lunes, 22 de marzo de 2010

Argentina: un freno a los agroquímicos

Darío Aranda
Sin Permiso
21/03/10


La Justicia de Santa Fe dejó firme la prohibición de utilizar glifosato, el pilar fundamental de la producción sojera, en cercanías de zonas urbanas. El fallo marca jurisprudencia, invierte el cargo de la prueba y exige nuevos estudios a la provincia.

La Justicia de Santa Fe dictó un fallo inédito, con posibles impactos en el modelo agropecuario de la Argentina, al dejar firme una sentencia que prohíbe las fumigaciones con glifosato en cercanías de zonas urbanas de la ciudad de San Jorge, en el oeste provincial. La medida fue decidida por la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial (Sala II) de Santa Fe, que dio otro paso inédito: ordenó que el gobierno de Santa Fe y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) demuestren, en el lapso de seis meses, que los agroquímicos no son perjudiciales para la salud. De esta manera, por primera vez, se invirtió la carga de la prueba: era una regla que los vecinos y campesinos intoxicados tenían que demostrar las afecciones en la salud, pero ahora serán los impulsores del modelo de agronegocios quienes tendrán que demostrar la inocuidad de los químicos. Los jueces también marcaron jurisprudencia al invocar el principio precautorio: ante la posibilidad de perjuicio ambiental irremediable, es necesario tomar medidas protectoras. Los iniciadores de la causa, vecinos que sufrieron trastornos en la salud por las fumigaciones, ya solicitaron que la medida se extienda a toda la provincia. El glifosato es pilar fundamental del monocultivo de soja.

San Jorge es una ciudad de 25 mil habitantes, ubicada a 144 kilómetros de la capital provincial. Es una zona sojera por excelencia. Durante los últimos quince años creció al abrigo del monocultivo, la zona urbana se extendió y también los campos sembrados. El barrio Urquiza está en el margen del pueblo, es humilde, con viviendas aún sin terminar y fue durante una década lindero a campos de soja. Desde la casa de Viviana Peralta se ve el campo, y también los aviones fumigadores. Ella fue una de las impulsoras de la denuncia inicial, luego de que su hija Ailén, de sólo dos años, sufriera ahogos, intoxicación y un desmayo después de una fumigación.

En marzo de 2009, el juez Tristán Martínez –del Juzgado Civil, Comercial y Laboral Nº 11– hizo lugar a un amparo y ordenó la suspensión inmediata de las fumigaciones en adyacencias de la zona urbana de la ciudad, hasta que el Concejo Deliberante y el municipio se hicieran eco de la ley 11.273 (sancionada en 1995) y determinaran qué zonas pueden ser rociadas con agroquímicos.
Los productores, la Municipalidad y el gobierno provincial, mediante el Ministerio de Producción, apelaron la medida. Los tres jueces de la Cámara en lo Civil y Comercial de Santa Fe (Armando Drago, Enrique Müller y María Cristina de Césaris de Dos Santos Freire) confirmaron el fallo de primera instancia: prohibición total de fumigar con agroquímicos a menos de 800 metros de viviendas familiares (si el método utilizado es terrestre) y a 1500 metros (si la aspersión es mediante avionetas).

El inédito fallo, unánime, fue dictado en diciembre pasado, pero recién se conoció ahora. “Lo llamado a decidir (la prohibición) se desarrolla en un contexto difícil en donde juegan controversias científicas, intereses económicos, presiones y contrapresiones de orden político y empresario, riesgos reconocidos socialmente (...) que tienen la propiedad de transformar lo apolítico en político, desinformación interesada, descoordinación en la gestión pública, insolidaridad con los posibles afectados”, advierte la Justicia.

En los centenares de denuncias por contaminación e intoxicación, los afectados chocan en la Justicia con un pedido de difícil cumplimiento: son los mismos perjudicados (indígenas, campesinos y humildes habitantes periurbanos) quienes deben probar científicamente que los agroquímicos son perjudiciales.

La apelación del gobierno de Santa Fe se dirigió a ese punto débil. La provincia argumentó que la denuncia original (la acción de amparo) era inadecuada porque, antes de cualquier prohibición, se debía dar un debate amplio con demostraciones científicas que certifiquen los perjuicios sobre la salud y el ambiente. Pero la Justicia rechazó ese camino. “Me permito señalar enfáticamente que la cuestión no requiere de mayor amplitud en cuanto a ‘debate y prueba’. Se discute sobre actos que atentan contra el medio ambiente, repercutiendo de manera directa en la salud de los vecinos de la ciudad de San Jorge, lo que importa que existe un factor de urgencia que (debe) ser atendido”, sentenció la Cámara de Apelaciones.

Y, por primera vez en casos de agroquímicos, invirtió la carga de la prueba. No solicitó a las familias afectadas que probaran los males de los agroquímicos. Ordenó que el gobierno provincial, mediante el Ministerio de Producción, realice estudios junto a la Universidad Nacional del Litoral (UNL). En el término de seis meses deberá probar que los agroquímicos no afectan la salud y el ambiente. El juez de primera instancia Tristán Martínez recibió nuevamente la causa recién la semana pasada. Lo antes posible debe notificar a la provincia y la UNL. Cuando se cumpla el plazo de seis meses, el juez Martínez deberá decidir –estudio en mano– si revierte la medida, la mantiene o la profundiza.

El otro aspecto inédito del fallo es el uso del principio precautorio en lo que respecta a agroquímicos. La Ley Nacional del Ambiente define al principio precautorio en su artículo cuatro: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científicas no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”. La Cámara de Apelaciones de Santa Fe lo utiliza como una de las bases de su fallo, enumera siete casos en los que fue implementado, destaca que se justifica su utilización cuando haya “falta de certidumbre científica y amenazada de daño al ambiente o la salud humana”, y toma como antecedente lo actuado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, máximo tribunal del país, en el freno a los desmontes en Salta (diciembre de 2008).

La Justicia de Santa Fe afirmó que la limitación en el uso del glifosato para la ciudad de San Jorge se fundamenta en “la incertidumbre científica acerca de los riesgos ambientales, la incidencia de la alteración seria del medio ambiente y la irreversibilidad que pueden provocar tales daños”, y explica que su medida se entiende en razón de “evitar un daño futuro, pero relativamente cierto y mensurable”. El fallo también se mete de lleno en la práctica común judicial: llama a fiscales y jueces que “repiensen que los avances tecnológicos no son poderes que se legitiman a sí mismos”.
En la sentencia, los tres jueces advierten que intervienen intereses sectoriales que no buscan identificar los riesgos reales sino defender sus propios roles en la cadena de agronegocios. Señala que los fumigadores sostienen que las contaminaciones se deben al mal uso (un argumento recurrente de las cámaras empresarias), advierte que las compañías productoras de agroquímicos “sostienen la atoxicidad con estudios encargadas por ellas mismas”, el Estado “pregona su preocupación por el medio ambiente, pero olvida que la mejor manera de comprometerse en el tema es efectuando los debidos controles” y evidencia la falta de solidaridad de los chacareros: “Sostienen que si los productos que aplican se encuentran autorizados, nadie puede endilgar acción antijurídica alguna, por lo que no puede impedírseles trabajar y producir”.

“Lo que se muestra claro es que las posiciones divergentes antes de disiparnos las dudas de utilización de los agroquímicos, sobre todo en zonas urbanas, las acrecientan porque todos conocen los potenciales riesgos de su utilización (...), la preeminencia no la tienen los intereses sectoriales de nadie sino que, por el contrario, la preeminencia está del lado de la salud pública y del medio ambiente”, sentenció la Justicia de Santa Fe y afirmó: “Frente a la existencia de la duda relevante, la aplicación del principio precautorio deviene ineludible, porque la sola existencia de los niños afectados (...) así lo determinan”.

El Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat), organización impulsora de la denuncia inicial, ya anunció que solicitará que la limitación del uso de glifosato se amplíe a toda la provincia. “La Justicia protegió a los habitantes de San Jorge hasta que se demuestre la supuesta inocuidad. Pedimos que se proteja al resto de los santafesinos. Si eso no sucede, habrá ciudadanos de primera, protegidos del uso de agroquímicos, y el resto de la provincia estará expuesto a químicos que están sospechados de afectar la salud y el ambiente.”

El Cepronat, que integra la campaña nacional “Paren de fumigar” –donde confluyen decenas de organizaciones sociales y pueblos fumigados–, instó a que el gobernador Hermes Binner escuchara el fallo judicial y extendiera la limitación para las fumigaciones. “Ante todo, el gobernador es médico, entiende que la salud debe anteceder a las actividades productivas”, afirmó Carlos Manessi, del Cepronat.

Este diario intentó dialogar con el gobernador, pero su vocero explicó que no hablará del tema y derivó las preguntas al Ministerio de Producción. Desde la cartera informaron que los funcionarios no harán declaraciones públicas hasta tanto no sean notificados por la Justicia.
Binner se graduó en Medicina en 1970, en la Universidad de Rosario. Entre otras especializaciones, según su curriculum vitae, focalizó su profesión en “salud pública”, que es un concepto social y político que (según la misma definición médica) está destinado a “mejorar la salud y mejorar la calidad de vida de las poblaciones mediante la promoción de salud, la prevención de enfermedades y la armonía con el ambiente”.

Darío Aranda es un científico argentino que escribe sobre asuntos de ecología social y política.

http://darioaranda.wordpress.com/, 15 marzo 2010


Avatar: la precuela: ¿arrasará “La Última Esperanza de la Tierra” en los Óscar de 2013?

Michael T. Klare
Sin Permiso

Puede que haya ya rumores, pero todos nosotros tendremos que esperar hasta la 82ª edición de los Premios de la Academia del 7 de marzo para descubrir cuantos oscars se va a llevar el taquillazo de Avatar. Ese espectáculo de ciencia ficción en 3D, dirigido por James Cameron, ha cosechado nueve nominaciones, incluyendo las de mejor película y mejor director, y ya a superado a Titanic, otro exitazo mundial de Cameron, como la película que más ha recaudado en la historia del cine. Pero hay incluso una duda mayor que atenaza a los millones de fans de Avatar: ¿qué será lo siguiente que va a hacer Cameron, el cuál ya ha anunciado que planea escribir una novela basada en Avatar, para la gran pantalla? Como suele ocurrir, yo tengo una sugerencia: que pase de las secuelas sobre otros lejanos mundos como Pandora, ¡y que haga la precuela!

Cameron nos da numerosas pistas en Avatar de que esa es la dirección que lógicamente debería tomar. En una conmovedora escena justo antes de que empiece la crucial batalla entre los Na'vi y los despiadados humanos, por ejemplo, Scully, el marine renegado que se ha vuelto un rebelde nativo, suplica ayuda a Eywa, la diosa que rige en toda Pandora: "Escucha, en el mundo del que venimos – no queda allí nada verde – ellos mataron a su Madre". En otro momento el Coronel Quaritch, el psicópata líder de los marines que con tanto brío interpreta Stephen Lang, se refiere al anterior servicio de Scully en el Primer Batallón de Reconocimiento de los Marines en la Tierra, destacando sus tres campañas en Venezuela. "Eso fue un asunto jodido", le dice. Y después, hablando de su propio historial de combate, Quaritch menciona duras batallas en Nigeria. Para cualquiera que esté familiarizado con la actual competencia global por los recursos energéticos, Venezuela y Nigeria son claramente grandes productores de petróleo con un largo historial de conflictos civiles.

2144 en 3D

Imaginémoslos, pues, en un planeta futuro agotado energéticamente. De hecho yo puedo fácilmente pintar ese futuro, de modo que permitidme que dé un paso más y me ofrezca a Cameron como asesor técnico para su precuela. Está claro que yo no podré ser la persona que escriba el guión o los diálogos de la película – conozco mis límites – pero cuando se trate de esbozar las futuras guerras por los recursos creo que puedo ser de gran utilidad. Así que partiendo de las pistas que da Cameron en Avatar junto con mis propios libros, Resource Wars, Blood and Oil y Rising Powers, Shrinking Planet, permitidme que dibuje el escenario que imagino para la precuela:

Es el caluroso verano de 2144, justo una década antes de que arranque Avatar (la película tiene lugar en el verano del 2154, tras un viaje desde la Tierra que se nos dice que conlleva seis años de hibernación, lo que nos permite pues situar temporalmente los combates en Venezuela en los que participó Jake Scully). Como ha venido ocurriendo durante décadas el mundo está en guerra, con varias potencias y bloques luchando amargamente por una decreciente reserva de recursos esenciales.

Tres grandes potencias dominan la lucha global, todos ubicados en latitudes nórdicas donde el clima sigue siendo tolerable y la tierra todavía recibe suficiente lluvia para sostener la agricultura. La primera de ellas, en la cual luchan tanto Scully como Quaritch, es la Federación de Norte América, fundada después de que los EEUU, ante la total desertificación de su mitad sur, invadiese y absorbiese Canadá. La segunda, la Gran China, que incluye el norte de China, la península de Corea y el este de Siberia (arrebatada a Rusia tras varias guerras), domina lo que queda de Asia; y en tercer lugar la Alianza Norte Europea, que incluye Alemania, Rusia (al oeste de los Urales) y Escandinavia, y que depende enormemente de los recursos del Ártico. Como en el mundo descrito por George Orwell en 1984, estas tres potencias se alternan permanentemente en el poder mediante alianzas cambiantes, mientras sus ejércitos se enfrentan unos a otros en las tórridas partes del planeta que todavía alojan algo de recursos naturales. En este mundo neo-Orweliano, el combate y la continua presión sobre los recursos escasos son la única constante.

Debido al calentamiento global, las regiones tropicales y subtropicales del planeta, incluyendo gran parte de África, la cuenca mediterránea, Oriente Medio, el sur y el sureste asiáticos, así como México y el suroeste de los EEUU, han devenido virtualmente inhabitables. Muchos países que eran islas y demás zonas costeras, incluyendo la mayor parte de Florida, Bangladesh, Vietnam, Sri Lanka, Indonesia y las Filipinas, están bajo el agua. Materias primas como el petróleo, carbón, gas natural, uranio, cobre y cobalto son ya irremediablemente escasas. El hambre es un peligro constante para aquellos que no puedan permitirse pagar los cada vez más caros cultivos y carne modificados genéticamente, y producidos en empresas agrarias que utilizan multitud de pesticidas.

Todavía persiste la civilización industrial a gran escala, pero muchas de las regiones que una vez fueron industriales han sido abandonadas, y las fábricas y sistemas de transporte que quedan están continuamente amenazadas por cortes en el suministro de energía y la falta de una provisión estable de materias primas. El petróleo es especialmente difícil de conseguir, y por lo tanto en los tres grandes bloques su uso está mayoritariamente restringido a los militares, las fuerzas de seguridad, los servicios de emergencia, las empresas más grandes y, por último, los muy ricos (si quieren hacerse una idea de cómo sería ese mundo, imaginen la película de Mel Gibson de 1979 Mad Max pero más exagerado si cabe). Otras fuentes de energía, incluido el gas natural y el uranio, son también cada vez más escasas. Las renovables, incluidas las energías solar y eólica, sirven para contrarrestar parte, pero no toda, la diferencia, mientras que la escasez de minerales clave – cobre, cobalto, estaño, manganesio, titanio – limita la escala de muchas actividades industriales.

Para la gente corriente – y solamente algo menos para la elite de un planeta fuertemente militarizado – la lucha por la supervivencia es una constante. Fuera de los centros industrializados de cada una de las potencias, la vida supone una búsqueda diaria de comida, agua y energía de cualquier tipo, así como toda clase de bien de lujo (piedras preciosas, armas, pedazos de tecnología) que pueda servir para comerciar a cambio de productos básicos. Para las grandes empresas y los gobiernos que las promueven, los cuales mandan a los Scully y los Quadritch a las cuatro esquinas del planeta para imponer su voluntad, el combate no es menos fiero para controlar los restantes yacimientos de petróleo, gas natural, carbón, cobre y uranio.
En el 2144, sólo cinco regiones del mundo todavía poseen reservas de petróleo y gas natural relativamente significativas: Rusia (y áreas fronterizas que pertenecieron a la antigua Unión Soviética), el Golfo Pérsico, el oeste de África (incluida Nigeria), la cuenca del Orinoco en Venezuela, y el ahora casi sin hielo Ártico. Pero hasta estas reservas se han visto seriamente mermadas, otorgando los yacimientos que quedan un inmenso poder a la empresa o el país que los controle. Si bien no son tan valiosos como el "unobtanium", el raro metal del que se saquea a Pandora y que luego se lleva a la Tierra, sí se podría decir que vienen a ser algo como un "casi-obtanium".

Vida (y muerte) en un planeta agotado

Que conste que estoy siendo un optimista para bien de Avatar: La Última Esperanza de la Tierra. Según mis propios cálculos de las reservas de recursos energéticos en el planeta, dudo mucho que en 2144 quede nada de petróleo o gas natural por el que valga la pena perforar. Pero desde la óptica narrativa, si en algún lugar fuesen a quedar dichas reservas dentro de un siglo y medio, los candidatos más probables son: el Golfo Pérsico porque todavía posee las mayores reservas mundiales combinadas de petróleo y gas natural, así que posiblemente sean las últimas en agotarse; Rusia, África y la cuenca del Orinoco porque hasta el momento han conseguido evitar la explotación intensiva por parte de las compañías occidentales, de modo que todavía retienen importantes reservas extraíbles; y el Ártico, el cuál sólo será totalmente accesible a los productores de petróleo cuando el calentamiento global haya fundido el casquete polar.
Dada la estructura de poder global tripartito del 2144, las reservas de petróleo y gas rusas se las habrán repartido la Alianza Norte Europea, que controla Siberia occidental y el Cáucaso, y la Gran China, que ha fortificado Siberia oriental y Asia Central. El Ártico será una fuente permanente de conflictos entre los tres bloques, con periódicas escaramuzas que romperán los acuerdos sobre las múltiples reivindicaciones territoriales que se solapan. Eso nos deja con el Golfo Pérsico, África occidental y Venezuela – los sitios donde se libra una lucha constante entre los Na'vi de este planeta y las distintas fuerzas expedicionarias que mandan los tres grandes bloques los cuales, a menudo mediante alianzas temporales y por conveniencia, también batallan entre ellos.

De nuevo, podemos hacernos una idea de que pinta puede tener eso. Bajo el mandato de su presidente ultra-nacionalista Hugo Chávez, Venezuela ha logrado distanciarse de su tradicional cliente, los EEUU, y ha fortalecido sus lazos con Rusia y China. Como parte de ese esfuerzo, Venezuela ha gastado miles de millones de dólares en comprar armas a Rusia y ha forjado una alianza energética estratégica con China. Alegando tener pruebas de un plan norteamericano para invadir su país, Chávez también ha llevado a cabo importantes maniobras militares de defensa nacional y ha aumentado el control militar de los puertos y otras infraestructuras clave.
Mirando hacia el futuro uno puede imaginar, pasadas unas décadas, que Venezuela es un satélite de la Gran China y sus yacimientos de petróleo pesado – los mayores que quedan en el planeta – están reservados para uso exclusivo de China. En estas circunstancias, no es difícil imaginarse que la Federación de Norte Ámerica tome medidas para derrocar el régimen venezolano de ese momento, lanzando una invasión en un remoto tramo de costa y dirigiéndose rápidamente hacia la capital, Caracas. Los venezolanos, respaldados por las fuerzas expedicionarias chinas, puede que logren detener la invasión pero no expulsar a los norteamericanos, refugiados en la maleza de las zonas selváticas. Puede que haya combates sangrientos – el "asunto jodido" mencionado por Quaritch en Avatar. Jake Scully, enviado a esta cruenta batalla por tercera vez, resulta gravemente herido y por poco no sobrevive al rescate.

Si actualmente Venezuela todavía es un sitio pacífico, Nigeria sí se encuentra ya inmersa en múltiples conflictos y sin duda destinada a ser uno de los grandes campos de batalla de las interminables luchas por los recursos naturales en nuestro futuro planeta. Con la mayor reserva sin explotar de petróleo y gas natural de África, es ya el escenario de una feroz competencia económica que involucra a los EEUU, China, Rusia y la Unión Europea, todos ellos queriendo explotar las riquezas energéticas nacionales. Las reservas de petróleo y gas natural de Nigeria fueron inicialmente habilitadas por Royal Dutch Shell y British Petroleum (ahora BP) – herencia del pasado del país como colonia británica – pero actualmente empresas norteamericanas, chinas y europeas ya han adquirido derechos para perforar valiosos yacimientos de hidrocarburos. Rusia ha entrado también en escena, al prometer ayudar a construir un gaseoducto desde el delta del Níger en el sur de Nigeria y a través del Sahara hasta la costa mediterránea, para un eventual flete hacia Europa.

Nigeria es ya hoy en día un campo de batalla. Habitantes descontentos del delta del Niger, donde se produce la mayoría del petróleo del país pero en cambio no llegan a penas los beneficios, se han alzado en armas en una lucha por conseguir una mayor parte de los ingresos petrolíferos del país. Tanto los EEUU como China están ya tratando de vender ayuda militar al gobierno de Nigeria para acabar con los insurgentes, con la esperanza de además poder reforzar sus respectivas posiciones en los campos petrolíferos de Nigeria.

De nuevo, es bien sencillo imaginar un escenario en el que, dentro de 134 años (o incluso antes), Nigeria haya pasado a estar bajo la influencia de la Gran China o la Federación de Norte América mientras el coronel Quaritch y su pelotón llevan a cabo operaciones de combate en la jungla de la región del delta, un lugar no tan distinto de Pandora, con obvias posibilidades para efectos "a la Cameron".

¿A donde más podrían Scully, Quaritch y sus colegas ser enviados a luchar? Para empezar, no asumamos que los actuales combates en Irak y Afganistán van simplemente a terminar o que los EEUU van alguna vez a retirarse voluntariamente de su maraña de bases en la región del Golfo Pérsico. Mientras los EEUU sigan obteniendo parte de su petróleo de esta zona – y la Federación de Norte América bien puede seguir luchando por ello en el 2144 – las fuerzas norteamericanas posiblemente sigan allí. Dados los históricos conflictos y enemistades que dividen a la región y la patente y extendida enemistad hacia la presencia norteamericana, no sería sorprendente que las fuerzas de la Federación de Norte América siguiesen combatiendo allí bien entrado el siglo XXII.
Finalmente el Ártico, cada vez más caliente, de momento no está en el mapa de los conflictos globales aunque bien podría convertirse en otro escenario de combates a medida que vaya atrayendo más y más operaciones extractivas. La región también hospeda una de las pocas comunidades indígenas que quedan en el planeta y que todavía mantienen un modo de vida tradicional, y que sin duda deberá enfrentar el tipo de invasiones destructivas que vemos en Avatar.

Con todo, y como imaginó Cameron, a pesar de la permanente lucha tanto la Federación de Norte América como las otras grandes potencias siguen, en el 2144, necesitando desesperadamente materas primas que ya no están fácilmente disponibles en este planeta. Las condiciones económicas, incluso para las elites privilegiadas, estarán en esos momentos ya deteriorándose rápidamente. Es en este contexto en el que las gigantescas corporaciones mineras puede que se unan en una fabulosa y gigantesca apuesta para recurrir a los viajes espaciales como una forma de reabastecer el planeta, viajando a la distante Pandora para extraer sus preciadas reservas de unobtanium, una milagrosa nueva fuente de energía.

No es pues tan difícil imaginar ese mundo futuro si seguimos en nuestra actual carrera hacia un cada vez mayor consumo de recursos, mayores emisiones de CO2, y la militarización del acceso a los recursos. ¿Tienen alguna duda de que la película que Cameron y yo haríamos, Avatar: La Última Esperanza de la Tierra, no sería a la vez apasionante y espectacular? Sería un mundo impactante, y un tanto angustioso, para visitar en 3D. Y tendría sólo un pero: a uno no le gustaría vivir ahí.

Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books). Una versión documental de su anterior libro, Blood and Oil, puede encontrarse en la Media Education Foundation (Bloodandoilmovie.com).
Traducción parawww.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta

Guerra de Clases en Mojave

Mike Davis *
Sin Permiso

Traducción de Ángel Ferrero

El mayor agujero en California, después del actual presupuesto del estado, es la enorme mina de Rio Tinto en la ciudad de Boron, cerca de la base Edwards de las Fuerzas Aéreas. A ocho millas al noreste de Los Ángeles.

Visto desde Google Earth, es fácil imaginarse el cráter de 700 pies de profundidad en el desierto de Mojave como resultado del impacto de un asteroide o de un cometa errante. Desde el mirador de la carretera 58, sin embargo, el paisaje es enigmático: una llanura de una milla de extensión de tierra ocre y lutolita gris que termina en lo que parece una gigantesca refinería química.

Por la noche, cuando más receptiva es la imaginación del conductor a las leyendas del desierto, la intensa iluminación del complejo lo convierte en algo fuera de lo común, incluso un poco extraterrestre, como procedente de otro mundo, una siniestra colonia minera de alienígenas.

El trabajo de Terri Judd pertenece a parte de este paisaje extraño o inquietante -o más bien a su vacío. Terri es minera de bórax de tercera generación y tiene tantas raíces en este desierto como una de las yucas que crecen en él. Cada mañana, durante los últimos trece años, se ha atado su melena pelirroja, puesto el casco, subido la escalerilla de una gigante excavadora Le Toruaneu y puesto en marcha su motor diésel de 1.600 caballos. Su cabina con aire acondicionado está casi a la altura de la copa de un árbol y corona una máquina de neumáticos de doce pies fabricados especialmente, cada uno de los cuales cuesta 30.000 dólares. Opera este Leviatán manipulando delicadamente dos palancas de mando, algo más propio de un complejo videojuego que de Mad Max.

En un turno normal de doce horas y media, repite una y otra vez, mecánicamente la misma calistenia: desciende la pala de veinte pies, recoge con destreza de veinticinco a treinta toneladas de bórax y los descarga en una de las plantas de la mina, donde las convertirán en ácido bórico o granulado para su eventual uso en docenas de aplicaciones industriales, desde fibra de cristal hasta pantallas de alta definición.

Cada año se almacena un millón de toneladas del bórax producido en contenedores (800 de los cuales, permanentemente asignados a la mina) que son transportados al puerto de Los Ángeles para ser embarcados con destino a China y a otros países en vías de industrialización hambrientos del residuo cáustico de los antiguos lagos de Mojave. La mina de Boron, que reemplazó una antigua mina subterránea, produce casi la mitad de las reservas mundiales de bórax refinado.

Trabajar a campo abierto en una mina de Mojave probablemente no sea algo para todos los gustos, pero a Terri -una veterana de la Operación Tormenta del Desierto y madre soltera- le gusta su trabajo. "¿Qué puedo decir? Solíamos jugar con juguetes grandes. Creo que siempre fui una niña un poco machona. Prefería los Tonkas [serie de juguetes de vehículos de la construcción, n.T.] a las Barbies, las llaves de tubo a las casas de muñecas."

Pero no juega sola: el Gran Hermano la vigila por encima de su hombro, evaluando su trabajo. "De hecho, el jefe va conmigo. El GPS de mi vehículo puede monitorizarse no sólo desde la planta, sino desde la sede estadounidense de Rio Tinto en Denver o incluso desde las oficinas centrales en Londres."

Los mirones, sin embargo, no acostumbran a molestar a Terri. "No hay vagos en la mina. Nuestra productividad es elevadísima, porque la minería de bórax es la historia de nuestra familia." Es más, la fuerza de trabajo de Boron se redujo a menos del 40% del tamaño de sus registros de producción de 1980 a pesar de una planta que envejecía rápidamente, un cuerpo de mineros que ganaba años y mal carácter y una dirección cada vez más alejada y hostil.

I

Terri reconoce que su devoción a la mina ha sido un acto de amor no correspondido. En las negociaciones contractuales del año pasado, Rio Tinto (la multinacional australiano-británica que compró las instalaciones U.S. Borax en Boron, en 1968 y les cambió el nombre por el de Rio Tinto Borax) dejó atónitos a los miembros de la International Longshore and Warehouse Union, ILWU, Sección 30 (Boron), reclamando la abolición del sistema de antigüedad contractual vigente y la rendición de cualquier voz obrera en el proceso de negociación laboral.

Según Dan Gehring, el último en una sucesión de recientes directores de la mina, la competición internacional les empuja a un cambio drástico de "equipos de alto rendimiento que tienen la flexibilidad para hacer muchos trabajos diferentes, y necesitamos recompensar y promover a nuestros mejores trabajadores. El viejo convenio no nos permite hacer eso."

La compañía quiere un contrato que le permita promover o rebajar a su capricho, deslocalizar los puestos de trabajo sindicados, convertir puestos a tiempo completo en puestos a tiempo parcial con pocos o ningún beneficio, reorganizar los turnos sin aviso y penalizar gravemente al sindicato si los trabajadores presentan quejas contra la compañía con la National Labor Relations Board.

Rio Tinto reclama básicamente el derecho a gobernar por mandato divino, a discriminar abiertamente e incluso a despedir a los empleados por delitos tales como "fracasar a la hora de tener o mantener relaciones interpersonales satisfactorias con el personal de la empresa, clientes, contratistas y visitantes."

"La propuesta de la compañía", subrayan los negociadores del sindicato, "dest ruiría nuestro sindicato, reduciría nuestros estándares de vida y daría a Borax el control absoluto sobre nuestras vidas." El 30 de enero, los miembros del sindicato de la Sección 30 rechazaron unánimemente las concesiones exigidas por Rio Tinto.

La fecha límite de la empresa expiró al día siguiente, cuando Terri Judd salió como siempre a trabajar acompañada de su fiambrera y su termo. Ella y otros trabajadores del turno de mañana se encontraron con la puerta principal de la empresa cerrada y una falange de nerviosos agentes del sheriff de Kern County pertrechados con todo el equipo antidisturbios. Dentro de la fábrica un "equipo de seguridad contra la huelga", un cuerpo de élite contratado por Rio Tinto, había tomado el control de todas las operaciones.

J.R. Gettier & Associates, con sede en Delaware, fanfarronea asegurando que es el Home Depot [grandes almacenes de bricolaje, n.T.] de los rompehuelgas, una gran fuente de especialistas en seguridad, guardias armados, expertos legales, espías industriales y, lo más importante, obreros de reemplazo altamente cualificados. Incluso tiene personas capaces de operar la gigantesca excavadora de Terri.

Los mercenarios de Gettier tienen una sonrisa de desdén dibujada en el rostro y llevan gafas oscuras mientras el convoy atraviesa un grupo de treinta airados miembros del sindicato. "Que te hagan un lockouf, dice Terri, "es muy diferente de ir a la huelga. Al principio cuesta de creer que la compañía vaya en serio en lo de que querer darte puerta. Oye, que mi abuelo trabajó en esta mina. Pero entonces ves que una caravana de esquiroles aparece para ocupar tu puesto de trabajo y la traición es como un puñal atravesándote el corazón."

II

Hubo un tiempo en que existían varios miles de comunidades mineras en Norteamérica. Es posible que ahora queden menos de un centenar. Boron (no incorporada, población de 2.000 personas) es una de las supervivientes y una de las más anómalas, pues no está en el desierto rojo de Wyoming o en las colinas de West Virginia, sino en la órbita exterior de la periferia de Los Ángeles. En los días del boom de 1930 era una ciudad industrial de libro, donde los empleados de la que entonces se llamaba Pacific Borax -muchos de ellos, como el abuelo de Terri Judd, emigrados de Oklahoma a causa del Dust Bowl ["cuenco de polvo", nombre con el que se conoce la prolongada sequía y tormentas de arena que azotaron EE.UU. durante la Gran Depresión y que agravaron sus efectos, obligando a muchos a emigrar, n.T.]- vivían en casas propiedad de la compañía y usaban vales de la compañía para comprar en la tienda de la compañía.

El sindicato (que recibió originalmente de un antiguo afiliado de la AFL el nombre de Borax Workers Union, el Sindicato de trabajadores del bórax) puso fin al feudalismo, pero el carácter empleador de la ciudad permaneció intacto hasta que una enconada y en ocasiones violenta huelga de 132 días en 1974 forzó a los trabajadores colocados en listas negras a buscar nuevos trabajos. Algunos los encontraron en un campo de pruebas de misiles cercano, mientras otros aprendieron a pulir espejos en una estación de energía solar construida por los israelíes o se presentaron a los puestos de guardia en la prisión federal carretera arriba.
Pero la diversidad económica sigue siendo limitada, y cerca de una cuarta parte de los hogares de Boron aún ponían sus relojes a la hora que les marcaba Rio Tinto el Año Nuevo pasado. Aquí hay probablemente un número igual de mineros retirados y antiguos empleados, así que virtualmente todo el mundo en la ciudad tiene algún tipo de vínculo íntimo con la mina y con su turbulenta historia.

Durante el conflicto de 1974, Boron se polarizó en una facción mayoritaria favorable al sindicato y otra minoritaria favorable a la empresa. Hubo un disturbio famoso en la puerta principal durante las primeras horas del conflicto, luego se dinamitaron las casas de varios capataces y la fuente de electricidad de la mina, hubo intercambios episódicos de disparos, un éxodo de empleados directivos y, de facto, la ley marcial durante la ocupación de la comunidad durante un año por parte de los sheriffs de Kern County.

El lock out, en cambio, ha llevado a un patriotismo local mucho más inclusivo. A lo largo de la Twenty Mule Team Road [el camino por el que se transportaba el bórax, n.T.] las pancartas dando apoyo a los mineros de Borax festonean las ventanas de los hogares y camionetas. Skateboarders y abuelas llevan camisetas negras con el lema Union Tough (El sindicato resiste). La simpatía con la ILWU no es una condición necesaria para despreciar al ejército mercenario de guardias y esquiroles de Rio Tinto.

III

Día doce. El lock out comienza a parecer un sitio a la ciudad, pero al revés. Es la ciudad, no la mina, la que está bajo una presión creciente. En el local del sindicato, el equipo "de vigilancia de la puerta principal" informa de que los agentes del sheriff se han relajado y que incluso se muestran amistosos, probablemente porque están implicados en su propia batalla contractual con los supervisores del condado. Pero los reemplazos se han vuelto más descarados, llegando a deliberadamente a chocar contra un miembro del sindicato con su furgoneta.

Uno de los organizadores anota con gravedad el incidente en su libreta legal y regresa a la cocina, donde se acurruca con su teléfono móvil. Está llamando a la lista de miembros del sindicato para recordarles la marcha de solidaridad de la semana que viene. Los trabajadores de Boron están esperando la llegada de miembros de la ILWU de toda la Costa oeste así como un contingente de dirigentes sindicales mineros y portuarios de todo el mundo.

Al otro lado del hall, mientras tanto, Terri está discutiendo con otro operador de excavadora, Kevin Martz, sobre cuál de ellos realiza el trabajo más hercúleo en la mina.

En términos cuantitativos, no debería haber ninguna disputa: Kevin trabaja con una excavadora P&H 4100 "ultra class" con una capacidad de carga de 115 toneladas, una de las mayores máquinas de minería del mundo. En unos pocos días de trabajo probablemente abriría él solo todo el canal de Panamá. Pero Terri cree que la cualidad es más importante: "Vamos, Kevin, tu sólo recoges mierda; yo extraigo minerales. Valgo más que tú."

Kevin sonríe de manera cómplice, luego ríe. Explica que un equipo minero, como un cuerpo del ejército en combate, descansa en buena medida en tomarse el pelo mutuamente para mantener la camaradería. "Nuestro trabajo depende de la amistad, no de la competición. En un entorno de máquinas peligrosas y explosivos cada uno tiene que velar por la seguridad del otro."

Ni él ni Terri son capaces de reconocer una lógica racional en el celo de Rio Tinto por atomizar la comunidad de trabajo tradicional y promover una competición licantrópica por las primas.

"Algún genio en Denver o Londres", dice Terri, "cree que puedes mejorar tu rendimiento adoptando la ley de la jungla. Pero sin un sistema justo que fije la promoción y las pagas, el trabajo en equipo resultará gravemente afectado y la moral se desplomará. La mina será menos productiva y más peligrosa."

La conversación se desplaza hacia el impacto del lock out en la economía de la ciudad. Terri es una miembro destacada de Veterans of Foreign Wars (Veteranos de guerras extranjeras), mientras que Kevin es líder de los scouts y miembro activo de su capítulo del Movimiento de los Santos de los Últimos Días.

"Normalmente en el local de la VFW no cabe ni una aguja los viernes por la noche, en que hay karaoke", explica Terri, "pero el viernes pasado sólo había tres familias. Domingo [un restaurante mexicano que se hizo famoso por su popularidad entre los trabajadores del transbordador aeroespacial cerca de Edwards, nota de Mike Davis] va cuesta abajo y el dentista de la ciudad podría cerrar porque todo el mundo ha perdido el seguro dental para su familia."

Kevin añade que muchas de las familias de miembros del sindicato, especialmente las que recientemente compraron casas en ahora hundidos boom-burbios como Victorville o Palmdale a más o menos cuarenta millas de Boron, se enfrentan a una catástrofe inminente. "Sus hipotecas están por los suelos, así que el lock out es la gota que va a colmar el vaso y dejarlos en la calle. Perderán sus hogares con toda seguridad."

Kevin cree que los valores fundamentales están amenazados. Como muchos trabajadores mormones -el grupo social más malentendido del oeste americano- es un buen sindicalista, pero no un izquierdista. No del todo equivocadamente, ve a 30 personas plantándose a favor de trabajos decentes que permiten a las familias frugales prosperar en comunidades estables y a escala humana como Boron.

"Mi mujer es profesora de escuela en la base de las Fuerzas Aéreas de Edwards, no tenemos más deudas que nuestra hipoteca, nuestros hijos sacan buenas notas en las escuelas, amamos el desierto... pero si Rio Tinto continua jugando sus cartas así, al final nos veremos forzados a marcharnos, quizás a Wyoming."

Terri, boronita hasta la médula, confiesa que también se ha estado preguntando si en las minas de Nevada o Wyoming están buscando operadores de excavadora con experiencia. Es optimista con respecto al sindicato, pero sabe que Rio Tinto ejerce el poder más allá del juicio de la gente común. "¿Seremos una ciudad fantasma el año que viene? Ésa es la verdadera cuestión."

IV

"¿Dónde diablos está Bougainville?", alguien pregunta a Dave Dorton. "Es una isla cerca de Nueva Guinea", responde.

Quienes vigilan de la puerta están reunidos bajo un toldo, bebiendo café y hablando sobre los esqueletos en el armario de la empresa. Dave, un tipo gallardo que parece como si hubiera acabado de saltar de un barco vikingo es "jefe de silo" en la planta y uno de los antiguos motoristas de la vieja escuela que hay en el sindicato. Dice que el lock out ha despertado el interés de las bases por la escandalosa historia de Rio Tinto: "es como despertarse y descubrir que estás casado con un asesino en serie."

El verano pasado el tribunal de distrito en Los Ángeles confirmó la sentencia de los residentes de Bougainville -representados por Steve Berman, superestrella del litigio- de demanda a Rio Tinto en un tribunal estadounidense por "crímenes contra la Humanidad, crímenes de guerra y discriminación racial." Como el caso de Jarndyce y Jarndyce en Bleak House (Casa desolada) de Dickens, la denuncia se mueve a ritmo de un glaciar a través de la terrorífica oposición de la corporación y puede que tarde años en llegar a celebrarse el juicio, pero las acusaciones son espeluznantes.

A finales de los sesenta, Rio Tinto, apoyada por Australia (y después de 1975 por el gobierno independiente de Papua Nueva Guinea), comenzó a expropiar tierra en el fértil centro de la isla más septentrional de Bougainville, Solomon Island, para perforar una de las zonas más ricas del mundo en depósitos de cobre. Millones de toneladas de desechos de la mina contaminaron el ecosistema y devastaron la agricultura local, y en 1989 la violenta represión de las protestas no violentas encendió la mecha de un alzamiento revolucionario en toda regla. La compañía apeló a su socio en el negocio, el gobierno neocolonial papuano.

En Bougainville, según su antiguo comandante, el general Singirok, "las fuerzas de defensa de Papua Nueva Guinea se convirtieron en el personal de seguridad de Rio Tinto y se les ordenó emprender acciones, por todos los medios necesarios." La demanda proporciona pruebas contundentes de las atrocidades de la empresa y del gobierno que condujeron a la muerte de casi el 10% de la población de la isla. (Durante la Guerra Civil española, Rio Tinto aplaudió al general Francisco Franco por ejecutar a los mineros radicales que habían ocupado sus propiedades españolas.)

Bougainville es sólo un punto en un largo résumé de devastación. El fondo de pensiones del gobierno noruego, el segundo más grande del mundo, retiró reciente 870 millones de dólares de la cartera de Rio Tinto en protesta por su "falta de ética" en su participación con Freeport McMoRan en la infame mina de Grasberg, en Irian Java, ocupada por los indonesios (Nueva Guinea occidental). Grasberg es un desastre medioambiental más allá de la imaginación, y como en Bougainville, la resistencia tribal se ha encontrado con asesinatos y masacres del ejército indonesio.

Si las operaciones de Rio Tinto en el sudoeste del Pacífico recuerdan a las del rey Leopoldo en el Congo, sus relaciones industriales, desde Sudáfrica a Labrador y Utah, son el último modelo en lo que se refiere a intimidación a los trabajadores.

En Sudáfrica los sindicatos mineros han cuestionado desde hace tiempo si Rio Tinto, de la que se rumorea desde hace mucho que proporcionó uranio al programa de armas atómicas clandestino de Pretoria en los setenta, realmente ha roto con el apartheid en lo que se refiere a su tratamiento de los trabajadores negros. En febrero hubo una insurrección obrera en su enorme mina de uranio en Róssing, Namibia, por el aumento unilateral de las cuotas de producción y su rechazo a aceptar las quejas de los trabajadores. (Resulta interesante comprobar que el gobierno de Irán es el socio menor de Rio Tinto, con un 15% de las acciones, en Róssing.)

En Australia, donde la compañía explota algunas de las reservas mundiales más importantes de hierro, carbón y uranio, ha arrancado de cuajo los sindicatos tradicionales, recortado los salarios reales y (como está intentando ahora en Boron) reemplazado la negociación colectiva por contratos individuales variables.

Los mineros australianos y los conductores de trenes de mercancías, sin embargo, han luchado con huelgas salvajes y nuevas campañas de organización. Su desafío ha conducido a la compañía a una solución extraordinaria: una "mina del futuro" completamente automatizada que no requerirá mineros revoltosos o trabajadores del ferrocarril. Se está desarrollando un prototipo en el remoto complejo de minas de hierro de Pilboro: hasta once minas trabajan con perforación robotizada, vagonetas automatizadas y, muy pronto, también trenes de mercancías sin conductor, todo controlado desde un centro de operaciones en Perth, a 800 millas de distancia.

Los analistas de la industria debaten si la revolución de las minas automatizadas será viable fuera de los mayores depósitos de hierro y carbón con reservas próximas a la superficie, por lo que los 30 trabajadores de Boron no tienen por qué preocuparse sobre cualquier incremento de esquiroles robots. Pero están tratando urgentemente de descifrar el juego complejo y despiadado que Rio Tinto y otras superpotencias mineras están jugando a una escala mundial.

V

La revolución industrial en Asia está llevando a un clímax en la lucha por la propiedad de los metales y minerales estratégicos que comenzó a finales del siglo XIX. Por ejemplo, una sola fusión, la producida entre Rio Tinto y la aún mayor BHP Billiton, crearía la tercera mayor empresa del mundo (después de ExxonMobil y General Electric), con un poder sin precedentes para establecer los precios de las exportaciones de hierro, aluminio, cobre y titanio.

Por decirlo de otro modo, una fusión descomunal como ésa arrancaría enormes rentas del futuro crecimiento industrial de China y resto de Asia, algo que Beijing, al menos, no tiene intención de permitir que suceda (el hierro es el segundo material más caro que importa tras el petróleo).

Lo que Forbes denominó "la batalla de Rio Tinto", comenzó hace dos años, a finales del boom minero del 2000, cuando una BHP en la que afluía el dinero intentó tomar hostilmente el control del sector y se enfrentó con las ofertas multimillonarias de bloqueo de una nueva inversión de la Aluminium Corporation of China, controlada por el gobierno.

Pero a medida que los precios de los recursos minerales caían en picado tras el crash de Wall Street, las acciones de Rio Tinto se hundían con el peso de la deuda de 38 mil millones de dólares contraída para comprar Alcan (antes de que BHP lo hiciese) en 2007. BHP, frente a la incapacidad de Rio Tinto de vender su deuda de Alcan como bonos, así como en la siguiente bajada de su crédito, retiró temporalmente el ataque, mientras que los esforzados Chinos fueron rechazados descortésmente por los rebeldes accionistas de Rio Tinto, apoyados por los políticos australianos xenófobos.

Rio Tinto logró sobrevivir al primer año de la recesión suprimiendo miles de puestos de trabajo y vendiendo diez mil millones de activos no esenciales, mientras economizaba su misión fundamental de explotar "grandes asentamientos mineros a bajo coste." A los directores de mina de su división de minerales, que incluye los boratos, se les dijo que la inversión futura en sus operaciones tendría como única recompensa recortar costes y aumentar beneficios, pero no beneficios en forma de status quo. El trabajo, según parece, es un coste especialmente "comprensible".

En el caso concreto de Boron, el proyecto financiero denominado "la disolución directa modificada de la kernita", anunciado como la clave para la explotación a largo plazo de la mina, fue convertido en moneda de cambio para la "flexibilidad y responsabilidad en nuestras prácticas de trabajo", es decir, arrojando a la basura el viejo acuerdo de negociación colectiva para los trabajadores locales.

En las negociaciones Rio Tonto adoptó una postura intransigente y aseguró que la crisis en el mundo de la minería había dejado obsoleta toda relación entre contratos y sindicatos. Hasta la última caída, Rio Tinto y otros gigantes de la minería habían recuperado su talla gracias a la ola de crecimiento renovado de China, y se espera que los precios del hierro crezcan hasta el 50% este año.

La entrada de dinero de otros productos minerales, incluyendo los boratos, y los incrementos en los precios de las acciones de la mina han sido probablemente reforzados mediante un enorme flujo de inversión procedente de fondos de pensiones y otros inversores institucionales: probablemente una burbuja especulativa del mercado.

Entonces, en un movimiento sorprendente, Rio Tinto traicionó a sus pretendientes chinos y se fugó con BHP. El fruto de su amor es una joint venture -básicamente, una fusión parcial- que consolida sus colosales operaciones en la minería de hierro en Australia, concediéndoles un poder para el establecimiento de los precios sobre el metal más importante del mundo sin precedentes.

Es más, tanto Tom Albanese, antiguo director ejecutivo de Rio Tinto, como Marius Kloppers, su homólogo en BHP, advirtieron recientemente a los principales compradores que los índices de precios anuales serán cosa del pasado, a medida que la nueva empresa minera ajuste los precios a los del volátil mercado. China, en particular, podría ver sus costes en acero y manufacturas elevarse por miles de millones.

La respuesta inmediata y furiosa de Beijing fue arrestar a los cuatro ejecutivos más importantes de la compañía en Shangai por "espionaje" (los cargos se redujeron luego a soborno). Los oficiales chinos dicen pestes sobre el "monopolio" Rio Tinto/BHP, aunque sin duda preferirían formar parte de él antes que tener que desmantelarlo.

VI

El futuro de una pequeña ciudad de Mojave está así envuelto en competiciones geoeconómicas mucho mayores y más importantes que el mercado del borato en sí mismo. ¿Qué oportunidades tienen en consecuencia 560 mineros y sus familias en una lucha contra Godzilla?

El historial de los últimos veinte años no es alentador. Salvo algunas heroicas excepciones -la huelga de carbón en Virginia en 1989-90, la huelga de los Casinos Frontier en los noventa en Las Vegas y unas cuantas más- los sindicatos internacionales rara vez han deseado apoyar una lucha local hasta la última bala o el último centavo.

Pero la ILWU tiene una credibilidad única en la calle. El pit bull de los sindicatos de la generación CIO hincó el diente a los talones de la industria portuaria de la Costa oeste en 1934 y nunca más la ha dejado marchar. Se supone que los sindicatos industriales están muriendo, pero la ILWU, a pesar de su modesto tamaño, golpea lo suficientemente fuerte para mantener a la poderosa Pacific Maritime Association en su esquina y contra su voluntad, mientras se asegura que los puestos de trabajo en el puerto siguen a salvo y bien pagados.

Como el único sindicato que sobrevivió al McCarthysmo con un liderazgo de izquierdas (con Harry Bridges) intacto, la ILWU es también legendaria por arrimar el hombro con el eslógan "solidaridad de clase obrera". Desde los sesenta ha llevado a cabo docenas de acciones industriales y retiradas del puesto de trabajo en señal de protesta en apoyo a los estibadores australianos en huelga, los agricultores de California y los luchadores por la libertad sudafricanos. Es más, en mayo de 2008 el sindicato cerró la Costa oeste durante un día en protesta por la Guerra de Irak.

Anticipándose al lockout de Boron, la ILWU ha convencido a sus miembros de una coalición internacional de sindicatos mineros y marítimos -muchos de los cuales ya habían luchado antes contra Rio Tinto- para reunirse periódicamente en la ciudad cercana en el desierto de Palmdale. El 16 de febrero los delegados, junto con las bases de otras secciones de la ILWU, llegaron a Boston para marchar hacia la mina, un acto que fue seguido por una gran barbacoa organizada por la sección local del sindicato.

La protesta la abre el ruidoso rugido de los motores de cabeza de pala y de doble árbol de leva de las Harley-Davidson. Los estibadores-motoristas de la sección 13 (Puerto de Los Ángeles) aparecen de entre la bruma del desierto como la horda enfundada en chaquetas cuero de Marlon Brando en Salvaje (o, mejor aún, como los comanches de Blood Meridian [la novela de Cormac McCarthy, n.T.]).

Algunos, aún sobrecogidos, susurran, "menos mal que estos tipos están de nuestra parte." Después conté veintiséis hermosas Harley negras aparcadas en reverencial semicírculo en la calle adjunta a la sede del sindicato. (Los desafortunados propietarios de rice-burners y pasta-rockets [términos para referirse peyorativamente a las motocicletas de fabricación asiática e italiana respectivamente, n.T.] tuvieron que apartar sus motocicletas japonesas e italianas a una distancia prudente.)

Miembros de la ILWU de otras ciudades llegan coche tras coche, luego dos autobuses transportando dirigentes sindicales estadounidenses y extranjeros. La multitud aplaude, la gente se saluda, algunos ponen "Born in the USA" [de Bruce Springsteen, n.T.] a todo volumen y los manifestantes comienzan a reunirse, unos 600, detrás de una pancarta que se extiende de lado a lado de la carretera: "un ataque a uno es un ataque a todos."

Es una marcha fácil de una milla con un tiempo agradable hasta la puerta principal. Los miembros locales del sindicato portan una docena de banderas americanas y del cuerpo de Marines al frente, y empiezan a corear, "queremos trabajar, queremos trabajar". Los sheriffs están relajados, pero los guardias de seguridad de Gettier carretera arriba empiezan a ponerse nerviosos. Como siempre, sus caras son inescrutables detrás de las gafas de sol, pero casi se puede oler el sudor a culpabilidad que exudan.

VII

Imaginaos un picnic organizado por la IWW [International Workers of the World, sindicato anarquista, n.T.], la Legión Americana y los Ángeles del Infierno. Uno de los primeros en dirigirse a la tribuna es Oupa Komane, del sindicato minero de Sudáfrica. Tiene una voz magnífica: "Camaradas, ¡os traigo saludos revolucionarios de los mineros de Sudáfrica!" Miro a mi alrededor para ver cómo reaccionan los "camaradas" que ondean banderas americanas. Komane recibe un caluroso aplauso.

Un minero del cobre curtido en mil batallas procedente de Utah (donde Rio Tinto posee la gran mina de Kennecott en Bingham Canyon) dice, "no puedo deciros lo que pienso de esta compañía: no en frente de mujeres y niños." Un australiano advierte: "matarán vuestra ciudad. Es lo que nos hicieron a nosotros." Un canadiense habla sobre más ciudades muertas en Quebec, mientras un neozelandés explica una historia sobre el siniestro papel de Rio Tinto a la hora de derrotar una legislación para contener el cambio climático en su país.

El fogoso presidente de los trabajadores turcos del borato, cuya industria de propiedad estatal (Eti Mine Works) fue fundada por Atatürk, padre de la república de Turquía, trae saludos de los Borons de Anatolia: Kirka, Emet, Kestelek y Bandirma. Se ríe de la afirmación de Rio Tinto de que los salarios por hora de sus mineros (casi 10 dólares en un país barato frente a la media de 26 en Boron) exige poner fin a los derechos de los sindicatos en California.

Finalmente Ken Riley, presidente de la International Longshoremen's Association [Asociación Internacional de Estibadores], sección 1422, en Charleston, Carolina del Sur mayoritariamente negra, y líder de una de las luchas más valientes en la historia reciente del movimiento obrero estadounidense (véase Joann Wypijewski, "Audacity on Trial", 6-13 agosto, 2001) resume el caso con optimismo: "tomad por una parte a la ILWU, por la otra al mundo. Cuando nuestra internacional nos abandonó, allí estaban ellos. Ahora nosotros estamos aquí."

Cuando termina, me acerco a Ken y le confieso mis dudas. Niega con la cabeza. "Entiendo lo que estás diciendo, pero te equivocas", dice. "Esto no es un escenario político. El primer mes de una lucha es decisivo, y la ILWU está haciendo un trabajo muy bueno presentando la importancia de Boron para el resto del movimiento obrero. Internacionalmente, nuestros sindicatos entienden que tenemos que organizar la cadena logística, desde los productores a los transportistas, los distribuidores y los vendedores. Éste es un nuevo modelo del poder del movimiento obrero, como el sindicalismo industrial de los treinta, pero adaptado a la realidad de la mundialización."

"¿Pero Boron?", pregunto.

"Eh, algo nuevo está naciendo aquí. A la fuerza tiene que nacer."

Toni McCormick, una muchacha jovial de veintitantos, me lleva de vuelta a mi coche. Esposa de un miembro local del sindicato, entrena a las cheerleaders del instituto de Boron. "Soy la cuarta generación", me explica. "La casa de mi bisabuelo aún se tiene en pie, fabricada con viejas cajas de dinamita unidas con alambres. Nuestro equipo de fútbol juega en una liga del desierto contra los de otras ciudades mineras y militares. A veces tienen que placarse en el barro porque la hierba no crecerá en el lecho de un lago salino."

"¿Hay algo que pueda crecer en un lago seco?", pregunto.

"¡Claro", sonríe Toni. "Los mineros pueden".


* Nota de Correspondencia de Prensa: Mike Davis, historiador y urbanista marxista, nacido en la ciudad de Fontana (California, Estados Unidos), profesor en la Universidad de California en Irvine, es miembro del consejo editorial de la New Left Review (Gran Bretaña). Autor de numerosas obras, algunas han sido traducidas al castellano: El monstruo llama a nuestra puerta (Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006); Ciudades muertas (Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007); Los holocaustos de la era victoriana tardía (Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). En portugués la editorial Boitempo ha publicado: Cidade de Quartzo y Planeta Favela. Sus últimos libros publicados en inglés son: In Praise of Barbarians: Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007); In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008

sábado, 20 de marzo de 2010

¿Presión por La Colosa?

Diario Tolimense El Nuevo Día
IV 20 2010
Este medio de comunicación conoció que la Procuraduría General de la Nación realizó la semana pasada una visita técnica, además de sorpresiva, a Cortolima para revisar el expediente que lleva la autoridad ambiental sobre el proyecto minero La Colosa. De igual manera, el día anterior asesores del Ministerio de Medio Ambiente realizaron un ejercicio similar, precisamente cuando funcionarios estuvieron revisando durante todo el día la actuación de la CAR en el proyecto, aduciendo que ante la visita del presidente Álvaro Uribe, hoy a Ibagué, requería que las informaciones y actuaciones estuvieran al día.

Después de que Cortolima anunciara unas acciones jurídicas en contra del Ministerio por la aprobación del área de sustracción del proyecto minero se han tejido toda clase de rumores, que incluyen la posibilidad que quitarle a la Corporación su incidencia en el proyecto y hasta la salida del procurador Agrario del Tolima, Diego Alvarado.
Primera escena

El pasado 24 de febrero fue publicado en este periódico un artículo en el que Carmen Sofía Bonilla, directora de Cortolima, expuso las razones que la llevaron a no entregarle la concesión de agua a la empresa Anglogold Ashanti, aduciendo la escasez del líquido y el ‘Fenómeno del Niño’.
También, mostró su preocupación por las inconsistencias jurídicas que mostraron los decretos expedidos por el Gobierno, a través de los cuales el Ministerio acepta que el proyecto genera riesgos, al tiempo que avala la sustracción de un área de 6.39 hectáreas, que se ha denominado etapa de exploración.

¿Por qué reconoce los riesgos y después da vía libre a la exploración?, es la pregunta que seguramente tendrá que ser resuelta en los despachos judiciales.

La Directora anunció unos procesos jurídicos en contra del Ministerio, lo que hizo que su titular, Carlos Costa Posada, enviara una comunicación a este diario en la que rechaza tales declaraciones.

La misiva de Costa dice que "rechazo de manera enfática cualquier insinuación de que el Ministerio de Ambiente haya sido contradictorio o falto de objetividad jurídica en el caso de la sustracción de la Reserva Forestal Central en el municipio de Cajamarca"

Agrega que el cianuro ni siquiera se utiliza en actividades de exploración minera y que no hay inconsistencias en el proceso.

"Preocupa además que se insinúe que la Directora de Cortolima actuó bajo presiones, cuando como servidora pública sus actuaciones deben estar inspiradas por los principios de transparencia e imparcialidad que rigen la función administrativa", agrega el documento.
Segunda escena

Mientras la polarización se hace manifiesta entre la CAR y el Ministerio, la semana pasada la Corporación recibió la visita no anunciada y sorpresiva de la Procuraduría General de la Nación que requirió, solamente, la información de La Colosa durante dos días.

Los servidores públicos buscaron, pero no hallaron ninguna inconsistencia de tipo administrativo frente al proyecto.

De igual manera, en el pasado Consejo de Gobierno, celebrado en Hatogrande el 13 de marzo anterior, el presidente Álvaro Uribe Vélez requirió a la viceministra de Ambiente, Claudia Mora, sobre el tema.

Mientras Uribe replicó que ‘miren qué hacer con ese asunto’, la funcionaria le contestó ‘ya lo estoy mirando’, dejando notar que habría ‘terquedad’ por parte de la CAR.

Mientras Mora ha señalado que no hay escasez de agua en el Tolima, razón por la cual se debería analizar el otorgamiento de la concesión de agua de La Arenosa y la quebrada La Colosa a Anglogold Ashanti, la autoridad ambiental del Tolima sostiene que sí la hay y muestra de ello es el racionamiento en Cajamarca por cuenta del ‘Fenómeno del Niño’ y los bajos niveles a los que llegaron las cuencas del Coello, el Totare y el Cocora, entre otros.

En ese orden de prioridades, Cortolima le ha recordado al Ministerio que la misma Ley 99 de 1993 determinó la utilización de los recursos hídricos, siendo la prioridad el consumo humano y estando en el puesto séptimo la minería.

Advirtiendo, además, que esto es un tema técnico, y que si bien el ‘Fenómeno del Niño’ ha reducido los caudales de forma preocupante en el Tolima, las lluvias que se avecinan amenazan con incrementar los niveles de erosión de diferentes municipios, dentro de los cuales está incluido Cajamarca.En otras oportunidades, Cortolima le ha recordado al Gobierno nacional la incidencia de los temblores del Machín en la zona y su posible erupción, el efecto de la construcción del Túnel de La Línea y la conformación geológica del área rural de Cajamarca, pero hasta el momento, la CAR ha visto que sus razones no han sido validadas y que por el contrario el Gobierno Uribe, o sus funcionarios, estarían observando a Cortolima como un verdadero peligro u obstáculo para el proyecto minero.
Tercer acto

Precisamente ayer, representantes del Ministerio de Ambiente estuvieron durante todo el día en la CAR para detallar los avances de la gestión, por si el presidente Uribe, que se encuentra hoy en Ibagué, pregunta algo al respecto.

Lo extraño, dijo una fuente a este medio de comunicación, es que el mayor interés lo suscitó el proyecto La Colosa.

De hecho, trascendió que en Bogotá se estudia la posibilidad de quitarle a Cortolima su injerencia en el proyecto.

La única manera de hacerlo es que el Ministerio o la Procuraduría encuentren alguna irregularidad en el manejo financiero o administrativo, o que haya incumplido con sus funciones de regulación ambiental.Otras son cambiar la ley, y que en el orden de prioridades para las concesiones ubiquen la minería en el tercero o cuarto lugar, lo cual generaría un debate en el país.

Por ahora, sería interesante que el presidente Uribe, que realiza un Consejo Comunal hoy en Comfenalco (Picaleña), diera a conocer la posición oficial de su Gobierno respecto a este proyecto, pues si bien la Constitución protege el medio ambiente, el Código Minero protege a las multinacionales.
síntesis

Ibagué estuvo a unos días de entrar en racionamiento, pero para el Viceministerio de Ambiente no hay problemas hídricos ni escasez de agua en el Tolima.
DATO

De encontrase alguna irregularidad administrativa por parte de la Procuraduría General de la Nación en el caso La Colosa, todo lo relacionado con la aprobación del proyecto pasaría a manos del Ministerio de Medio Ambiente.
SABÍA USTED QUÉ...

La minería ocupa el séptimo lugar en el orden de prioridades a la hora de otorgar concesiones de agua, según lo estableció la Ley 99 de 1993 y el decreto 1541 de 1978.
Comentarios


voces - NO AL CIANURO.

2010-03-20 02:24:03

Voz 1. La propia actividad normal de la minería del oro a cielo abierto por lixiviadocon cianuro, sin necesidad que se produzcan accidentes, produce impactosaltamente devastadores inaceptables sobre ecosistemas y humanos, modifica lasuperficie terrestre, dejando como recuerdo cráteres y escombros contaminados.

Voz 2. Hasta que al fin el uribista Procurador Ordoñez sacó las garras en el caso de La Colosa.

domingo, 7 de marzo de 2010

El ataque a la investigación científica sobre el cambio climático (o la estrategia de socavarla sin refutar los datos)

Bill McKibben
Sin Permiso
III 07 10


Hace ya veintiún años, en 1989, publiqué el que muchos consideraron el primer libro sobre calentamiento global dirigido a un público no especializado. Una de las reseñas más interesantes del mismo apareció en el periódico Wall Street Journal. Cabe decir que fue una evaluación ponderada y juiciosa. El crítico decía que “el asunto tratado es importante, su enfoque sugerente y el señor McKibben expone sus argumentos de forma convincente”. Y este interés no era en absoluto excéntrico, pues el presidente Bush padre por aquel entonces anunciaba que estaba planeando “combatir el efecto invernadero con el efecto Casa Blanca”.

Tengo serias dudas de que el Wall Street Journal vaya a decir lo mismo de mi nuevo libro cuando salga publicado en las próximas semanas, y tengo por seguro que ninguno de los posibles candidatos presidenciales del Partido Republicano podría ni por asomo reconocer que los seres humanos están contribuyendo al calentamiento del planeta. Sarah Palin se refiere a la investigación científica sobre el clima como algo parecido a una medicina de curanderos; y la semana pasada la cámara legislativa del estado de Utah, en una osada iniciativa que emula las gestas del valiente rey Knut [jefe vikingo del s. XI, n. del t.], aprobó una resolución votada casi en bloque en la que se condenan “las actividades deliberadamente organizadas con el propósito de manipular los datos sobre la temperatura planetaria para que acaben reflejando un calentamiento global”.

Sin duda se trata de algo sorprendente. En 1989, encima de mi mesa cabían todos los estudios científicos realizados hasta el momento sobre cambio climático. Las investigaciones disponibles eran realmente muy escasas. Aunque mi trabajo me permitía pensar que mis argumentos eran convincentes, no es menos cierto que todavía había pocos científicos dispuestos a aceptarlos. Hoy, en cambio, con todos los datos existentes acerca del cambio climático se podría llenar el enorme reciento deportivo del Superdome de Nueva Orleans (aunque es probable que ustedes trataran de evitar hacer tal cosa, sobre todo desde que el huracán Katrina demostrara la facilidad con la que se agujerea su tejado). Todas y cada una de las principales instituciones científicas del mundo han producido informes en los que se confirman los peligros. Los 15 años más cálidos de cuantos se tiene registro pertenecen a las dos décadas posteriores a 1989. Mientras tanto, algunos de los grandes sistemas terráqueos han mostrado signos innegables de cambios acelerados: derretimiento del hielo ártico y de los glaciares, rápida acidificación del agua del mar, y así tantos otros.

Sin embargo, por alguna razón, el ataque contra la investigación científica sobre el cambio climático jamás había sido tan tremendo, y sus efectos –al menos en Estados Unidos de Norteamérica– más obvios: cada vez menos estadounidenses creen que los humanos favorezcan el calentamiento del planeta. Es en parte por esto que el Congreso no se siente obligado a tomar en consideración el estudio y aprobación de algún tipo de legislación para combatir el calentamiento global; y como resultado de éste fracaso, cualquier progreso encaminado a diseñar algún tipo de acuerdo internacional sobre cambio climático tiene pocos visos de llegar a consumarse.

La negación del cambio climático como un remedo del juicio a O.J. Simpson
La campaña contra la investigación científica sobre el cambio climático ha sido llevada con gran inteligencia y ha sido tremendamente eficaz. Conviene detenerse a examinar cómo lo han conseguido. Para explicarlo no se me ocurre otra analogía más feliz que la del juicio a O.J. Simpson, un acontecimiento que poco a poco ha ido desdibujándose en nuestra memoria colectiva. Sin embargo, para aquellas personas que siguieron el caso en 1995, creo que bastará con pronunciar unos pocos nombres para recuperar el hilo de la historia. ¿A alguien le suena Kato Kaelin? ¿Y un tal Lance Ito?

El equipo de ensueño de abogados reunido para la defensa de Simpson tuvo que hacer frente fundamentalmente a un problema: estaba claro como el agua que el tipo al que defendían era culpable. Sus calcetines estaban empapados de la sangre de Nicole Brown, y esto no era más que el principio de la historia. De modo que Johnnie Cochran, Robert Shapiro, Alan Dershowitz, F. Lee Bailey, Robert Kardashian y todos los demás decidieron enfocar la defensa atacando el proceso mismo, recurriendo al argumento de que éste ponía en duda la culpabilidad de Simpson, y una duda era lo que les hacía falta para tratar de salir airosos de ese brete. A partir de aquí se centraron en cosas tales como el examen minucioso de cómo Dennis Fung había transportado las muestras de sangre o en el hecho de que el detective de Los Angeles Mark Fuhrman pudiera haber utilizado un lenguaje racista en una conversación con un guionista allá por el año 1986.
A falta de otra cosa, se las agenciaron para disponer de una montaña de evidencias. A medida que el pajar va acumulando una cantidad cada vez más grande de heno, la probabilidad de hallar agujas ocultas en su interior va disminuyendo. Independientemente de lo que estuvieran buscando, trataban de que cada vez abultara más. Por ejemplo, en su argumentación final, Cochran comparó a Fuhrman con Adolf Hitler y le calificó nada menos que de “racista genocida, perjuro, la peor pesadilla de Estados Unidos y la personificación del mal”. Aunque formalmente este mensaje iba dirigido al jurado, muchos de cuyos miembros tenían buenas razones para desconfiar del departamento de policía de Los Angeles, en realidad el equipo de abogados pretendía instilar dudas en la muchedumbre de estadounidenses que seguían el juicio por televisión. Esto es lo que acaba ocurriendo cuando uno dedica una semana tras otra a escarbar en todas las grietas de un caso, sin importar lo minúsculas que éstas sean.

De un modo muy parecido, el fenomenal cúmulo de evidencias que aporta la investigación científica sobre el cambio climático, que confirman su existencia más allá de toda duda razonable, constituye para muchos un acicate para aquéllos que, por razones de muy diverso tipo, pretenden negar que el problema de mayor envergadura al que jamás nos hemos enfrentado sea realmente un problema. Si usted examina un informe de tres páginas, es poco probable que lo encuentre insufriblemente aburrido o que contenga una gran cantidad de errores. Pero, ¿qué ocurre si el informe de marras tiene trescientas páginas (la extensión del último informe de Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, PICC)? En este caso va a ser mucho más fácil hallar algún error que permita hincarle el diente.

Entre los varios errores que cometió el PICC figuraba la inclusión de una fecha espuria acerca de la desaparición de los glaciares himalayos. No ocurrirá en el año 2035, como indicaba el informe; esta información ha tenido tal difusión en Internet que ha hecho olvidar otra evidencia innegable: con intensidad variable, prácticamente todos los glaciares del planeta se encuentran en proceso de deshielo.

Del mismo modo, si usted consigue accede a les 3.000 correos electrónicos de la cuenta de un científico, puede que encuentre algunos que puedan comprometerle con algún comportamiento censurable, o en los que lo que se dice pueda ser objeto de crítica. Esto es lo ocurrió con el escándalo del llamado “clima-gate”, ocurrido en un centro de investigación británico el pasado otoño. El científico inglés Phil Jones ha sido suspendido de sus funciones mientras su universidad decide si le impone alguna sanción por, entre otras cosas, no ajustarse a la ley de libertad de información.

Llamémosle el Mark Fuhrman de la investigación científica sobre el clima; ataquémosle reiteradamente y quizá consigamos que la gente deje de fijarse en la incómoda montaña de evidencias sobre el cambio climático que los investigadores de todo el mundo han recopilado de forma fehaciente. En realidad, podríamos tratar de armar el mismo lío que montó Johnnie Cochran; es precisamente lo que hizo el congresista Republicano por Wisconsin, James Sensenbrenner, cuando concluyó que los correos electrónicos citados eran la prueba de cargo del “fascismo científico” imperante, a la vez que el negacionista del cambio climático Christopher Monckton tildaba de “jóvenes hitlerianos” a sus oponentes. Este lenguaje va calando. Actualmente estoy sometido a una dieta diaria de correos electrónicos desabridos, que a menudo en el asunto del mensaje exhiben imprecaciones como la que me llegó ayer mismo: “Nazi tarado cabrón”.

Pero si uno actúa con inteligencia también puede sacar provecho de las afortunadas oportunidades que a veces se presentan. Tomemos el ejemplo de las desmedidas tormentas de nieve que azotaron Washington DC recientemente. No importará si este fenómeno natural desatado constituye precisamente una de las cosas que los científicos han ido prediciendo a partir del hecho constatable de que el calentamiento global provoca un aumento del vapor atmosférico. Bastará simplemente con que esta super-nevada provoque que cualquier ciudadano despotrique contra el calentamiento global.

Para un activista político talentoso como, pongamos por caso, Marc Morano, que mantiene una página web que recoge datos sobre el clima, las nevadas masivas de este invierno han representado la mejor oportunidad para colgar un centenar de posts en los que se burlaba de la idea de que aun hubiera gente que pudiera seguir creyendo en cosas tales como la Física. Morano, que es un tipo realmente ingenioso, incluyó un enlace en su web que conectaba con una cámara que estaba grabando en vivo y que permitía que los lectores pudieran ver la nieve caer. Mientras tanto, su anterior jefe, el senador republicano por Oklahoma James Inhofe, tenía a sus nietos construyendo un iglú a los pies del Capitolio con un letrero que rezaba: “La nueva casa de Al Gore”. Este es el tipo de cosas que quedan grabadas en las mentes de la gente. Si el invierno no ayuda, haz de la necesidad virtud.

Por qué no queremos creer en el cambio climático

Los negacionistas del cambio climático disfrutan de algunas ventajas importantes. Gracias a que Exxon Mobil y a muchos otros están seriamente interesados en desacreditar la investigación sobre el cambio climático, sus think tanks disponen de ingentes cantidades de dinero, sin que ninguno de estos recursos se haya destinado a realizar investigaciones para refutar científicamente el cambio climático. Para este conglomerado de intereses lo realmente útil es disponer de una cadena de televisión, la Fox, aunque para el movimiento negacionista acaso tenga más relevancia la existencia de unos cuantos tabloides británicos de derechas que se encargan de amplificar el estruendo de cada nuevo “escándalo” e inocularlo a la dinámica mediática.

La mejor prueba de que estos tipos son unos auténticos genios a la hora de realizar su trabajo lo prueba que en el mes de febrero incluso el New York Times publicara una noticia en primera página con el título: “Los negacionistas descubren errores en los resultados del Panel sobre el Clima de Naciones Unidas”; el artículo era un compendio reciclado de las acusaciones vertidas en los últimos meses. Lo que constituyó el súmmum de su habilidad para colar este tipo de noticias en medios como el Times fue la fuente citada por el periódico: un tal Christopher Monckton, o lord Monckton, como él prefiere que le llamen, algo así como un vizconde británico. Entre sus méritos no era menor el de identificarse como “antiguo consejero de Margaret Thatcher” y el de haber redactado un artículo para el American Spectator en la etapa en el que ella era primera ministra en el que ofrecía sus recetas sobre “la única forma de detener el SIDA”: “(…) realizar análisis regulares a toda la población y (…) poner en cuarentena de por vida a todos los portadores de la enfermedad. Todos los miembros de la población tendrán que hacerse un análisis de sangre mensualmente (…) Todos aquellos que se hayan contagiado, incluso en el caso de que sólo sean portadores, deben ser aislados de forma obligatoria, inmediata y permanente”. Pues este hombre habla con la misma propiedad y buen sentido de los asuntos climáticos.
Sin embargo, el éxito de los negacionistas climáticos no radica única ni principalmente en la disponibilidad de recursos y en el fácil acceso a los medios de comunicación. En realidad no están gastando todas sus reservas financieras, sino que tienen a su servicio legiones de entusiastas voluntarios que despliegan una incesante actividad proselitista y de presión a través de Internet sin cobrar un céntimo. Su éxito es indiscutible, puesto que han conseguido que su mensaje esté en la agenda de las principales discusiones políticas del momento con mucha más habilidad y fuerza categórica de la que son capaces de exhibir los expertos ecologistas. Han entendido muy bien la rabia popular contra las élites. Han sabido sacar provecho del hecho de que esta animadversión de los más desfavorecidos esté muy extendida en Estados Unidos, así como de la sospecha generalizada de que existen fuerzas ocultas que escapan a nuestro control que actúan en perjuicio de todos nosotros.

Pero no hay que perder de vista que, en parte, todo esto no es más que una estrategia partidista. Por poner un ejemplo, el columnista David Brooks afirmó recientemente: “Por una parte, comparto completamente la posición de las autoridades científicas, según la cual el calentamiento global es algo real y que tiene un componente humano. Por otro lado, siento una especie de escalofrío de placer cuando me entero de que hay alguna evidencia que contradice los modelos (…), en parte porque disfruto mucho cuando intuyo que cabe la posibilidad de que Al Gore aparezca como un imbécil”. Pero la pasión con la que la gente ataca a Al Gore a menudo parece concentrase en el hecho de que éste ingrese grandes sumas de dinero por sus inversiones en energías no contaminantes, y de que detrás del ecologismo no hay otra cosa que el deseo de unos pocos de enriquecerse con esta patraña. Puede que esto no sea así (Al Gore ha declarado bajo juramento que todo lo que gana con sus inversiones ecológicas lo dona para la causa), y no cabe duda de que los científicos que investigan el cambio climático no se están haciendo ricos (aunque en muchos blogs se afirme siempre lo contrario), pero al final esto es lo que mucha gente retiene. Recibo muchos correos electrónicos diarios que siempre apuntan a lo mismo: “Se te ha acabado el chollo. Sabemos lo que haces”.

Cuando digo que esto es lo que al final acaba reteniendo mucha gente me refiero literalmente a mucha gente. Los abogados de O.J. Simpson tenían ante sí el reto de convencer a un jurado compuesto mayoritariamente por mujeres negras del centro de la ciudad de Los Angeles, cinco de las cuales informaron de que ellas o sus familias habían tenido “experiencias negativas” con la policía. De modo que había una predisposición a aceptar ciertas tesis. Cuando se trata del calentamiento global, también somos muy receptivos a ciertas ideas, puesto que nuestro estilo de vida se fundamenta en producir el dióxido de carbono que está en el centro de la trifulca; y porque nos gusta llevar este tipo de vida.

Son muy pocas las personas que desean un cambio realmente significativo en su estilo de vida, y se aferran a la posibilidad de no tener que cambiarlo. Y más aún si hacerlo podría resultar caro para sus bolsillos; y más aún en un momento de desplome económico. Miren qué dice David Harsanyi, columnista del Denver Post: “Para que los que sostienen la existencia del cambio climático pudieran pedir al país –o al mundo– que remodelara a fondo su economía y para que pudieran solicitar a los ciudadanos que modificaran a fondo sus estilos de vida, tanto la fiabilidad como las evidencias que estarían obligados aportar deberían ser absolutamente inexpugnables”.
“Absolutamente inexpugnables” fija el listón en un nivel inalcanzablemente alto cuando existe un ejército de asaltantes que trabaja a destajo. Es cierto que todos cuantos deseamos ver algún tipo de esfuerzo nacional e internacional para combatir el cambio climático tenemos la obligación de preservar el valor de que lo que cuenta es la verdad científica. Esto está empezando a ocurrir. Hoy podemos encontrar cada vez más páginas web y aplicaciones iPhone con información clara y fiable que da cumplida respuesta a cada una de las zafiedades de los negacionistas; y resulta muy interesante ver cómo el esfuerzo de ir rebatiendo cada una de esas tesis va contribuyendo a reforzar la posición basada en el rigor: si uno se zambulle en el informe del PICC, que abarca varios volúmenes, y va desmenuzando cada uno de sus detalles y compara sus afirmaciones con tres o cuatro citas negacionistas infames, lo que de ahí resulta es una evidencia clara de que se trata de un trabajo básicamente preciso.

Sin embargo, también está claro que es un error querer escudarse únicamente en el magisterio de la Ciencia para tratar de evitar la discusión, por muy montaraz que ésta pueda llegar a ser, en el plano la Política. Es un error puesto que la ciencia puede –y, de hecho, debe– ser puesta en cuestión permanentemente. La ciencia consiste en un proceso de discusión que no se detiene, y es por eso que a mucha gente le parece que se está siendo deshonesto cuando alguien se empeña en afirmar que la verdad científica está “fijada”. Esto es particularmente cierto cuando la gente es consciente de que durante muchos años se le ha dicho que determinado alimento es bueno para la salud y al cabo de un tiempo se le dice que en realidad puede ser un factor que aumente el riesgo de muerte.

Por qué no basta con los datos

Trabajo en el Middlebury College, una escuela de artes liberales de primer nivel, de modo que estoy rodeado de gente que discute constantemente. Es algo divertido. Una de las mejores argumentaciones escépticas para con el calentamiento global que conozco proviene de un programa de radio semanal conducido por dos estudiantes de licenciatura que se emite desde la radio de nuestro campus. Son escépticos, pero no son unos cínicos. Cualquiera que esté metido en serio en el mundo de la ciencia sabe que hoy tenemos suficientes conocimientos como para poder emprender acciones para hacer cosas, pero que no conocemos todo lo que nos gustaría saber. Siempre surge el problema de cuánto es necesario saber para poder decir algo con algún grado de certeza. Es vivir en el filo de la navaja. Ciertamente, yo no voy a darle la espalda a la investigación científica; en 350.org hemos dedicado los dos últimos años a construir lo que la revista Foreign Policy ha calificado como “la mayor recopilación global coordinada” de datos realizada hasta ahora sobre cuál es el nivel de carbono atmosférico que los científicos afirman que es seguro, medido en partes por millón.

Pero aún hay otra razón por la que se puede decir que es un error centrarse sólo en la ciencia. Puede que la ciencia sea lo que conocemos acerca del mundo, pero la política es qué es lo que pensamos y sentimos sobre el mundo. Y las sensaciones cuentan tanto como el conocimiento. Sobre todo cuando estas sensaciones son válidas. A la gente se la ha estado engañando. Se siente desarmada ante enormes poderes que, en este momento, escapan a su control. La rabia está justificada.

De modo que tratemos de pensar cómo hablar de todo esto. Observemos a Exxon Mobil, que en cada uno de los tres últimos años ha ganado más dinero que cualquier otra empresa en la historia desde que el dinero es dinero. Su modelo de negocio tiene como componente esencial utilizar la atmósfera como sumidero abierto para el dióxido de carbono, que es un inevitable subproducto del combustible fósil que vende. Y permitimos que lo haga sin coste alguno por su parte. No paga un céntimo en compensación por el daño potencial que pueda causar al mundo.

Actualmente hay una ley en el Congreso de Estados Unidos –llamada “cap-and-dividend”– que de aprobarse gravaría a Exxon por poder ejercer su derecho a contaminar y el dinero recaudado se repartiría mensualmente entre todos los ciudadanos de país. Sí, claro, la empresa nos cargaría el sobrecoste en la gasolinera, pero aun así el 80% de los estadounidenses saldrían ganando (todos excepto las rentas más altas, que son grandes despilfarradoras de combustible). Esto es hacer buena ciencia, puesto que empieza a enviar una señal de que habría que dejar en el garaje los vehículos de gran cilindrada, pero a la vez es hacer buena política.

Pero si alguien piensa que aquí hay gato encerrado, está en lo cierto. Y para hacerse una idea cabal del asunto sólo hace falta seguir la pista del dinero de las contribuciones a las campañas de los políticos que bailan el agua a las grandes empresas energéticas. ¿Saben cuánto han ingresado las arcas de Inhofe, el tipo del iglú? En los dos últimos ciclos electorales, más de un millón de dólares procedentes de ejecutivos y empresas del sector energético. Si alguien piensa que Al Gore está ganando dinero con sus inversiones en energías no contaminantes, le recomiendo que revise qué se gana dirigiendo una empresa petrolífera.

¿Está usted preocupado por si alguien puede hacer que usted viva peor en el futuro? Tiene motivos para estarlo, sin duda. Actualmente, China se está preparando para tener una posición de dominio en el mercado de las energías no contaminantes. Están realizando inversiones que se traducirán en molinos de viento y paneles solares, de modo que incluso algunos de los que se instalarán en Estados Unidos probablemente procederán de las fábricas de Chenzhou, no de las de Chicago.

Las empresas de carbón ya han eliminado la mayor parte de los puestos de trabajo mejor pagados mediante la automatización de la actividad extractiva con el fin de obtener mayores beneficios. Una de sus grandes ocupaciones actuales es la utilización de su capacidad de influencia política para asegurarse de que los hijos de los mineros en el futuro no consigan levantar turbinas de viento que puedan hacerles sombra. Así que todos deberíamos estar realmente enojados, no sólo los científicos que investigan el cambio climático.

Pero démonos cuenta de que todo este miedo y toda esta rabia no son las únicas sensaciones provocadas por esta situación. Sin duda son sentimientos poderosos, pero no son los únicos que albergamos. Y no necesariamente son los que mejor nos definen.

También existe el amor, cuya fuerza a menudo ha provocado cambios a gran escala, y es un sentimiento que les está particularmente vedado a los cínicos. El amor por la gente pobre de todo el mundo, por ejemplo. Si alguien cree que esto no es real es que no ha ido a la iglesia últimamente, en particular a las iglesias evangélicas de todo el país. La gente que se toma en serio el góspel también se toma en serio el hecho de que es importante alimentar a los que pasan hambre y dar cobijo a los que no tienen casa.

Cada vez se hace más patente que nada amenaza más estos objetivos que el aumento del nivel de los mares y de la desertificación como consecuencia del cambio climático. Es por esto que el ecologismo religioso se están convirtiendo en uno de los componentes más eficaces del movimiento contra el calentamiento global; es por esto que el pasado mes de octubre pudimos escuchar cómo centenares de iglesias hicieron redoblar sus campanas 350 veces simbolizando el dato aportado por los científicos de que ése es el nivel seguro de CO2 en la atmósfera; es por esto que Bartolomé, patriarca de la iglesia ortodoxa y líder espiritual de 400 millones de cristianos orientales, dijo: “El calentamiento global es pecado y las 350 campanadas son una acto de redención”.

También existe el amor profundo por la creación, por el mundo natural. Hemos nacido para estar en contacto con el mundo que nos rodea pero, aunque gran parte de la modernidad crea diseños que nos aíslan de la naturaleza, esto no está funcionando. Cada vez que el mundo natural irrumpe en nuestras vidas –una puesta de sol, una hora en el jardín– nos damos cuenta de que nos interesan cosas que van más allá de nuestro mundo inmediato. Es por esto que, por ejemplo, los Boy Scouts y las Girl Scouts son tan importantes: lleve a cualquier persona a un bosque a una edad en la que aún sea impresionable y logrará un efecto muy peculiar y poderoso. Es por esto por lo que es arte y la música tienen que formar parte de nuestras vidas, del mismo modo que necesitamos gráficos de barras y diagramas circulares sobre los datos del mundo. Cuando en 350.org hacemos activismo sobre el cambio climático tratamos de asegurarnos de que lo realizamos en los lugares más maravillosos que conocemos, para que la iconografía coadyuve a que las personas se reconecten con su historia, su identidad y su esperanza.

La gran ironía del asunto radica en que los negacionistas del cambio climático has prosperado insistiendo en que sus oponentes son unos radicales. Pero en realidad todos aquellos que trabajan para evitar el calentamiento global son profundamente conservadores, e insisten en que deberíamos dejar el mundo del modo más parecido posible a cómo nos los encontramos. Ésta es la definición de radical: doblar la cantidad de carbono en la atmósfera sólo porque no estás completamente convencido de que va a resultar desastroso. Antes de acudir a los tribunales queremos despejar todas las dudas posibles, pues cualquier hombre inocente encarcelado constituye un escándalo intolerable, pero habiendo dejado esto bien sentado debemos hacer todo lo posible en pro de la conservación.

A largo plazo, los negacionistas del cambio climático perderán; no serán más que una nota al pie de la historia (incluso O.J. Simpson ha terminado en la cárcel). Pero perderán porque perderemos todos, puesto que al retrasar que pasemos a la acción nos habrán impedido tomar las decisiones necesarias cuando aún estamos a tiempo de hacer algo. Si queremos cambiar las cosas mientras sea posible hacerlo, es importante que entendamos que el problema de fondo no radica en su escepticismo. Ellos simplemente sacan provecho de nuestra arraigada resistencia a los cambios. Esto es lo que da a fuelle a los cínicos para puedan campar a sus anchas. Esto es lo que debemos superar, pues en el fondo esta batalla tiene más que ver con el coraje y la esperanza que con los simples datos.

Bill McKibben es autor de una docena de libros, el último de los cuales aparecerá publicado con el título: Earth: Making a Life on a Tough New Planet (Times Books, abril de 2010). Ejerce como profesor en el Middlebury College, Vermont. Pueden hallarse archivos de audio en los que pone en evidencia a los negacionistas del cambio climático en: tomdispatch.com.

Traducción parawww.sinpermiso.info: Jordi Mundó

Complot para devastar y robar

Salud Hernández Mora
El Tiempo
Marzo 7 de 2010

Es un concierto para delinquir. Un complot para desaparecer ríos, anegar campos, arruinar proyectos de vida, devastar una región y enriquecer unos pocos bolsillos. La minería del carbón a cielo abierto es un delito de lesa humanidad, un desastre natural de enormes proporciones. El juicio implacable del tiempo mandará al paredón de la infamia a todos los dirigentes nacionales que promovieron y pusieron su firma en las concesiones; a los políticos locales corruptos que las aceptaron con el único fin de enriquecer su patrimonio; a los empresarios que no pensaron sino en sus ganancias inmediatas y ni siquiera tuvieron la decencia de cumplir con las exigencias medioambientales, demasiado laxas para los daños que causan. Y a una sociedad cortoplacista, egoísta y conformista que no lucha por su Naturaleza, sus raíces, su esencia, por su agua. El dinero fácil del carbón todo lo compra.

Un día no lejano, más cercano de lo que muchos adivinan, el verde Cesar, una de las regiones más bellas y productivas de Colombia, será un secarral como la Alta Guajira. Aprenderán a beber carbón licuado y a pastorear cabras entre los cactus y los pedregales que es lo que les quedará cuando la Drummond, Glencore y demás depredadores acaben por completo con las fuentes hídricas que aún quedan.

Como le midieron el aceite al Gobierno y se dieron cuenta de que podían hacer lo que les diera la real gana, las carboneras abren carreteras por donde les conviene, no dedican espacios alrededor de la explotación minera a reserva forestal; maman gallo a las comunidades que deberían reubicar a fin de ganar tiempo, dividirlos y ahorrar costos; trocean explotaciones para pagar menos regalías; incumplen licencias ambientales, las acomodan a su antojo, a sabiendas de que eso no les impide que les otorguen nuevas concesiones... Y reciben exenciones fiscales como premio a destrozarnos el entorno, elevar a niveles desmedidos la corrupción y perpetuar el subdesarrollo.

En qué cabeza cabe que un gobierno nacional apruebe el desvío de nueve ríos y medio centenar de caños de la Serranía del Perijá para que abran gigantescos cráteres que desertizan las tierras y asfixian las aguas subterráneas. O que consienta que levanten en las sabanas cerros de millones de toneladas de tierra estéril, o que inunden el aire con polvo de carbón, o que sedimenten la gran ciénaga de Zapatosa.

Da profunda tristeza ver que el cauce del río Sororia, que pasa por La Jagua de Ibirico, sea ahora una carretera. O cómo el San Antonio, el Calenturitas, donde había pesca abundante, son caños famélicos. Es evidente que diversos alcaldes roban regalías a manos llenas con la indiferencia de las autoridades de control nacionales, y si no que le pregunten a Planeación Nacional, que ha presentado varias denuncias, desde abril del año pasado, sobre el atraco a las regalías de Chiriguaná sin que la Procuraduría haya actuado. También es inocultable que no desterraron la miseria, que los pueblos siguen sin acueducto, las calles destapadas, la prostitución rampante, la educación deficiente. Con todo, no es lo más grave. Lo peor, la plaga que asolará la región, son las sequías que se avecinan, así como cambiar una cultura agrícola y ganadera por una economía minera que los convertirá en rentistas.

El Foro Nacional Ambiental presentó un informe aterrador sobre las irregularidades de la minería del carbón en el Cesar y las consecuencias irreversibles que causa. Y yo recorrí esta semana la zona minera, al año de haber hecho lo mismo, y lo que encontré no hizo sino ratificar sus sombrías predicciones. "La minería ha sido una falsa ilusión, una tragedia; pobreza, huellas ecológicas terribles", dicen. Y recuerdan que en veinte años el 65 por ciento de las cabeceras municipales del país sufrirán en verano escasez de agua y otros lo padecerán siempre. El Cesar será uno de los sedientos.
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Comentario: cualquier parecido con lo que puede pasar con el caso de "La Colosa" en el Departamento del Tolima, no es mera coincidencia.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Conversatorio sobre impactos de la megaminería

Nuevo Día
Miércoles 3 de Marzo de 2010
Un conversatorio sobre los impactos de la Megaminería realizará la Universidad de Ibagué este viernes, a partir de las 6 de la tarde, en el auditorio de Derecho. La charla estará a cargo del hidrogeólogo norteamericano Robert Moran, profesor de la Universidad de Denver, Colorado, y Brigite Masella, especialista en minería y derechos de minorías sociales y étnicas y consultora internacional de Wilkson Asociados.

También en EspinalAsí mismo, la junta directiva y administración del Distrito de Riego de Usocoello, en coordinación con ONG internacionales como Pax Christy y observatorios mineros de otros países, también llevarán a cabo el mismo día y con los mismos profesionales un conversatorio ciudadano para tratar el tema de la Megaminería.El evento tendrá lugar en el coliseo cubierto del municipio de Espinal, a partir de as 7 de la mañana. Entrada libre.