilidad de la Tierra y el de la injusticia social mundial.

1. El nudo de la extinción de los recursos naturales.

Cada día desaparecen para siempre 10 especies de seres vivos. Desde la época de la desaparición de los dinosaurios, 65 millones de años atrás, nunca se ha visto un exterminio tan rápido. Con esos seres vivos desaparece para siempre una biblioteca de conocimientos que la naturaleza sabiamente había acumulado.

A partir de 1972 la desertificación en el mundo creció igual al tamaño de todas las tierras cultivadas de China y de Nigeria juntas. Se perdieron cerca de 480 millones de toneladas de suelo fértil, una superficie equivalente a las tierras cultivables de India y Francia juntas. El 65% de las tierras que un día fueron cultivables, hoy ya no lo son. La mitad de las selvas existentes en el mundo en 1950 han sido tumbadas. Sólo en los últimos 30 años han sido derribados 600 mil km2 de selva amazónica brasileña, el equivalente a la Alemania unida, o a dos veces el Zaire.

Las inmensas reservas naturales de agua, formadas a lo largo de millones y millones de años, en este siglo pasado han sido sistemáticamente bombeados y están próximos a agotarse. El agua potable ya es uno de los recursos naturales más escasos, pues solamente el 0.7% de toda el agua dulce es accesible al uso humano. Va a haber guerras por las fuentes de agua potable.

Tras este proceso de pillaje, se oculta una imagen reduccionista de la Tierra. Es vista sólo como un almacén muerto de recursos a explotar. No es respetada en su alteridad y autonomía ni se le reconoce ninguna sacralidad. Mucho menos todavía es amada como un superorganismo vivo, la Gran Madre de los antiguos, la Pacha Mama de nuestros indígenas y la Gaia de los cosmólogos.

2. El nudo de la sostenibilidad de la Tierra.

¿Cuánta agresión aguanta la Tierra sin desestructu-rarse? Las 60 mil armas nucleares construidas, si explotaran podrían causar un invierno nuclear. Las finas partículas del humo de los grandes incendios por ellas producidos, junto con los elementos radioactivos inyectados en la atmósfera, oscurecerían y enfriarían la Tierra de forma más intensa que en las eras glaciales del pleistoceno. Habría un colapso de la humanidad y de todo el sistema de vida, consecuencias perversas siempre descuidadas por las potencias militaristas.

Otra amenaza importante es representada por el calentamiento creciente de la Tierra. Es el así llamado efecto invernadero. La quema de petróleo, de carbón y de las selvas, libera el dióxido de carbono que calienta la atmósfera. En el último siglo la temperatura de la tierra ha aumentado entre 0.3 y 0.6º C. Para los próximos 100 años se calcula un aumento de entre 1.5º a 5.5º C. Tales cambios provocarán desastres descomunales, como sequías y deshielo de los cascotes polares. Las inundaciones de las costas marítimas, donde vive el 60% de la población mundial, causarían millones de víctimas.



¿Qué capacidad tiene la tierra frente a tantas agresiones producidas primordialmente por el modo de producción capitalista? Se teme que el efecto acumulativo de las agresiones llegue a un punto crítico tal que quiebre el equilibro físico-químico-biológico de la Tierra.

3. El nudo de la injusticia social mundial.

Pasemos a la ecología social: ¿Cuánta injusticia y violencia aguanta el espíritu humano? Es injusto y sin piedad que, en el actual orden del capital mundializado, el 20% de la humanidad detente el 83% de los medios de vida (en 1970 era el 70%) y el 20% más pobre tiene que contentarse con sólo 1.4% (en 1960 era 2.3%) de los recursos. Este cataclismo social no es inocente ni natural. Es resultado directo de un tipo de desarrollo que no mide las consecuencias sobre la naturaleza y sobre las relaciones sociales. Por eso constituye una trampa del sistema capitalista el llamado «desarrollo sostenible», que evidencia una contradicción en su mismo nombre.

La categoría «desarrollo» está tomada del área de la economía capitalista. El desarrollo capitalista (deberíamos decir el crecimiento) es profundamente desigual: crea acumulación apropiada por unos pocos a costa de la explotación y del perjuicio de las grandes mayorías. Ese crecimiento pretende ser lineal y siempre creciente.

La categoría «sostenibilidad» proviene de otro ámbito: de la biología y la ecología. Significa capacidad que un ecosistema tiene de incluir a todos, de mantener un equilibrio dinámico que permita la subsistencia de la mayor biodiversidad posible, sin explotar ni excluir.

Como se ve, sostenibilidad y desarrollo capitalista se niegan mutuamente; no combinan los intereses de la producción humana con los intereses de la conservación ecológica; al contrario, se niegan y destruyen. Lo que se necesita es una sociedad sostenible que se dé a sí un desarrollo que satisfaga las necesidades de todos, y del entorno biótico. Que el planeta sea sostenible y pueda mantener su equilibrio dinámico, rehacer sus pérdidas y mantenerse abierto a ulteriores formas de desarrollo.

Además de haber sido, en el pasado, suicidas, homicidas y etnocidas, ahora comenzamos a ser ecocidas. El capitalismo ¿nos llevará a ser, pronto, también geocidas?

Pero una esperanza nos acompaña: en su historia, la Tierra pasó por cerca de 15 grandes exterminios. Siempre salió con más energía y biodiversidad. Ahora no será diferente. Superaremos la enfermedad del capitalismo con la solidaridad, la cooperación y las interdependencias asumidas, pues ellas garantizaron el futuro de la Tierra. Y garantizarán también nuestro futuro. www.ecoportal.net

* Leonardo Boff

lunes, 28 de febrero de 2011

La Catástrofe Ambiental en Clave Sociocultural

Ricardo Sánchez Ángel
Un Pasquín
Febrero 28 de 2011

Las cifras consolidadas sobre la destrucción en curso a principios del 2011 por el gobierno son alarmantes. Existen 2.2 millones de personas afectadas en 710 municipios, 28 departamentos y el Distrito Capital. Los muertos se calculan en 301, heridos 292, desparecidos 62, viviendas destruidas 5.162 y afectadas gravemente 324.634. Un pueblo entero, Gramalote en Norte de Santander, está en escombros y sus habitantes en la diáspora (Ver Editorial de El Tiempo, Enero 9, 2011). A esto se suma la destrucción de carreteras, puentes, edificios públicos y demás instalaciones.

A su vez el gobierno nacional estima en 12 billones el costo de la inversión en la reconstrucción, una cifra ya criticada por exagerada y que pone en evidencia la voracidad de la tecnoburocracia en querer recursos cuantiosos y de los políticos  por usufructuar auxilios para sus clientelas. El estimativo de Luis Jorge Garay es de 4.8 millones de personas afectadas, 50% desempleadas y 15 billones el costo de la recuperación (El Espectador, diciembre 26, 2010) y no ha cesado la ola invernal en distintos lugares con mayor o menor intensidad.

No estaba el país, ni el Estado ni el gobierno preparados para la emergencia. Nunca lo han estado y hay que recordar la destrucción de Armero hace 25 años por la explosión del Volcán del Ruiz.

Pero no se trata solo de una cuestión preventiva como si los embates de la naturaleza fuesen por maldad o maldición. Esto es acudir a explicaciones supersticiosas, porque tales embates siempre han existido, tan solo que en todo el mundo se han agravado e incrementado en línea ascendente desde que comenzó el efecto invernadero y con ello el calentamiento global desde los años de 1850. Estableciendo hasta hoy una relación directa de causalidades entre el capitalismo, sus modos tecnológicos de producción, consumo, organización social y la destrucción profunda de la naturaleza.

Lo que no se ha dicho en la discusión de manera clara es que el desastre ambiental tiene unas raíces no solo naturales sino económico-sociales-culturales, con una clara dimensión política. La catástrofe ambiental en Colombia se suma a los desastres de distinto signo, tales como desempleo, marginalidad, subeducación, violencia, crímenes, diáspora interna y externa, corrupción generalizada, abusos, humillación, explotación, racismo…

Lo que va a operar es una simbiosis destructiva entre lo natural y lo social-económico, que debe ser visto en una perspectiva más general. Hace un año fue en Haití, antes en Nueva Orleans, luego en Chile, Paquistán, Rusia, Venezuela, Brasil, Australia y otros lugares. Reitero, todo esto tiene que ver con el calentamiento global del planeta, con los modelos y estilos económicos de destrucción ambiental.

El país requiere una transformación que vaya de lo urgente a lo permanente, de lo coyuntural a lo estructural. Un retorno y reinvención de la planeación real (no la del Plan de las locomotoras productivista, mercantil y antiecológica: Prosperidad para Todos, 2010-2014) de abajo hacia arriba, de las regiones al centro con un sentido democrático, de unidad nacional e integración con el vecindario andino y el Caribe. Donde los modelos hidráulicos y telúricos sean los criterios rectores. El movimiento alter-ambiental a escala mundial ha precisado la conducta ético política a seguir: No cambiemos el ambiente, cambiemos el sistema.


Los costos de la minería

El Tiempo
Febrero 27 de 2011.

"Debemos terminar con la minería a cielo abierto en las zonas montañosas, recuperar los lugares en donde se ha adelantado y garantizar que las fuentes de agua allí ubicadas sean seguras para el consumo humano." Esta es una de las conclusiones del estudio realizado por el Centro para la Salud y el Medio Ambiente Global, de la Universidad de Harvard, bajo la dirección de Paul R. Epstein, con la coautoría de once científicos, que tomó la minería de carbón a cielo abierto en los Apalaches como uno de sus temas centrales de investigación (Anales de la Academia de Ciencias de Nueva York, febrero del 2011).

En otra investigación se llegó a esta misma conclusión (Science, enero del 2010), al encontrar, como en aquella, que este tipo de minería está trayendo inaceptables impactos para la salud humana, la calidad de vida de la población, la biodiversidad, el suelo y las fuentes de agua, en esta emblemática cordillera norteamericana. Es imperativo que estos hallazgos de la ciencia sean tomados en cuenta para evaluar los proyectos de minería del oro a cielo abierto en Santurbán y en La Colosa, puesto que gran parte de sus impactos ambientales podría ser equivalente a los ocurridos en las diversas operaciones mineras de carbón de los Apalaches.

Además, la investigación de la Universidad de Harvard saca a la luz, como quizá ningún otro estudio lo había hecho antes, cómo las fallas en el mercado de la energía están contribuyendo a la generación de graves daños ambientales y sociales. En efecto, a partir de una minuciosa contabilización de los impactos del carbón sobre la salud humana y el medio ambiente, a lo largo de su ciclo de vida -que incorpora su explotación, su transporte y su combustión en plantas de generación eléctrica, incluyendo el flujo de los residuos resultantes-, se concluye que, en Estados Unidos, su costo podría ascender a medio billón de dólares anuales (¡o quinientos mil millones de dólares!). Es un gigantesco costo que las empresas mineras y de electricidad están generando no obstante que básicamente cumplen con la legislación ambiental y de salud. Precisamente, por eso se les denomina costos ocultos, y se estima que para evitarlos, mitigarlos o compensarlos se requeriría aumentar el precio actual del kW-hora entre dos y tres veces.
¿Cómo se ve Colombia a la luz de las conclusiones de este estudio? En el caso del carbón que explotamos y consumimos localmente, el conjunto de las empresas mineras y termoeléctricas, incluyendo las que cumplen a cabalidad con la normatividad, estarían generando costos ambientales y sociales ocultos, similares a los registrados en los Estados Unidos. Y en el caso del carbón de exportación, que es la mayor proporción, parte de los costos ocultos se generan en el territorio de los países consumidores, principalmente como consecuencia de su transporte a las termoeléctricas y de su combustión, e incluyen los correspondientes a los impactos asociados al cambio climático global.

Pero a los costos ocultos producidos por la totalidad de la minería de carbón de Colombia se adicionan, también, los enormes impactos ambientales y sociales generados como producto del lamentable desempeño de muchas de las empresas ubicadas en el centro del Cesar y en diversas regiones montañosas de los Andes, como lo ha mostrado Mauricio Gómez en sus documentales de CM&, que registran, además, el grotesco despilfarro de las regalías y la miseria imperante en estas zonas mineras.

Lo cierto es que la explotación del carbón y otros minerales marcha por una senda que está conduciendo paulatina y trágicamente hacia un declive acumulativo del patrimonio en biodiversidad y agua de Colombia, y que está causando cientos de muertes y graves problemas de salud a miles de ciudadanos. No es el único destino posible, pero a él pareceríamos estarnos autocondenando.

domingo, 30 de enero de 2011

A toda máquina

Por: Alfredo Molano Bravo
El Espectador
I 30 2011

MAL COMIENZA LA LOCOMOTORA minera. Se descarrila. Los rieles son herrumbrosos, están rotos y no sólo son discontinuos, sino que no son paralelos.


Además, la máquina es obsoleta. La explosión en la mina La Preciosa, vereda San Roque, municipio de Sardinata, Norte de Santander, dejó 21 muertos. En 2007 la misma mina dejó 32 obreros muertos por la misma causa: estalló una bomba de gas metano. En Amagá murieron el año pasado 87 mineros. Ingeominas declara que en 2005 hubo 40 emergencias de explosión o derrumbe y 37 muertos; en 2010, 76 emergencias con 176 muertos. Las cifras de la Defensoría del Pueblo son más alarmantes: en los últimos tres años han muerto 216 obreros en minas de carbón y oro. El ministro Carlos Rodado se ha excusado: es que para controlar la seguridad en 6.000 minas sólo hay 13 empleados. De otro lado, según cifras oficiales, para vigilar la protección social hay 350 inspectores para todo el sector minero energético. La seguridad minera —salvo, claro está, la que rodea con ametralladoras o cañones las zonas de las grandes compañías— es prácticamente nula. Y no es fácil de aumentar y poner, digamos, a nivel de la de Chile, o de Perú, porque, como dice un experto de la Universidad Nacional, la rentabilidad prevalece sobre la seguridad. ¡¿Cuánto no dejarían de ganar los empresarios mineros si se parara la explotación de un entable para medir tres veces diarias los niveles de gas metano y de polvillo de carbón?! Más barato, dirán, es pasarle un billete al inspector; o pagar los entierros con los fondos de la tan de moda responsabilidad empresarial que sus señoras han creado y que sirven hasta para enviar coronas a los sepelios.

La realidad es dramática. Las licencias las da Ingeominas sobre papeles que las mismas empresas interesadas llenan; en los municipios, los alcaldes, siempre a la caza de “colaboraciones generosas” y con el chantaje del empleo sobre sus puestos, terminan firmando lo que las empresas pidan. El mismo trámite existe en las corporaciones de desarrollo regional para obtener los permisos ambientales: las aceitan.



Legalizar la explotación de minas es fácil y barato: basta untarle la mano a quien se ponga intenso, rígido o terco. (Ahora se usa regalar collares de oro para borrar las huellas del soborno). Visto así, los empresarios pagan varios tributos para poder funcionar: a paras o guerrillas; a la fuerza pública, a través de colaboraciones institucionales; al Estado, y a los funcionarios del Estado. Y también a las comunidades para que las fuerzas vivas no hagan manifestaciones que incomoden o denuncien los atropellos por venir: regalan la pintura para una escuelita, pagan cinco obreros para que hagan las cunetas en una trochita, otorgan tres bequitas, siembran 12 pinitos. Obras pías, todas en diminutivo. Y ya. A que la máquina ruede.

¿Cómo va el gobierno actual a tramitar los miles de títulos mineros que el anterior otorgó a diestra y siniestra con una criminal irresponsabilidad? Más grave: ¿Cómo va a controlar la seguridad social y la militar en esas minas? Simple: dándoles las concesiones de explotación a las grandes compañías como la del Cerrejón —cuyo sindicato prepara una huelga por alza de salarios— y sacando a los pequeños mineros del juego, es decir, ilegalizándolos. Ya se resbala el argumento de que la informalidad o la ilegalidad de la pequeña minería son causas de los accidentes, cuando los muertos de Amagá y de Sardinata, más de 100 en seis meses, son responsabilidad de las empresas mineras legales. Lo que hay es una estrategia oficial para que los pequeños mineros de oro y de carbón les dejen el campo libre a las grandes compañías.



En materia de medio ambiente la cuestión no es menos catastrófica. Conjeturo que los mismos señoritos que aprobaban los regalos en Agro Ingreso Seguro son los que firmarán las licencias ambientales para explotar las minas de oro, platino, carbón, coltán. ¡Para eso se necesita experiencia! Y la tienen. Se dará licencia para secar acuíferos, como en La Jagua de Ibirico; botar a los ríos miles de toneladas de cianuro y mercurio, como en Remedios, Segovia y Cajamarca; destruir los páramos, como el caso de Santurbán y Sumapaz. En fin, hacer ochas y panochas con lo que les pertenece a nuestros hijos y nietos. Para manejar —palabrita de moda— el sector ambiental es necesario no sólo saber nadar entre tiburones, sino lo que es más peligroso: entre abogados, economistas, expertos ambientalistas, coroneles y demás empleados que representan los poderosos intereses de las poderosas compañías multinacionales.

Hay que abonar que el presidente Santos haya suspendido sus compromisos en Europa para venir al sepelio de los mineros de La Preciosa y que el ministro Rodado haya invitado una misión chilena a ver qué se puede hacer en este caos.

sábado, 29 de enero de 2011

Falta de debate sobre el modeloTensiones entre extractivismo y redistribución en los procesos de cambio de América Latina

Raúl Zibechi
ALDEAH

Voy a tocar cuatro aspectos en relación al tema del vínculo que existe entre el extractivismo y la redistribución de la riqueza, entendiendo que este vínculo implica relaciones de poder.


Falta de debate sobre el modelo

Una primera tensión es la falta de debate que tenemos sobre el modelo. En general, se ha aceptado, se ha asumido, por parte de los gobiernos, de que éste es el modelo viable y posible; de que éste es el modelo necesario para seguir adelante. Y no hay debate. Las izquierdas, nos hemos fortalecido, los movimientos nos hemos fortalecido, en la trayectoria, discutiendo, debatiendo, interpelando, confrontando. No es necesario rebajar el nivel del debate, rehuir el debate para seguir siendo de izquierda o para tener un cierto nivel de apoyo a los gobiernos.

Si no discutimos, si no elevamos la temperatura de los debates, se va a seguir haciendo lo mismo, se va a seguir continuando con un modelo que ya tiene un camino hecho. Podría aceptar si los gobiernos progresistas y de izquierda argumentaran “a fin de mes, el Estado tiene que pagar a los funcionarios, a los maestros, a los médicos, a las enfermeras, a los militares; pagar las obligaciones que tiene todo Estado, pagar los salarios, como mínimo. Y para eso necesitamos ingresos”. Pero no se argumenta así, se nos dice que éste es el modelo bueno, cuando hay una mínima interpelación. Si aceptáramos ese debate, entonces estaríamos en ese otro lugar para decir “hoy esto es lo que hay, pero veamos de qué manera se puede intentar salir de este modelo”. Hay un mínimo avance en ese sentido en el caso del proyecto ITT. Es un espacio interesante pero absolutamente insuficiente. Lo que predomina es la continuidad: la continuidad, sin debate. ¿Cómo vamos a fortalecer alternativas al extractivismo? ¿Diciendo que el extractivismo es bueno, que hay que hacer represas hidroeléctricas gigantes, que hay que continuar con la minería, que hay que continuar con la soja, que hay que continuar con la caña de azúcar para hacer biocombustibles, con la forestación, etc.? Es necesario abrir un debate profundo en los movimientos y entre los movimientos y los gobiernos. Abriendo un debate, ya estaríamos en otro lugar, en otra situación.

Difícil construcción de nuevos actores sociales

El secundo problema que veo, es que aún no hay actores sociales suficientemente consolidados para combatir el modelo extractivista. Voy a dar un ejemplo: durante la fase de privatizaciones del modelo neoliberal, existían actores, por lo menos en el cono sur, en torno al movimiento sindical. Lo que se privatizaba eran empresas estatales. Entonces, los sindicatos y buena parte de los trabajadores del Estado y de otros sectores - aunque no fueran del Estado - ya tenían una clara consciencia de que esas empresas, si se privatizaban, iban a implicar una perdida para los trabajadores y para el país. Y había una consciencia de derechos que giraba en torno a esta propiedad estatal; de las empresas de telecomunicaciones, de petróleo, de gas, de electricidad, de correos y otras. Hoy en día es más complejo: los emprendimientos extractivistas están lejos de la grandes ciudades, en la cordillera andina, o en la Pampa, o en situaciones que no afectan, o solo indirectamente, al grueso de la población; las poblaciones de las grandes capitales (y hoy tenemos una población mayoritariamente urbana en América Latina), no están inmediatamente afectadas por una concesión minera a quinientos, a mil kilómetros de la cuidad, o porque se abren campos para la soja o para la forestación. Y muchas de esas áreas son territorios poco poblados. El año pasado, estaba en Ecuador. Solamente yendo a las comunidades más afectadas por la contaminación de las nacientes de los ríos, uno puede comprender esa dificultad para que aquella comunidad, que está cerca de cuenca, le transmita a la gente de la cuidad: “a nosotros ya nos llega el agua contaminada, dentro de un tiempo Uds. van a tener un problema gravísimo”. Hay una dificultad enorme que está trancando, trabando, enlenteciendo la constitución de actores sociales.

Entonces es natural que la construcción de actores sociales para enfrentar el extractivismo sea una tarea más compleja, más larga, más dificultosas; porque salvo en el caso de unas cuantas comunidades quienes combaten los efectos inmediatos del extractivismo, estos efectos no son claramente perceptibles para el grueso de la población. Y en este periodo, es imprescindible abrir un debate necesario para la constitución de actores sociales. Los actores sociales no se constituyen sino en conflicto. Y el papel del debate, de la clarificación de ideas, es fundamental. Debate y conflicto van de la mano.

Efecto domesticador de las políticas sociales

La tercera tensión que observo, por lo menos desde el cono Sur, es la cuestión de las políticas sociales. Por un lado, las políticas sociales alivian la pobreza. Han conseguido disminuir la población bajo la línea de pobreza. Han conseguido que las personas tengan más alimentación, más salud, etc. No han sido suficientes para disminuir la desigualdad (en mi país, Uruguay, la desigualdad sigue creciendo, aunque la pobreza bajó de la mitad), lo que es un indicador de que el patrón de acumulación sigue siendo polarizador. Y lo mismo sucede en Argentina, en Brasil y por supuesto en Chile.

Pero además, esas políticas sociales tienen otro problema, y ahí está la tensión y la contradicción. Tienden, y lo voy a decir con todas las letras, a domesticar a los actores sociales, a dificultar el relanzamiento de los conflictos. Tienden a dividir, a cortar, a fragmentar; ya no a dirigentes puntuales sino a organizaciones enteras. Y a los que no se someten a esa domesticación, se los criminaliza.

Entonces tenemos una necesidad de discutir las políticas sociales, que por ahora no están en el debate. Se acepta que ayudan a mejorar la situación de pobreza, pero no se ven los problemas que crean en el debilitamiento de los movimientos. Las políticas del combate a la pobreza no son nuevas; las inventó, a raíz de la derrota del Vietnam, un señor que se llamaba Robert McNamara, que fue presidente de la Ford y después fue ministro de defensa. Después de la guerra del Vietnam, fue durante años presidente del Banco Mundial e inventó el combate a la pobreza, diciendo: “si no combatimos ciertos niveles extremos de pobreza, nunca ganaremos”. Pensaba como un militar.

Entonces, el Banco Mundial fue el pensamiento duro de las políticas sociales; y los gobiernos de nuestra región, pienso sobre todo en el cono Sur, han asumido el combate a la pobreza con algunos cambios. Las políticas sociales siguen siendo políticas compensatorias y facilitan la acumulación del extractivismo, acumulación por despojo, por robo de los bienes comunes.

¿Hasta qué punto y de qué modo las políticas sociales desarticulan movimientos? Conozco - porque he trabajado con ellos y mantenemos un dialogo desde hace años - el caso del Cauca, de los Nasa, de Colombia. Están siendo atenazados por un lado, por la guerra, feroz, terrible - todo los meses dirigentes indígenas muertos, asesinados - y por el otro lado por políticas sociales. En algunos casos se trata simplemente de repartir dineros y, en otros casos, crear organizaciones sociales que se llaman indígenas que hablan de la “pluri” y de la “multi”, pero que son creadas desde el Ministerio del interior, y eso es política antisubversiva.

Entonces creo que aquí tenemos una contradicción, porque las políticas sociales son duales: mejoran indicadores de pobreza pero domestican. Tenemos un trabajo importantísimo por hacer con algunos de los conductores de esas políticas que son o bien trabajadores y trabajadoras sociales, o bien sociólogos y sociólogas, o bien dirigentes sindicales o dirigentes sociales, ex piqueteros, ex asambleístas o aún piqueteros que son incrustados en los movimientos y que conducen las políticas sociales en el territorio.

En el cono Sur, las políticas sociales de última generación, que se pretenden no compensatorias, son políticas territoriales. Y la usina de pensamiento ya no es el Banco Mundial, sino la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Entonces cuando estamos discutiendo de eso, estamos discutiendo para pelear, en parte, contra nosotros mismos, porque esas políticas nos atraviesan y muchos y muchas estamos implicados en esas políticas. Y creo que hay que tratar de discutir para ver cómo hacemos para que esos flujos faciliten la organización y el conflicto, sirvan para fortalecer a los movimientos, no para debilitarlos. Es una batalla que algunos movimientos ya están desarrollando, en la Argentina y en varios países más. Aquí hay un escenario abierto, una tensión muy fuerte que no sabemos aún cómo manejarla y que muchas veces nos maneja a nosotros.

Nueva élite en el poder

La cuarta y la última tensión es la más complicada de formular. Sospecho que está surgiendo una nueva elite en el poder, que tal vez sea una nueva clase, una nueva nomenclatura, integrada por algunos sindicalistas (sobre todo los vinculados a los fondos de pensión, los que han trabajado en la banca), por cuadros políticos de izquierda (los que han hecho carrera en municipios, en ministerios, que están allí dirigiendo políticas, dirigiendo empresas públicas, estatizadas en el caso de que han sido privatizadas), y también por viejos funcionarios del Estado, funcionarios de carrera del Estado, cómo Samuel Pinheiro Guimarães que diseña estrategias en Brasil. En algunos países también hay militares en esa nueva elite.

Entonces ahí está formándose algo, que como dice un pensador brasileño, Chico da Ribeira, las categorías que teníamos antes – cooptación, traición, clase dominante, burguesía – tal vez ya no son tan útiles para pensar la nueva realidad que estamos viviendo. Pero miremos la realidad de frente, y muchas veces nos vamos a encontrar con partes nuestras en esa nueva elite. Quizá no nosotros directamente, pero amigos, vecinos, familiares, y nosotros incluso colaborando para eso.

Está surgiendo una elite dominante que maneja nuestro discurso, que maneja nuestras palabras: derechos humanos, etc. Entonces, el continente está transformándose. Radicalmente. En esa transformación, los movimientos están debilitados, surge un nuevo sector dominante que nos conoce muy bien porque viene de nosotros, de nuestros movimientos, que sabe cómo manejarnos y cómo manejar los vínculos.

Hay un conjunto de tensiones que están fortaleciendo un modelo que en sí mismo jamás podrá distribuir, y que en su costado más perverso implica brutales niveles de acumulación. Nuestros países son exportadores de oro, de plata, de materiales que son fundamentales para la acumulación de riqueza. Y en el otro extremo del mismo modelo, políticas sociales que nos debilitan, que hacen que para mucha gente sea más interesante anotarse a un movimiento, ya no para combatir, sino para hacer trámites en un ministerio y entrar en una rosca que finalmente no aporta nada al conflicto social. El conflicto social, el debate social, es lo único que nos puede sacar de este modelo extractivista y abrir las puertas para que – quizá - haya en el futuro un modelo que aún no tenemos claro, pero que sea más justo, más horizontal, más redistribuidor.

Transcripción por Donatien Costa

Intervención de Raúl Zibechi, periodista e investigador uruguayo, en el taller “Tensiones entre extractivismo y redistribución en los procesos de cambio de América Latina”, Foro Social de las Américas, Asunción, Paraguay, agosto 2010.

http://www.aldeah.org/es/raul-zibechi-tensiones-entre-extractivismo-y-redistribucion-en-los-procesos-de-cambio-de-america-lat

miércoles, 26 de enero de 2011

Sancocho de ácido, carbón y mercurio...

Por: JUAN GOSSAÍN / CARTAGENA DE INDIAS

9:28 p.m.
06 de Diciembre del 2010/ El Tiempo



El alcatraz que vuela entre mis sueños lleva en su enorme pico una quimera... (Walt Whitman, Hojas de hierba).



Una mañana de mayo pasado, los viejos madrugadores del pueblo de Marytown, perdido en las costas que bordean el sudeste de los Estados Unidos, se levantaron como todos los días a echarles unas migajas de pan a los pájaros marinos que merodean con mansedumbre por los patios y que se han ido convirtiendo en sus amigos.



Lo que vieron los dejó espantados: las gaviotas de cabeza negra, que son tan bellas, también tenían negro el plumaje. Del pico les goteaba una mancha babosa. No podían levantar el vuelo de la arena, con las patas hundidas en una masa de chapapote pastoso, como el asfalto cuando se derrite. Una de las gaviotas miró a la gente pidiendo ayuda.



Según cuentan los testigos, más allá de la playa, cerca del río, tres garzas morenas habían muerto con los ojos despepitados. El guiso espantoso que navegaba corriente abajo, matando todo lo que se le atravesara, era la mezcolanza de petróleo crudo de la empresa British, que cayó pocos días antes a las aguas del Golfo de México.



A esa misma hora los alcatraces de la bahía de Santa Marta, al norte de Colombia, desayunaban su ración cotidiana de buñuelos de carbón. El periodista Antonio José Caballero, grabadora en mano, esperaba en la playa el regreso de los pescadores que habían salido a trabajar temprano. Mientras aguardaba, la cámara de su teléfono celular retrató la pala enorme de un barco carbonero que arrojaba al mar el polvo negro que sobró en las bodegas.



A esa misma hora, en las playas legendarias de Juanchaco y Ladrilleros, cerca de Buenaventura, los lancheros de cabotaje que llevan carga y pasajeros por los pueblos que se arraciman en las orillas del Pacífico limpiaban sus motores preparándose para un nuevo día de trabajo. Como si fuera la cosa más natural del mundo, arrojaban al mar el contenido de unos tanques repletos de residuos de gasolina, queroseno y diésel. Un langostino magnífico, que medía un jeme, iniciaba el día tomándose su primera taza de combustible. Cuando vi la fotografía en El País de Cali me dieron ganas de echarme a llorar.



A esa misma hora, en la zona industrial de Cartagena de Indias, abierta sobre la bahía del Caribe resplandeciente, los trabajadores de una compañía empacadora se sentaron a desayunar en los comedores de su empresa. En ese momento volvieron a ver, como venía sucediendo en las mañanas más recientes, que una nata de tizne cubría la superficie del café con leche, y que una mermelada negra, tan semejante al betún de limpiar zapatos, se había pegado al pan y al queso blanco.



Entonces, no aguantaron más. Se levantaron todos, sin que nadie los hubiera convocado, y comenzaron a golpear los platos contra los mesones. La algarabía se oyó en media ciudad. Las autoridades ambientales ordenaron el cierre de un muelle vecino, que se dedica a cargar carbón a cielo raso, sin mayores precauciones ni cuidados, sin tubos cerrados ni conductores protegidos. Seis días después el muelle fue reabierto.



A esa misma hora, en la región acuática de La Mojana, que cubre un gigantesco territorio húmedo de los departamentos de Bolívar, Sucre y Antioquia, bajaban resoplando los ríos Cauca y san Jorge, que se desbordan en caños y ciénagas. El apóstol Ordóñez Sampayo, que se ha gastado la vida defendiendo de la contaminación a campesinos, cosechas y animales, apareció en la plaza de Guaranda con el dictamen médico en la mano: los doctores certificaban que los tres niños que nacieron deformes tenían mercurio en el sistema sanguíneo.





El terrible mal de Minata, como lo saben los japoneses, porque las empresas en cualquier parte del mundo, en Tokio o en Majagual, arrojan porquerías químicas a las corrientes, y primero se pudren las aguas, y después nacen degenerados los peces y los camarones, y después nacen sin ojos los niños cuyas madres, en aquellos caseríos extraviados de la mano de Dios, consumen esa agua y esos pescados.



En las cabeceras de ambos ríos, las compañías mineras, que buscan oro entre la tierra, hacen sus excavaciones con un sancocho de mercurio y ácidos. Arroyos y acequias se llevan el mazacote. Los bocachicos mueren con la boca abierta en los playones. Las espigas de arroz no volvieron a crecer.

En medio del desastre causado por las inundaciones, y como si fuera poco, las yucas harinosas de antes florecen ahora con un hongo químico a manera de cresta. El hambre campea entre los pocos ranchos que no se ha llevado el invierno. Las emanaciones de las lagunas huelen a lo mismo que huele un laboratorio de detergentes.



Hay que decir, también, que los empresarios mineros se defienden diciendo que Ordóñez Sampayo está loco. Claro que está loco: ningún hombre cuerdo expone su pellejo ni dedica su vida entera a defender a un ruiseñor, una mojarra, un plátano pintón, una mazorca de maíz o a una mujer embarazada que carga un fenómeno en el vientre.



Epílogo



Aquella mañana, cuando los pescadores de Santa Marta regresaron a la playa, el periodista Caballero los acompañó en su tarea de descamar y abrirles el buche a los escasos pescados que traían.



-¿Qué es eso? -preguntó, intrigado, al ver unas bolas negras en el estómago de un bagre.



-Carbón, amigo -le contestó uno de ellos, levantando el animal-. Pelotas de carbón. Eso es lo que comen ahora.



Caballero tomó más fotografías y se las llevó a algunos funcionarios de la industria carbonera.



-No se preocupe -le contestó el gerente-. Vamos a construir un nuevo muelle de última generación.



-No lo dudo -dijo el reportero, con una mueca de dolor que parecía sonrisa-. No lo dudo: será la última generación.



El día que Caballero me contó esa historia, y me enseñó sus fotografías, ya no sentí ganas de echarme a llorar, como la vez aquella del langostino bañado en combustible. Lo que sentí ahora fue rabia. Cuando ya no quede una sola hoja de acacia, cuando el último pulpo haya muerto atragantado con ácido sulfúrico y cuando nuestros nietos nazcan con un tumor de carbón endurecido en la barriga, entonces será demasiado tarde. Dispondremos de computadores infrarrojos de última generación, pero ya no habrá agua para beber; los celulares de rayos láser se podrán comprar en las boticas, pero el sol no volverá a salir; los niños encontrarán el algoritmo de 28 a la quinta potencia con solo cerrar los ojos, pero dentro de 20 años no sabrán de qué color era una golondrina.



Los invito a todos a ponerse de pie antes de que se marchite el último pétalo. Usen el arma prodigiosa del Internet para protestar. Hagan oír su voz. Que el correo electrónico de los colombianos sirva para algo más que mandar chistes y felicitaciones de cumpleaños. Porque, si seguimos así, el día menos pensado no quedará nadie que cumpla años. Ni quién envíe felicitaciones.





JUAN GOSSAÍN

lunes, 24 de enero de 2011

Conflicto minado

Por: Alfredo Molano Bravo
El Espectador
Enero23 2011

A RAÍZ DEL ASESINATO DE LOS ESTUdiantes en Córdoba, el Gobierno se vio obligado a emprender un operativo policial contra los paramilitares en la región. Quizá tenga éxito.


Pero como para guardar cierto equilibrio político, el presidente ha dicho que la minería informal está en manos de la guerrilla, según correos encontrados en el computador de Jojoy. No tengo duda de que la guerrilla pone la canal en la minería, como también en la coca, el comercio, el transporte, la ganadería y en cualquier rama que sea rentable. Pero identificar pequeña minería con subversión es unilateral, por lo menos, y además peligroso para los miles de mineros artesanales, regados por todo el país y que, por supuesto, no tienen licencia ambiental. En la minería hay tres tipos de explotación: la gran minería de las multinacionales —El Cerrejón, La Jagua de Ibirico—, la mediana, que trabaja con dragas y retroexcavadoras —Bajo Cauca, Caquetá—, y la artesanal, que usa la batea y el almocafre —ríos Telembí y Suárez—. La gran minería fue privilegiada por Uribe. Entre 2002 y 2009 el área titulada pasó de un millón a 8,5 millones de hectáreas*, casi la misma superficie que hay en agricultura. ¡Hasta Cuchillo tenía títulos mineros! Y ni hablar de gabelas: una sola de las exenciones tributarias que dio Uribe a las multinacionales de la minería es mayor al presupuesto del Ministerio de Agricultura. En los páramos las concesiones pasaron de 70.000 hectáreas a 122.000. El 80% del área dada en concesión fue otorgada por Uribe entre la fecha de aprobación por el Congreso del nuevo Código Minero y la fecha de la sanción presidencial de la ley. Una clásica avivatada. La mayoría de la minería mediana de oro es ilegal, o posee licencias fraudulentas que se consiguen corrompiendo funcionarios de las CAR. La mediana minería no es una actividad marginal: en el alto río San Juan hay 400 retroexcavadoras trabajando día y noche y se estima que podrían estar sacando cerca de 20 toneladas anuales de oro. Más aún, son empresas en manos de unos pocos socios, que además tienen máquinas trabajando clandestinamente en otras muchas zonas mineras. Es extraño que el Gobierno no haya denunciado la íntima asociación de esta minería con el paramilitarismo. Queda la pequeña minería ancestral, el barequeo o el mazamorreo, que usa las mismas técnicas desde la Colonia. Con suerte un barequero saca un grano al día; miles de familias viven de esta actividad desde Barbacoas hasta Riosucio, y desde el Putumayo hasta el Baudó.El Gobierno parece interesado en crear una identificación entre minería artesanal y minería ilegal, y entre minería ilegal y guerrilla para justificar la militarización de las zonas mineras. (Así sucedió hace años con las minas de esmeraldas de Muzo y Coscuez, que terminaron controladas por don Víctor Carranza). La razón hoy es simple: las grandes compañías requieren que los territorios concesionados estén libres de toda protesta social. Inclusive quieren brincarse, como ya lo han hecho en muchas partes, la consulta previa a las comunidades indígenas y negras. Con las licencias ambientales no tienen problema porque son las mismas compañías las que investigan y determinan cuáles son los efectos negativos que causarán en las zonas y son ellas las que también formulan el plan de manejo y lo llevan a cabo. Hasta ahora el gobierno de Santos ha renunciado a formular una política ambiental coherente y sólida frente a una minería gigantesca que amenaza con llevarse por delante páramos, humedales, ríos, y, sobre todo, comunidades. En manos de Sandra Bessudo, el sector ambiental anda manga por hombro, paralizado por su rivalidad con la señora Uribe y con un presupuesto que representa sólo ¡el 0,09% del PIB!*. La política ambiental debe evitar la criminalización de la minería artesanal en beneficio de las multinacionales canadienses que, como es bien sabido, son reputadas en el mundo entero como las causantes de los más sangrientos y brutales atropellos contra las comunidades locales y contra el medio ambiente.

* Guillermo Rudas. Consultor del Consejo Nacional de Planeación. Política Ambiental del Presidente Uribe, 2002-2010. Consejo Nacional de Planeación en octubre de 2010.

sábado, 22 de enero de 2011

Sydney Possuelo lanzó una carta abierta para recabar apoyos

Pablo Cingolani

Rebelión
I 22 2011

Sydney Possuelo, el defensor de los derechos de los pueblos indígenas más reconocido del presente, ha lanzado una “carta abierta” –fechada en Brasilia, el pasado 15 de diciembre- y que está recorriendo el mundo entero, pidiendo con vehemencia que se proteja la vida de los últimos pueblos indígenas aislados de la selva amazónica.


La carta, cuyo original fue escrito en español, ya ha sido traducida al inglés, francés, portugués, italiano, catalán, e incluso al sueco.

Se espera reunir miles y miles de firmas que permitan apoyar este llamamiento urgente por el destino y los derechos humanos de los aislados que viven al interior de la Amazonía continental sudamericana, y cuya supervivencia está más amenazada que nunca por el avance de las actividades extractivas como la minería, la exploración petrolera y los agro negocios, las grandes obras de infraestructura y las políticas de desarrollo que las impulsan.

Sydney Possuelo fue considerado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como uno de los diez “Héroes del diálogo” del planeta, por sus acciones de protección de los pueblos indígenas que habitan en la Amazonía, durante más de cuatro décadas. Como “sertanista” (experto en selva y pueblos indígenas), Sydney promovió desde 1987 el hoy universalmente aceptado principio del “no contacto” que busca proteger a los pueblos indígenas aislados de los impactos negativos del desarrollo y la deforestación de los bosques.

En ese sentido, Possuelo expresa en su carta que hace cinco años, convocó al primer encuentro internacional en defensa de estos seres humanos. “Nos reunimos en Belem do Pará –afirma la misiva- y allí propuse la creación de una Alianza Internacional para su protección. Digo sin angustia pero con claridad: hemos avanzado muy poco en ese sentido. Siento que la urgencia de entonces, se volvió hoy una amenaza definitiva: los pueblos aislados y sus territorios están en riesgo como nunca antes”.

Expertos en materia ambiental de muchos países coinciden en señalar que, dada la crisis mundial energética y alimentaria, la Amazonía se ha vuelto el espacio de la Tierra más codiciado por las trasnacionales para explotar sus recursos naturales.

Possuelo denuncia en su carta que “en los últimos cinco años, he visto intereses para sacar a los aislados de sus tierras y permitir así la invasión de empresas petroleras o mineras; he visto cómo se firman decretos y otorgan concesiones para explotar recursos naturales en zonas donde habitan estos seres humanos; he visto indígenas muertos o perseguidos por defender sus derechos; he sentido que seguimos considerando a la Amazonia y a los indígenas como un obstáculo a las estrategias de desarrollo, como la que encarna la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana”.

La referida IIRSA es un multimillonario plan que impulsan los países de Sudamérica y los bancos multilaterales para implementar mega proyectos de transporte, energía y comunicaciones para dotar a la región de la infraestructura para extraer, en dimensiones nunca antes vistas, recursos naturales, commodities para su exportación a los mercados mundiales. Para algunos, es el principio del fin de la biodiversidad amazónica, y con ella la suerte de los pueblos que dependen de ella, ya estaría echada.

Por ello, Possuelo prosigue denunciando dramáticamente que “Represas, carreteras, puentes están siendo construidos en la Amazonía, sin proponer acciones que de manera efectiva protejan los derechos de estos pueblos, y si persisten estas actitudes, el destino de los aislados ya está determinado y ellos desaparecerán”.

En la actualidad, y es sólo un ejemplo, sigue la construcción de las polémicas mega represas hidroeléctricas en el río Madeira, en el estado brasileño de Rondonia. Estos diques forman parte del llamado Plan de Aceleración del Crecimiento (el temido PAC), impulsado por el gobierno de Brasil, un engranaje más de la IIRSA citada. El 44 % de la generación hidroeléctrica planeada dentro del PAC-IIRSA afecta Territorios Indígenas legalmente establecidos. Hay más de 200 proyectos de represas a construirse. En el caso del Madeira, el principal tributario del Amazonas, la generación de energía es sólo el inicio de un vasto emprendimiento que incluye la construcción de esclusas en el río para volverlo navegable y transformarlo, enlazado a una red de carreteras, en un corredor internacional, comercial y agropecuario, productor de soya y ganadero, que arrasaría con lo que poco que queda de la selva en esa área ya devastada desde finales de los 90. El complejo está afectando de manera directa a los pueblos indígenas Karitiana y Karipuna, que se están desplazando debido a la elevación del nivel de las aguas y su impacto sobre la flora y la fauna de la región ancestralmente habitada por ellos.

En la misma dirección, Possuelo alerta sobre otro mega proyecto que está a punto de concluirse: el corredor vial entre Brasil y Perú, que unirá, por primera vez en la historia, los dos océanos del hemisferio occidental: “Si está a punto de inaugurarse ahora la primera carretera interoceánica de Sudamérica a través de la selva -afirma el sertanista-, el hecho que los pueblos indígenas aislados no sean más perseguidos o sacados de su territorio sería la mejor prueba de responsabilidad y respeto que podríamos dar. En el tramo entre Assis Brasil, en el Acre, y Puerto Maldonado, en Madre de Dios, en el Perú, una zona que colinda con Pando en Bolivia, los camiones pasarán incesante y peligrosamente muy próximos a territorios poblados por ellos. ¿Qué haremos para que esto no signifique mas amenaza a la vida y más devastación del bosque? Es nuestra oportunidad para cambiar la historia para siempre, y evitar que llegue la hora fatal, la hora 25, cuando ya no se puede hacer nada más”- enfatiza el brasileño, en referencia a los pueblos en aislamiento de los ríos Tahuamanu, Las Piedras, Los Amigos y afluentes, al norte del departamento peruano de Madre de Dios.

Possuelo nació en 1940. Fue presidente de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) del estado brasileño. Impulsó la demarcación del territorio indígena Yanomami, el más vasto del mundo, y la creación de los Frentes de Protección Etnoambientales para garantizar la existencia de los pueblos en aislamiento. Su labor también ha sido reconocida con el Premio Bartolomé de las Casas y con la Medalla de Oro de la Real Sociedad Geográfica. La revista Time lo galardonó con el título de “Héroe del planeta”. Organizaciones indígenas de Bolivia lo declararon “Amigo y Defensor de los Pueblos Indígenas de la Amazonía”. Algunos lo han bautizado como “El Quijote de la selva”.

En su “Carta Abierta”, frente a la situación planteada, hace un llamado a todos porque “no podemos quedar indiferentes ante este drama. Es tiempo de reaccionar y que los estados, los gobiernos, las empresas, los organismos internacionales, las iglesias, todos, brinden garantías de cuidado a los derechos humanos de los pueblos aislados de la Amazonia. Es un deber de conciencia y un imperativo moral...”. De manera honesta, aclara que “no pido que detengan sus planes de gobierno, reclamo sí que una parte de lo que gastan en obras de infraestructura y las inversiones en industrias extractivas la usen para preservar verdaderamente a los aislados de toda violencia. Si como los gobiernos dicen, estos planes y obras son para vivir bien y tener bienestar, que incluyan a los aislados dentro de esos beneficios. Ellos sólo quieren asegurar sus territorios. Protejamos eso. Que ellos no paguen con sus vidas o con su desarraigo, como siempre ha sido, la falta de acciones sinceras de protección a sus derechos que además están consagrados en las leyes y en los tratados internacionales”.

La carta está siendo apoyada por hombres y mujeres del mundo entero. Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, autor del ya clásico libro “Las venas abiertas de América Latina” –donde se denuncia el drama humano ocasionado por la construcción de la carretera Transamazónica en la década del 70 del siglo pasado, que prueba que seguimos repitiendo la historia como tragedia- envió su adhesión desde Montevideo. El reconocido defensor de pueblos indígenas, el inglés canadiense John Hemming, por muchos años director de la Real Sociedad Geográfica del Reino Unido, también ha apoyado la iniciativa, así como Diego Azqueta, vicepresidente de la Sociedad Geográfica de España. Periodistas como Scott Wallace, fotógrafos como “Jochi” Martínez, cineastas como Andrea Tonacci y Erling Söderström, ecologistas como Robert Goodland y Marc J. Dourojeanni, han sumado su firma a la misma. Para adherirse a los propósitos de la carta, basta enviar un correo electrónico a endefensadelospueblosaislados@yahoo.com.ar, indicando nombre y apellido, ocupación y país de origen. La carta íntegra puede leerse en la página web de la Sociedad Geográfica Española (http://www.sge.org/noticias/completas/archivo/carta-de-sydney-possuelo-en-defensa-de-los-indigenas-aislados.html), y en otros sitios de la red. Una vez reunidas las firmas, la misma será enviada a la ONU (Foro Permanente de Cuestiones Indígenas y Alto Comisionado por los Derechos Humanos), a todos los presidentes y defensorías del pueblo de los países donde aún viven pueblos aislados y/o en contacto inicial o intermitente (Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Paraguay, Colombia y Venezuela), así como a los bancos y entidades multilaterales (BM, BID, CAF y otras) que están financiando las grandes obras de infraestructura que están poniendo en riesgo la existencia de los aislados.

Possuelo termina su carta con un clamor más que urgente: “La situación es crítica y todos deberíamos unirnos. No podemos permitir que una parte de la humanidad se extinga. Los aislados tienen que vivir. Son nuestra esencia más pura, nuestro impulso más vivo. Un mundo sin ellos no valdría la pena y en el futuro no habría perdón para una tragedia tan grande que nos hacemos contra nosotros mismos y el planeta”.

No hace falta más que enviar un e mail para empezar a apoyar esta causa. ¡Los pueblos indígenas aislados de la selva deben vivir! Ese debería ser un compromiso de todos los seres humanos.

El cambio climático podría desencadenar un nuevo Periodo de Migración

www.roman-empire-america-now.com

Traducido para Rebelión por César Suárez Noriega
I 22 2011

El cambio climático global es real. Durante los próximos años puede llegar a ser terrorífico, porque la gente parece ser “demasiado estúpida para vivir”, como solía decir un conocido del sur. Los que niegan el fenómeno han hecho escarnio de unos correos electrónicos entre unos científicos pero, independientemente de su sustancia (no mucha), ¿para qué, en buena lógica, conspirarían los científicos de todo el mundo para falsificar datos y conclusiones?


¿Dónde está el dinero? Con los que niegan el cambio climático, no con los proponentes. Los negacionistas también tienen una atención de los medios de comunicación desproporcionada para su número -a causa del dinero. Los negacionistas en Estados Unidos son una minoría ruidosa bien financiada, y es absolutamente obvio dónde recaen sus intereses: están financiadas, o les gustaría estarlo, por empresas como Exxon-Mobil. Ahí es donde está el dinero.

Es también significativo que solo en Estados Unidos, donde los medios corporativos dominan el diálogo, los negacionistas han obtenido un apoyo masivo.

¿Cuáles son los obvios intereses de los científicos, la gran mayoría, para estar de acuerdo en que un cambio climático provocado por el hombre supone una crisis que debe ser tratada? Los gobiernos pueden pagar a algunos; las fundaciones y las instituciones académicas pagan a la mayoría. ¿Tienen esas instituciones un interés obvio para apoyar la ciencia del cambio climático?

Quizá sí: se llama supervivencia a largo plazo. ¿Puede haber alguna razón más? La derecha estadounidense sostiene la conspiración de gobiernos de todo el mundo que quieren controlar a los ciudadanos norteamericanos. Eso es difícil de cuadrar con los hechos: algunos de los gobiernos más autoritarios, como China y Rusia, son reacios y actúan tarde contra el calentamiento global. Las democracias europeas, por otro lado, están más claramente a favor.

Quizá los proponentes son solo ideólogos anticapitalistas. No creo que se pueda definir a la mayoría de Europa y Japón como anticapitalista.

Quizá los ideólogos capitalistas, como los conservadores republicanos en Estados Unidos, están contra el cambio climático porque pueden prever el lógico movimiento en contra del crecimiento incontrolado que puede derivarse de él. Pero ellos también son los que tienen intereses obvios que defender.

Desafortunadamente, parece que esa gente es la que dirige el mundo -no los líderes, la gente que pone dinero tras ellos. Controlan la suficiente cantidad de medios de comunicación en un país, los Estados Unidos, y son eficaces difundiendo noticias casi falsas pero que suenan convincentes. Déjalos que duden sobre los efectos destructivos del cambio climático unos años más, mientras ellos obtienen un par de cientos de millones más de beneficios.

¿Le importa a esa gente? ¿Realmente creen que esos científicos de todo el mundo van a por sus tan duramente ganados millones? ¿Por qué iban a hacerlo?

De repente, los negacionistas descubren correos electrónicos entre científicos en los que se muestran en desacuerdo sobre unos datos, ¡y los toman como prueba de que la preocupación sobre las causas humanas de este problema global es un engaño! Los científicos discuten sobre datos y su significado todo el tiempo; no están discutiendo sobre la tesis general: los cambios globales son reales, causados por la actividad humana, y podrían llegar a ser terroríficos si no son minimizados por la acción colectiva.

Sin embargo, a causa de los esfuerzos mediáticos de los negacionistas, aún más gente en Estados Unidos dice cosas como, “Bueno…, quizá está aún en manos de los tribunales. Quizá esos científicos estaban exagerando los números. Quizá debemos seguir simplemente quemando petróleo hasta que estemos seguros. Además, ¡yo tengo bastante con mis problemas económicos! El calentamiento global es la menor de mis preocupaciones.”

El cambio de opinión en Estados Unidos es crítico, ya que era el país más contaminador, sigue estando en segundo lugar, y es, de lejos, el número uno en contaminación per cápita: si Obama no tiene el apoyo político para ofrecer propuestas significativas para afrontar el cambio climático, no será posible ningún acuerdo en Copenhague ni después.

Así que puede que no haya ni siquiera un acuerdo general en Copenhague. Entonces el cambio climático se acelerará. Los países del norte serán más cálidos y algunas partes más secas, otras más húmedas; también perderán parte de su litoral, pero lo más importante es que tendrán un clima más extremo; no llegarán a ser inhabitables; de hecho, algunas partes de Canadá y Rusia probablemente sean más habitables. Irónicamente, los países del sur, que hasta hace poco (China e India solo en la última década) no eran grandes causantes del calentamiento global, serán demasiado cálidos y secos para mantener a sus ya diezmadas poblaciones. Unas pocas naciones podrían desaparecer en gran medida bajo los mares crecientes.

Habrá hambrunas. También habrá migraciones masivas. Para los historiadores que conocen la caída del Imperio Romano, estos acontecimientos pueden empezar a sonar como un eco inquietante. El Imperio Romano cayó en parte por su propio peso, pero también en parte por las migraciones masivas de hordas de tribus germánicas desesperadas huyendo del hambre y de los Hunos de las estepas de Asia Central y Europa del Este. El movimiento de población fue denominado Periodo de Migración.

Esta vez, la migración irá -y ya está yendo--del sur hacia el norte.

Si este mundo no hace nada contra el cambio climático, la migración existente parecerá pequeña comparada con la oleada que podría seguir y la consiguiente miseria y rotura social que conllevaría. Las caras serán morenas y negras, pero cuando ocurrió lo mismo con las caras blancas (las tribus germánicas), el mundo entero, tal y como se conocía, sucumbió. Las vallas no detendrán migraciones como éstas, ni tampoco la policía ni los ejércitos. La gente encontrará el modo -a no ser que no tengan que hacerlo, a no ser que el mundo despierte y haga algo razonable respecto al cambio climático antes de que sea demasiado tarde.

http://www.roman-empire-america-now.com/climate-change.html.

Las cosas que pasan…Chernobyl Vive

David Antona González

Rebelión
I 22 2011

1.- ¿Seguir felicitándonos el año nuevo?


Creo que una decisión ponderada y a la larga útil para todos, sería dejar de felicitarnos el Año Nuevo. Propongo que previamente a esa medida nos detengamos un instante a pensar y a recordar que durante el año anterior, en las postrimerías del año 2010 y en los comienzos del 2011, cometimos la misma e inexcusable estupidez: aquella que consiste en desearnos compulsivamente un Feliz Año Nuevo.

Alguien, o simplemente la Naturaleza, el Cosmos, la capa de ozono o el Creador que preside a nuestros destinos, nos había obsequiado el año anterior con un terrible ramillete de catástrofes que pusieron de manifiesto una vez más, lo endeble, lo frágil y lo perecedera que es nuestra mal llamada civilización. En vez de repetir bobaliconamente hasta agotar todas las tarjetas adornadas con flecos de oro, festoneadas con pinos imperecederos y con sonrisas de niños en estado de levitación, de paisajes tiritando bajo una capa de nieve, no se le ha ocurrido a nadie tocar a rebato, maldecir a los próceres que inventaron en su momento ese hábito para goce y olvido de los pobres y desasistidos de este mundo cada primero de año. En vez de usar los diez dedos de la mano para llevar la cuenta de los terremotos, corrimientos de tierra, guerras, tsunamis, inundaciones y erupciones volcánicas que nos pusieron al borde del caos el año anterior.

La inestimable capacidad del hombre para levantar diques, muros, casas, puentes y ciudades derruidas a causa de una naturaleza irritada, desquiciada, soliviantada por las agresiones de las que viene siendo objeto, no han inspirado a nuestros semejantes posturas tan evidentes como las de sentarse a meditar en medio de esas ruinas, y de escupir a continuación hacia lo alto, dónde se aposenta, o reside ese que algunos califican de Sumo Hacedor. Para, a continuación jurar sobre esas montañas de cascotes, esas vidas devastadas, esos aviones estúpidamente paralizados, esas carreteras colapsadas, esos automovilistas que no pudieron dormir en sus casas por una simple tempestad de nieve… ¡qué nunca más!

Nunca más enviarían postales a sus amigos, allegados, próximos y conocidos deseándoles de forma totalmente inconsciente un año de dudosa e incierta felicidad, a sabiendas de que nunca se cumpliría. De que la Naturaleza seguirá restañando sus heridas, seguirá sin creer que el hombre va a manifestar en el umbral del nuevo año una mínima voluntad de cambio, de justicia y de humildad. De que va a renunciar a su afán de lucro, a convertir en oro los frutos de la tierra, del mar y del aire que respira y del agua con que sacia su sed.

2.- Chernobyl vive

Existe un caso, poco conocido, en el que la Naturaleza nos ha puesto ante los ojos como si de un libro se tratase, una especie de símbolo o de metáfora capaz de ayudarnos a entender –en un momento en que se elevan cada vez más voces señalándonos el peligro de extinción de nuestra especie– lo efímero del dominio que ejercemos sobre lo que vuela, nada, y respira.

Nos referimos a algo que sucede en este mismo instante en un lugar del planeta donde el hombre, en su afán de disponer de una energía ilimitada, provocó una catástrofe sin precedentes en la historia de la humanidad. Una agresión de consecuencias incalculables tanto, para el medio natural como para los habitantes que poblaban esa zona. Casi 25 años después de aquella catástrofe que tuvo lugar el 26 de abril de 1986, siguen muriendo hombres, mujeres y niños víctimas de las malformaciones cromosómicas causadas por la explosión del reactor atómico nº 4 situado en el complejo de Chernobyl (Ucrania).

Según un artículo escrito por la enviada especial Claude Marie Vadrot, a finales del año 2010 en la revista francesa POLKA, se calcula (datos de la O.M.S.) que la radioactividad habrá causado 10.000 víctimas. Greenpeace estima, por su parte, que entre 1986 y 2020 esa cifra se habrá elevado a varias decenas de miles de muertos. Entre esos fallecidos, figuran los que fueron sacrificados para construir un sarcófago que a estas alturas no ha impedido que desaparezcan del todo las filtraciones de radioactividad. La enviada especial de la revista POLKA a esa zona, evoca la catástrofe humana provocada por la explosión del reactor: 150.000 habitantes procedentes de toda la región fueron evacuados durante los días que siguieron a la explosión. Habría que añadir 50.000 residentes en la ciudad de Pripyat y 14.000 de Chernobyl. Pero el interés y la novedad de ese artículo, al margen de la evocación de los datos, reside en el relato de los pormenores de su visita, en lo que descubrió y que ella califica de “Libro abierto para naturalistas”.

La extraordinaria revelación a la que alude es la respuesta dada por la naturaleza, una vez liberada de la presencia del hombre, a la decisión tomada en 1986 por las autoridades ucranianas, al concluir que “era imposible evitar que los animales permaneciesen en una zona altamente contaminada por la radioactividad”. Los habitantes fueron evacuados pero se estimó que toda una región emponzoñada se convertiría a la larga en una tierra muerta y era preciso abandonarla a su suerte.

Los hechos demostraron lo contrario: la Naturaleza libre de desarrollar su potencia y su capacidad de renovación, se apoderó de ella. Claude-Marie Vadrot comenta en su artículo: “la zona más peligrosa del mundo se había convertido en un santuario. No solamente la flora y la fauna los bosques y las zonas agrícolas, sino también una vegetación incontenible que ya no sufría los efectos de los pesticidas, habían invadido los campos, los caminos, las calles y los edificios, en particular los de la ciudad de Pripyat, sino que además esos espacios se habían poblado con especies animales que habían desaparecido de la región hace decenas de años. Dándose la paradoja de que mientras las secuelas de la explosión seguían haciendo víctimas entre los humanos, se está desarrollando un ecosistema casi perfecto que, inesperadamente no provocaba en esas especies malformaciones o mutaciones genéticas.”

Para buscar una explicación a este fenómeno, Claude-Marie Vadrot interrogó durante su estancia a varios científicos e investigadores afincados en la zona. Su respuesta fue siempre la misma: “Han desaparecido la agricultura, la cría de animales y los asentamientos humanos. La Naturaleza y los animales salvajes ya no sufren ningún tipo de presión. Ni tampoco el estrés que nos aqueja a nosotros. Disponen además de una alimentación abundante. En consecuencia han adquirido una especie de inmunidad a los efectos de una radioactividad relativamente baja, que nos les afecta ni genética ni orgánicamente”.

No solamente, concluye la periodista, la vegetación ha crecido hasta formar matorrales impenetrables, sino también han proliferado las rosas que se plantaron en 1.974 y han aparecido nuevas especies: las cigüeñas negras, las avutardas grises, los jabalíes, los lobos, las aves rapaces y los roedores. Y los zorros, que como reza el comentario de la foto de una raposa tomada en una calle de Chernobyl, “ya no cazan gallinas, pero disponen de una abundante despensa con los conejos, ratones y pájaros que proliferan por doquier”.

Que cada cual saque su propia conclusión de esta sorprendente inversión en que la Naturaleza, mejor armada que el hombre para garantizar su supervivencia, recoloniza un espacio condenado a una muerte segura y lo transforma en una reserva natural. Lo convierte a fin de cuentas en un símbolo de lo que podría ser un organización social menos depredadora que la nuestra, más respetuosa de los equilibrios naturales, y orientada hacia una preservación de la vida.

3.- Recuerdo de Sylvia Plath y gitanos en Sevilla

Diciembre 2010 en las afueras de París… Hojeo el libro “Árboles de invierno” y me viene a la mente las circunstancias en que descubrí la existencia de esta poetisa durante otro viaje a la capital francesa. Fuera, la nieve cae ininterrumpidamente. Dan al instante la noticia de que todas las carreteras que convergen hacia París están colapsadas. (Más de 250 Km de atascos, hasta el punto de que muchos automovilistas que regresan a sus domicilios tendrán que pasar la noche en gimnasios o en locales habilitados por los municipios de los lugares donde se han quedado inmovilizados.)

…Dolorosa vida, pienso, la de esa mujer joven que se suicidó a los treinta años de edad. Se definía a sí misma como “a fragmentary girl”, un ser roto en varios pedazos, que vivía en un mundo tan dividido como ella. La lectura de sus versos y la nieve que cae sin parar me obligan a afilar la pluma contra ese fenómeno meteorológico capaz de sorprendernos y de paralizar un país de exquisita y complicada maquinaria como Francia. Lo titulo “Maldito invierno”. Dice así:”la nieve es engañosa. Nos deslumbra su blancura, su aparente inocencia y su liviandad. Pero harta y cansada de que la hollemos, de que la utilicemos para nuestros juegos pueriles, aprovecha la noche para endurecerse, para estriarse, para sembrar los pasos de los peatones de espejos relucientes, de tramos de acera embarrados en los que al menor descuido podemos resbalar y caernos al suelo, maldiciendo el engaño de esa blancura, esa inocencia y esa liviandad.”

La escucha de la radio española me devuelve de pronto a una realidad que dejé atrás hace apenas un mes: la de nuestra sociedad, tan dolorida y fragmentada como la psiquis de esa joven poetisa norteamericana. Una voz comenta: “los gitanos de este barrio de Sevilla se han quedado en el paro y se van con su familia a vender zapatos anti-crisis”. Otra voz añade: “Con la crisis, las ventas han bajado un sesenta por ciento… Ahí fuera, comenta esa misma voz, hay gente que lucha por sobrevivir” Y concluye: “La gente que me oiga, si sabe de algo, que me dé trabajo”.